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tendencias escénicas

Pepa Plana, el ‘clown’ y la revolución del humor hecho por mujeres

La payasa catalana visita la Mostra de Pallasses y Pallassos de Xirivella con una versión femenina de las entradas clásicas del circo

6/11/2019 - 

VALÈNCIA. La primera vez que Pepa Plana (Valls, Tarragona, 1965) vio actuar a una payasa fue a la suiza Gardi Hutter y lo vivió como una revelación: las mujeres también podían ceñir a su nariz la máscara más pequeña del mundo. Le advirtieron que se moriría de hambre, porque no había un circuito en el que ella encajara, pero ella se obcecó en contravenir los lugares comunes: haría espectáculos para adultos, con componente dramatúrgico y de género. Tras más de dos décadas de profesión ahora es ella la que se ha convertido en un referente internacional para otras aspirantes a explorar el humor desde el universo femenino.

Este próximo 9 de noviembre está programada en la 26 edición de la Mostra Internacional de Pallasses i Pallassos de Xirivella con un espectáculo que reivindica la figura de la payasa en los números más clásicos del circo, Veus i no veus. Plana interpreta a la payasa augusta, y Noël Olivé, a la blanca, en una propuesta que plantea qué cambios implica y qué significados transmite la asunción femenina de dos roles reservados tradicionalmente a hombres. La cita con la artista, Premio Nacional de Cultura de Cataluña, es en el Teatre Auditori Municipal de la localidad. 

- ¿Qué te provoca que payaso todavía se emplee como insulto?
- Me entristece. Cuando lo oigo utilizado para desprestigiar a alguien, me da pena. Me transmite falta de vocabulario, porque hay insultos preciosos, adecuados y direccionados.

- Este Halloween han proliferado los disfraces de Joker y de Pennywise, ¿alguna vez has sentido que dabas miedo con tu atuendo?
- (Risas) Si un niño te ve con maquillaje exagerado y con máscara, puede pasar. Pero como yo no hago espectáculos para público infantil, no provoco esa fobia.

- Tanto los clowns como su dramaturgia nacen de la propia torpeza de sus intérpretes, ¿Cuáles de tus flaquezas has trasladado a tu alter ego escénico?

- Sin duda trabajamos con material humano, somos poetas en acción y observamos la realidad para multiplicarla. En mi alter ego hay torpezas, pero también ganas de explicar lo que me pasa, lo que me mueve y me conmueve. De alguna manera nos mostramos simples, tontas, patéticas, divertidas, pero también ponemos un espejo delante del espectador para decirle: “A ti también te pasa lo mismo”.

- ¿Qué reaprendizaje supuso para una artista formada en el mundo de la interpretación emplear códigos no verbales?
- El hecho de haber estudiado arte dramático y haber sido actriz, sólo me ha dado ventajas. Si viniera del mundo de la música, mi payasa tocaría instrumentos, y si lo hiciera del mundo de la danza, mi personaje sería más bailarina. Me aprovecho de todos mis recursos. Hay espectáculos donde soy más parlanchina y otros, donde no.

- En 2012 iniciaste una nueva etapa de la mano del Circo del Sol, junto a los que creaste Amaluna. ¿Qué reto te supuso la sobredimensión del formato, con una audiencia diaria de 2.000 personas?
- Trabajar en el Circo del Sol fue un tren que pasó y al que me apetecía mucho subir. Quería ver cómo se creaba un espectáculo con ese nivel incalculable de recursos. En lo números de payasa, la creación no cambia tanto, porque el material es humano, pero si que haces, de alguna manera, lo que el Circo del Sol quiere que hagas.

- ¿Es más fácil hacer reír a miles de personas o a decenas?
- Es mucho más fácil hacer reír a miles que cuando hay poquito público, porque tienes que remar más. 

- Imagino que también remas más fuerte durante tus trabajos para Payasos Sin Fronteras…
- Me rijo por máxima del actor francés Jean-Louis Barrault que consiste en apasionarte por todo, pero no aferrarte a nada sobre el terreno, para reflexionar a la vuelta. Cuando estás frente a situaciones límite, para ser operativa, lo mejor es protegerte. Si te implicas más en lo emocional, no vas a poder hacer bien tu trabajo, que en mi caso es jugar, reír, hacer reír y apasionarme. En cualquier caso, no puedes solucionar todos los problemas del mundo. Eso no quiere decir que seas absolutamente impermeable, es obvio que hay realidades que te tocan. Pero yo digo que cuando vuelves de Payasos Sin Fronteras llegas más cargada. Aprendes más de lo que das. Es un gran ejercicio de aprendizaje y de generosidad por ambos lados.

- La obra con la que visitas Xirivella es un homenaje a las abuelas que no pudieron ser payasas. ¿Tenéis a alguna persona concreta en mente en esta reivindicación?
- No, desgraciadamente no tenemos historia. Así que nuestra reivindicación es recrear qué hubiera pasado en caso de que nuestras abuelas hubieran podido ser payasas.

- Una compañera valenciana de profesión, Patrícia Pardo, considera que la falta de visibilidad de las payasas tiene que ver con que os servís del cuerpo “para lo sucio, para lo irreverente”, para poneros “en ridículo”. ¿Compartes su opinión?
- Hay muchos factores, el principal es que estamos aprendiendo a reír con el humor femenino, porque nos faltan referentes. Eso va ligado a la mirada de los poderes: las personas que dirigen los festivales y las programaciones son en su mayoría hombres y les cuesta mucho más entendernos o reírse con nosotras. También coincido con lo que dice Patrícia: las payasas transgredimos, ocupamos un espacio sagrado, y eso siempre molesta. 

- ¿Consideras entonces que existe un humor femenino y un humor masculino?
- Sí. El humor es muy caprichoso, no hay una varita mágica que diga que esto hace reír y esto no, pero sostengo que es un código: ríes de lo que conoces y con lo que te reconoces. Y las obsesiones, las cosas que nos pasan a las mujeres, son diferentes de las épicas masculinas. Eso no quiere decir, no obstante, que sólo hagamos humor para mujeres, lo que sucede es que es más fácil conectar con un público femenino cuando emites desde su código. 

- ¿Cómo reacciona el público masculino frente al cambio del código tradicional?
- Se sorprenden. Inicialmente piensan: “Mira qué tonta; le pasa como a mi madre, a mi mujer o a mi hermana”. El humor ha sido escrito históricamente en masculino, y las mujeres, para no quedar excluidas, hemos aprendido a reírnos de estos códigos aunque a priori no nos dé mucha risa. En el pasado ha habido muchas mujeres que han hecho humor, pero estaba escrito por hombres, así que la mujer siempre era el objeto de la risa: te ríes de la tonta, la gorda, la fea. En todo caso es novedoso que se esté emitiendo desde el satélite femenino, porque en el momento en que nosotras escribimos nuestros guiones y los interpretamos desde nuestra feminidad, nuestros códigos cambian,

- El papel del payaso en las funciones de circo fue originalmente el de entretener al público mientras los utileros cambiaban el escenario entre funciones. Entiendo que tu reivindicación es doble, como clown y como mujer. ¿Es así?
- El payaso es un personaje imprescindible, podemos ir a ver un espectáculo de circo donde no haya leones o trapecistas, pero es imposible que no haya payasos. No obstante, en femenino cuesta más. Todavía hoy cuesta ver payasas en el circo tradicional. Incluso también en el contemporáneo. 

- A este respecto, ¿qué panorama te encontraste en 2001, cuando arrancó el Festival Internacional de Payasas de Andorra? 
- Cuando empecé a dirigir el festival de una manera intuitiva, loca y apasionada, todo estaba por hacer. No había otro festival de estas características, así que en la primera edición no sabíamos dónde encontrar payasas. En la segunda llegaron un montón, y las siguientes ediciones fue una avalancha, llegaban muchísimas propuestas. Llegaron a actuar 80, 90 payasas de todo el mundo. A los nueve años, después de cinco ediciones, cambió la política, y con la excusa de la crisis se pararon iniciativas de género, el festival incluido.

- ¿Qué conquistas por la igualdad en tu oficio se han logrado a día de hoy?
- La suerte es que este festival fue el germen o despertó las ganas en otros países. Ciudades como Helsinki y Río pusieron en marcha sus propias muestras. Estos festivales sirven para que no se haga otra vez la pregunta de por qué no hay mujeres payasas. Las hay, con espectáculos preciosos, pero faltan canales de visibilidad.

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