entrevista al secretario general del PSOE

Pedro Sánchez: "Los ultimátums de Rivera parecen más bien caricias para el PP"

13/04/2018 - 

VALÈNCIA. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (Madrid, 1972), atraviesa, como él mismo afirma con cierta ironía, una "segunda vida" al frente de la formación del puño y la rosa. Aunque apenas ha pasado un año y medio de aquella dimisión forzada de un cargo que luego recuperó, en el encuentro con Valencia Plaza se le aprecia un mayor poso y empaque como líder. El camino transitado ha sido duro pero, al mismo tiempo, parece haberle proporcionado mayor madurez y un mejor equilibrio entre las sonrisas y la firmeza.

El líder socialista desgrana para este diario la actualidad política nacional, marcada estos días por la crisis en la Comunidad de Madrid por el fallido máster de Cristina Cifuentes, la presentación de los Presupuestos Generales del Estado o ya la sempiterna inestabilidad en Cataluña. Sánchez pone sobre la mesa sus antídotos para España: unas soluciones que, a día de hoy, se enmarcan en un clima de encuestas ingobernables en la que los dos grandes partidos, PP y PSOE, sufren ciertos achaques y en las que Ciudadanos destaca de forma exagerada. De hecho, Sánchez arremete casi por igual contra Rajoy que contra Rivera.


-El PP ha pedido al PSOE que le preste los cinco votos que le faltan para aprobar los Presupuestos de 2018. ¿Se lo ha planteado?
-No. Punto. El PSOE es un partido serio y no jugamos a los dados con el futuro de la ciudadanía. Eso es una ocurrencia más de un gobierno sin argumentos. Un presupuesto no deja de ser la traslación numérica de un proyecto de país y de un modelo de sociedad. En estas cuentas el Gobierno se resigna a no resolver el déficit de la Seguridad Social, reconociendo que va a haber 18.000 millones de euros de déficit ahí y volviendo a tirar de la chequera del Tesoro para poder financiar la extra de los jubilados el próximo año. La sanidad pública se sitúa en un gasto per cápita por debajo de la media europea, al igual que la educación. En definitiva, son unos presupuestos que nos alejan de los parámetros de sociedad europeos y, por tanto, nosotros los vamos a rechazar.

-Rivera le ha pedido públicamente que los apoye y asegura que contienen muchas de las cosas que pactaron Ciudadanos y PSOE. ¿Cómo lo interpreta?
-Rivera simplemente hace de portavoz del Gobierno de Rajoy. La gran transformación en el sistema político español de esta legislatura es que tenemos dos derechas con dos caras pero con una sola voz: la de la insolidaridad. Estos presupuestos son un retroceso desde el punto de vista social y también productivo de cara a la modernización; que debe estar vinculada a la construcción y al turismo, sí; pero también a la ciencia, a la cual abandona, a la I+D+i, a la cual posterga, o a la creación del empleo digno, que tampoco se hace. Y, la Comunidad Valenciana, por cierto, es una de las más damnificadas por esta falta de recursos y de compromiso.

 
-Si no hay presupuestos, ¿cree que Rajoy adelantará las elecciones?
-Un gobierno no debe perder la sana costumbre de aprobar sus presupuestos. Gobernar no significa vivir en La Moncloa.

-¿Entonces?
-Lo que debería hacer es someterse a una cuestión de confianza. Lo que no puede hacer el presidente del Gobierno es vivir de la prórroga, porque cuando se vive así se prorrogan las soluciones para la ciudadanía que tienen que ver con la creación de empleo digno y con la precariedad y la desigualdad que amenaza con instalarse en nuestra sociedad de manera estructural.

-Si al final se aprueban los Presupuestos con el voto del PNV, será a costa de enmiendas a favor del País Vasco, que ya se benefició en 2017 de eso y de la mejora del Cupo. ¿No fomenta eso la desigualdad y los agravios territoriales?
-¿Y estos Presupuestos no fomentan la desigualdad social? Como digo, cuando hablamos de los presupuestos no tenemos que quedarnos en una política sectorial que quizá podamos apoyar, sino en un modelo de sociedad. Nosotros no podemos apoyar unas cuentas que van dirigidas a un crecimiento de la precariedad y un deterioro de lo público, sea con una mayoría absoluta del PP o con una relativa con Ciudadanos más algún nacionalismo periférico que la apoye eventualmente. Eso no quita lo mayor, que es la desigualdad que se consolida con estos presupuestos.

-El PSOE también apoyó el Cupo.
-Es que nosotros nunca hemos bloqueado la liquidación del Cupo vasco, lo que sí reprochamos al Gobierno de España es que plantee primero eso y luego se olvide de las otras 15 comunidades autónomas, y aquí no incluyo a Navarra, que tiene concierto. El Cupo está reconocido en la Constitución y cuestión distinta es que otras CCAA consideren que debe ser más o menos, pero lo que es reprochable es se olvide al resto de CCAA.

-Hablando de agravios, el Gobierno valenciano está muy preocupado por el retraso en la reforma del modelo de financiación autonómica porque el actual es, según todos los informes al respecto, perjudicial para la Comunitat. Rajoy dice desde hace meses que sin el PSOE no se puede aprobar, como culpándoles del retraso.
-Nosotros no tenemos el Ministerio de Hacienda ni conocemos todos los datos. En el Consejo de Política Fiscal y Financiera el Gobierno tiene el 51% de los votos, por lo que son ellos los obligados por conocimiento y capacidad normativa a poner encima de la mesa un modelo de financiación. El problema es que no tiene la valentía ni el liderazgo político de plantear una reforma del sistema. Esto viene ocurriendo desde hace tiempo: primero incumpliendo con su compromiso de la Conferencia de Presidentes; segundo, con la propia ley que exige esta renovación y, en tercero, incluso con sus socios de Ciudadanos, que firmaron con el PP el compromiso de la reforma, pero parece ser que a Rivera tampoco le importa mucho porque no le exige a Rajoy que cumpla con su acuerdo de investidura. Nosotros estamos dispuestos a sentarnos y a dialogar sobre la renovación. 

-Ustedes dicen que el PP no se quiere sentar, ellos dicen que ustedes no se quieren sentar... 
-Bueno, pues que nos dejen gobernar. Es que es evidente: lo normal es que proponga siempre el Gobierno. Si es así, nos sentaremos. Pero es que Rajoy siempre actúa así: intentando que hagan otros lo que él debería hacer. El PP es el partido de la parálisis permanente y su proyecto está agotado. Presentar los PGE casi a mitad de año es un síntoma más.

-Estamos a mediados de abril y después de verano ya estaremos casi en precampaña. Negociar así una reforma de la financiación será más difícil aún...
-Rajoy, para llegar a un acuerdo con Ciudadanos, ha tenido que rebajar los ingresos públicos en 2.000 millones de euros por una rebaja fiscal que no vamos a notar la clase trabajadora. Luego se ha aprobado la liquidación del Cupo vasco para intentar lograr el apoyo del PNV, aunque ahora no lo tiene... al final, ¿de dónde va a sacar el Gobierno los recursos económicos para reformar de verdad el sistema de financiación con los criterios que le plantea el informe de expertos? Lo que quiero decir es que el Gobierno de Rajoy nunca ha creído en reformarlo. Ha engañado a las Comunidades Autónomas.

-La propuesta del Gobierno de Ximo Puig tiene dos partes: garantizar la suficiencia de todas las CCAA para la prestación de los servicios públicos fundamentales y una quita o reestructuración de la deuda generada por tantos años de infrafinanciación. ¿Apoya ambas peticiones?
-Empatizo con las propuestas del Gobierno valenciano, pero tienen que estar todas en el marco multilateral entre todas las CCAA y que se tomen decisiones en conjunto. 

-Pues no hay acuerdo entre las CCAA...
-Esa es la negociación.

-Entonces, ¿el PSOE va a dejar que los gobiernos autonómicos decidan?
-Desde la Ejecutiva Federal tenemos que hacer esa negociación sobre qué Estado del Bienestar tenemos, cómo y por cuánto financiamos los servicios públicos, qué capacidad de autonomía fiscal le damos a las autonomías... y después está la cuestión de la deuda. El propio ministro de Hacienda, aunque con eufemismos, habla de lo mismo que está hablando Ximo Puig. Lo que es importante, insisto, es incorporar el matiz de la multilateralidad en los acuerdos que se produzcan en la financiación autonómica.

-España vive pendiente desde hace tres semanas de una dirigente autonómica, Cristina Cifuentes, a la que le regalaron un máster. ¿Está haciendo esto que no se hable de los problemas reales de los ciudadanos?
-Es que este es un problema real que se materializa en el caso Cifuentes y que consiste en la privatización de una institución pública como la Universidad Rey Juan Carlos para sus propios fines con un impacto evidente en terceros: en los padres que ahorran para pagar los posgrados de sus hijos, en los hijos que estudian y ven sus titulaciones devaluadas como consecuencia de las dudas que siembran estos casos y, sobre todo, la mentira. Es evidente que la señora Cifuentes ha mentido y no puede continuar siendo presidenta de la Comunidad de Madrid, porque es dejar a la mentira al frente del gobierno autonómico.

-Además de la dimisión de Cifuentes, ¿no haría falta una revisión del sistema universitario?
-Yo soy defensor de la universidad pública pese a los fallos que pueda tener. La propia Universidad Rey Juan Carlos tiene excelentes profesionales que ahora mismo están muy preocupados por el daño reputacional del caso Cifuentes. Le preguntaría a cuántas instituciones está dispuesta a arrastrar por la tierra antes de que asuma su responsabilidad política. Es evidente que tiene que dimitir. Me preocupa la actitud del PP pero también la de Ciudadanos: hay que pasar del dicho al hecho. Si han venido a regenerar la vida democrática de este país empecemos por la Comunidad de Madrid. Solo necesitamos un escaño para poder abrir un nuevo tiempo porque los casos de corrupción del PP no se resuelven con más PP. Creo que una persona como Ángel Gabilondo, que es independiente, puede devolver la normalidad y la estabilidad que necesita la Comunidad de Madrid. Alguna vez me da la sensación de que los ultimátums de Rivera son más bien una caricia para el PP.

-Alguna vez han sido efectivos, como en Murcia...
-Insisto. Rivera le está ofreciendo una salida al PP, no a Madrid, porque seguirá gobernando el Partido Popular. Y yo lo que digo es que se puede lograr mucho con muy poco: un escaño. Esto merecería la reflexión por parte de Rivera porque al final, lo que parece que ocurre, es que entre Ciudadanos y PP se intercambian balones de oxígeno. 

-A raíz de este caso se ha abierto la veda para revisar todos los títulos de los políticos...
-A mí eso me parece injusto, porque no tiene que ver una cosa con la otra. Yo tengo dos másters, uno por la Universidad Libre de Bruselas y otro por el Instituto Ortega y Gasset que me sirvió para aprobar mi tesina y poder posteriormente doctorarme. Les puedo asegurar que toda mi formación la he hecho, he ido a clase y me he examinado como cualquier estudiante.

-Por cierto, un asesor del PP de València (Luis Salom) ha pedido al Ministerio copia de su tesis sobre diplomacia económica española.
-Es que es pública, debería informarse mejor.

-¿Pedirán la dimisión de todos los políticos, incluidos los del PSOE, que tengan un máster sin haberlo cursado?
-¿Es reprochable que un político haya dicho que era licenciado en una cosa y no lo era? Sí, es reprochable. Pero no es el caso de Cifuentes, que se ha valido de su posición política para tener un trato de favor en una universidad. Es muy importante la diferencia. 

-Cambiando de tema, ¿qué salida ve para el problema de Cataluña?
-El problema es que las soluciones hoy ya no valen mañana ni las de ayer valen hoy. Desde la política tenemos que ser valientes y ofrecer una salida a Cataluña, pero es difícil hacerlo mientras no haya un gobierno. Lo necesita para hacer una tarea fundamental que es alcanzar un acuerdo de convivencia entre los catalanes y para normalizar la vida política entre Cataluña y el Gobierno de Madrid. Para eso lo primero es que haya un presidente o presidenta al frente de la Generalitat y abrir una legislatura estatutaria. A partir de ahí, la filosofía del PSOE siempre ha sido la misma: dentro de la Constitución todo; fuera de la Constitución, nada.

-Lo que ocurre es que algunos de esos interlocutores están en la cárcel o en el extranjero.
-Son personas que están siendo juzgadas por hechos gravísimos de violentar la legalidad vigente y que no fue impuesta, sino que fue aprobada tanto en el caso del Estatut como el de la Constitución. El independentismo debe reconocer que tiene mayoría parlamentaria pero no social, les votó un 47%, y es fundamental lograr un acuerdo para un gobierno que empiece a reconstruir esos lazos y gobernar para el 100% de los catalanes, porque si no, perjudicarán a todos. Me gustaría que propusieran un candidato viable para una legislatura autonomista en el marco constitucional. A partir de ahí, dialoguemos.

-¿Le parece que Carles Puigdemont cometió delito de rebelión?
-No estamos para comentar decisiones judiciales sino para respetarlas y extraer consecuencias políticas de ellas. La primera y fundamental para mí es que resulta evidente que la declaración unilateral fue aprobada violentando la legalidad vigente. No hay presos políticos en España sino políticos presos.

 
-¿Apoya el PSOE al Gobierno al 100% en la cuestión catalana?
-Me pregunto si el Gobierno tiene estrategia política para resolver una crisis política como la catalana. Desde luego, somos un partido leal con la Constitución, con la España autonómica y en ese sentido apoyamos al presidente del Gobierno. En ese marco hay cosas que funcionan pero lo que cuestiono es si hay estrategia. 

-¿Quién lo ha hecho peor a su juicio, Rajoy o Puigdemont?
-Puigdemont, sin duda. A Rajoy hay que criticarle la inoperancia, el no haber visto cómo una crisis de esta magnitud crecía y no haber actuado políticamente.

-El PSC salió perdiendo en su posición centrada en las elecciones catalanas...
-Creo que hubo tres grupos en esas elecciones: dos partidos que ganaron las elecciones, Ciudadanos y Junts x Catalunya; dos partidos que no cumplimos con las expectativas, PSC y ERC, y tres partidos que perdieron las elecciones, PP, Podemos y la CUP. Es distinto perder que no cumplir las expectativas. Eso no quita que nuestra apelación al diálogo no sea necesaria.

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