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Petra, el tesoro de Jordania

La antigua capital del reino nabateo maravilla con sus paisajes de ensueño y sus edificios y mausoleos excavados en su rosada piedra arenisca

15/11/2022 - 

VALÈNCIA. Estoy nerviosa, una mezcla de ilusión, expectativas y miedos que aceleran mi corazón. Me siento como una quinceañera en su primera cita o a punto de conocer a su ídolo. ¿Será como me lo he imaginado? ¿Me decepcionará? Un popurrí de sensaciones revolotea en mi estómago y me hace acelerar el paso. Estoy a pocos minutos de entrar en Petra, de cumplir un sueño viajero, aventurero e histórico. Ni te imaginas las veces que he soñado con estar aquí o cuántas veces he leído sobre los nabateos, los artífices de la ciudad de Petra, ubicada en la región montañosa de Edom (Jordania).

Es pronto y la entrada al recinto está tranquila, aunque presiento que los primeros autobuses con grupos de turistas no tardarán en llegar. Cojo las entradas —la Jordan Pass la incluye— y contrato a un guía para que me explique bien el lugar. Al pasar el torno de las taquillas una gran explanada, árida y sin alma, se extiende ante mis ojos. Me llevo una pequeña decepción: no me esperaba una entrada tan impersonal, así que le doy brío a mis pasos hasta entrar en la boca de un gran cañón. Freno en seco, pasando mi mano por los relieves y mirando hacia arriba para recorrer con mi vista sus setenta metros de altura. Ya no hay prisa, quiero disfrutar con calma de las formas caprichosas que deja el cañón del Siq —significa eje—, que originalmente era el lecho del río Wadi Musa. Los nabateos desviaron el río a través de un túnel de roca para evitar una inundación e, incluso a ambos lados, se distinguen restos de las antiguas tuberías que transportaban el agua potable a la ciudad. Si ya esto me parece asombroso, más aún ver algunos relieves y esculturas que atestiguan la esencia comercial de los nabateos (mercaderes, camellos, objetos...). Todo ello demuestra que Petra fue una ciudad próspera y bulliciosa. 

Con razón, mi guía me dice que no me entretenga tanto para llegar pronto a El Tesoro. Acelero a regañadientes —no paro de buscar el encuadre perfecto— y al girar la última curva diviso la entrada que Indiana Jones hizo a caballo. Tengo la piel de gallina y sonrío como una enamorada. Me tiembla hasta la voz y cojo de la mano a mi madre, que me acompaña en este viaje. Mi hermana graba el momento, yo ni puedo sacar la cámara de la emoción. Así, nos adentramos a esa gran plaza en la que, imponente, está el Tesoro de Petra que, literalmente, está tallado en la piedra. Hecho que me llama aún más la atención cuando estoy aquí porque… ¿cómo lograron hacerlo? Y no, la respuesta no es con andamios.

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¿Cómo se contruyó?

Si te fijas bien, al lado hay unas muescas que hacen la función de escalera. Y esta es la clave, porque arriba construyeron una plataforma para poder levantar el templo de arriba abajo. Vamos, que empezaron la casa por el tejado: primero la urna, los frisos superiores, las estatuas de las amazonas… y terminaron con las columnas de la base. De hecho, son solo una mera decoración porque, cuando fue redescubierta, una de las columnas centrales estaba caída y el resto del templo seguía casi intacto. Podría contarte más curiosidades, pero me temo que entre ellas no está la función para la cual se construyó el edificio, porque hay teorías que dicen que pudo haber sido una tumba, un templo, un lugar de sacrificio o todo lo anterior. Un pequeño misterio que quizá encuentra su respuesta pronto porque, en 2003, se hallaron restos humanos en la base de El Tesoro… 

Sin dejar de vista la fachada, el guía me explica que Petra —o Raqmu, como la llamaban los nabateos— fue levantada por los edomitas en el siglo VIII a. C. pero fue bajo el dominio nabateo, a partir del siglo VI a. C., cuando alcanzó su máximo esplendor gracias a su ubicación en medio de una ruta comercial. Sin embargo, el cambio de las rutas comerciales y varios terremotos hicieron que sus habitantes abandonaran el enclave y cayera en el olvido hasta que, en 1812, fue redescubierta por Jean Louis Burckhardt, pero todavía queda mucho por descubrir porque…  ¡el 80% de la ciudad sigue oculto!

* Lea el artículo íntegramente en el número 97 (noviembre 2022) de la revista Plaza

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