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No éramos dioses. Diario de una pandemia #26

Picassent somos todos

20/04/2020 - 

VALÈNCIA. España seguirá siendo una cárcel hasta al menos el 9 de mayo. Picassent somos todos.
El patio de los internos son esos cinco minutos de jolgorio que la autoridad les concede, como media de gracia, para que salgan a sus balcones a aplaudir a las ocho de la tarde. También tolera que los reclusos se ceben y emborrachen cual gorrinillos preparados para el matadero.

En su última homilía laica, el maniquí ha comparecido con un traje gris oscuro con topos fucsia y una corbata de pala estrecha con un toque de fantasía. También le han cortado el pelo. Menuda facha se gasta el truhán.

El maniquí anuncia otra prórroga del estado de excepción (¿la cuarta?, ¿la quinta) y, con la magnanimidad de los grandes hombres de la historia, anuncia que los niños podrán salir a la calle a partir del día 27 de este mes, en unas condiciones aún por determinar.

El pueblo español, conocido por su sencillez y mansedumbre, ha sonreído al conocer la medida.

Pero ¿qué es un niño en esta sociedad infantilizada? Casi todos somos niños porque nos comportamos como tales. Los niños nunca son responsables de sus actos. Su comportamiento sólo se atiene a las emociones. Quieren jugar. No han desarrollado aún la capacidad de raciocinio y eso les permite ser muy pero que muy felices.

Aún en la edad de la inocencia

Antes de confirmar la edad para ser considerado niño, este aterrador Gobierno habría de tener en cuenta que la masa que lo respalda no ha abandonado la edad de la inocencia.

Ojalá me tomarán por un infante pero no me hago ilusiones. Carezco de perro y de hijos pequeños. Creo que no he podido jugar peor mis cartas.

Cárcel de Picassent. Foto: EFE

Será bonito asistir a las peleas domésticas que se derivarán de la medida decidida por el maniquí y sus edecanes. ¿Quién le podrá negar a un adolescente de 15 años que salga a la calle como hará su hermanita de siete años?

Como el Gobierno de España se niega a hacerlo, la Generalitat ha decretado este domingo un día de luto oficial por los más de 20.000 muertos oficiales durante la pandemia. Llega tarde esta jornada de homenaje, pero la dicha es buena. Un solo día es insuficiente dada la dimensión de la tragedia, pero a estas alturas de la reclusión nos conformamos con muy poco, como el perro fiel que agradece el pellizco en el lomo a su amo malcarado.

En el pueblo se ven cada vez más banderas españolas con crespones. El lazo negro representa mejor que nada el duelo de una nación por los caídos en esta guerra.

Noto triste a mi madre cuando hablamos por teléfono. Me oculta cosas para no preocuparme. Hace más de dos meses que no la veo ni tampoco a mi padre. Cada semana de arresto pesa como una losa en mi ánimo porque me siento impotente por no poder ayudarlos.

Crece el autoritarismo del Gobierno

Se sigue hablando del autoritarismo creciente del Gobierno pinocho. Libertades y derechos fundamentales continúan suspendidos sine die. No se otea cuándo recuperaremos lo que un pacto de élites nos otorgó en 1978. Ellos nos concedieron estas libertades y derechos, y ellos ahora las confiscan con la complacencia de la población.

El miedo de la gente a contraer la enfermedad refuerza la estrategia represiva de los que nos mandan. Con obscenidad exhiben las cifras de denuncias por infringir la reclusión (poco a poco se acercarán al millón), en un aviso dirigido a todo discrepante con el régimen implantado. Están envalentonados, tanto los políticos como los de la porra. Así se comprende que el general Santiago, ‘número dos’ de la Guardia Civil, afirme que una de las preocupaciones de la Benemérita es "minimizar" las críticas a la gestión del Gobierno en internet. Declaraciones como esta dan la razón a quienes avisan de que España va camino de ser una dictadura disimulada con formas de democracia.

Mi último relato ha tenido una buena acogida entre amigos y conocidos. Estos elogios, sean sinceros o no, ayudan siempre a un escritor. Tengo tres cuentos en mente, pero me faltan la concentración y la serenidad necesarias para volver a escribir. Estos días sólo estoy para leer. Leo en la cama después de comer y sobre todo por la noche, el único momento del día en que uno está a salvo de la maldad y la inepcia de nuestros gobernantes. 

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