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PJ Harvey, la artista que cambia de piel

27/11/2022 - 

VALÈNCIA. Se presentó como una cantante armada con una guitarra áspera al frente de un trío que de inmediato acaparó la atención de los medios británicos. No se merecían otra cosa. PJ Harvey, pelo negro, camiseta negra, cazadora de cuero, botas Doc Martens, irrumpió en escena en 1991, un momento en el que el rock pedía nuevos referentes. A continuación, el rock se vio inundado de nuevos referentes que brotaban desde los flancos del grunge y el rock alternativo. Muchos tenían nombre de mujer, pero muy pocas de ellas –quizá Björk sea la única excepción- han alcanzado el estatus de PJ Harvey. Desde el principio fue creando su propio camino, construyendo su propio personaje, progresando sin renunciar a sus propias expectativas artísticas para, finalmente, alcanzar la categoría de clásica. La Harvey pregonaba desde sus canciones un mensaje vehemente, el más poderoso firmado por una mujer desde que Patti Smith debutara en 1975 diciendo que Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los de ella. Bautizó su primer single “Sheela-na-Gig", que es como se denomina a las figuras femeninas talladas en piedra que abren su vagina con las manos. Entonces la prensa se le echó encima por aparecer desnuda de cintura para arriba –dando la espalda a la cámara- en la portada del semanario musical NME. La acusaron de vender su propia carne para llamar la atención, pero ella no se molestó en replicar. La imagen hablaba por sí misma. Su música también, y en el caso de “Sheela-na-Gig", venía a decir que la mujer no puede ser exhibicionista si le apetece porque mostrarse así, sin que lo haya exigido un hombre, entraña el riesgo de ser juzgada.

Han pasado casi 20 años de aquello. Desde entonces, la amante exasperada ha cambiado de piel en varias ocasiones. En sus dos últimos álbumes, Let England Shake y The Hope Six Demolition Project, ya no canta sobre lo que acontece en su cabeza sino sobre lo que acontece en su país, en lugares como Afganistán o Kosovo, en lugares que padecen males que, en este nuevo siglo, ya nunca tienen efectos aislados. PJ Harvey lleva seis años sin grabar un disco nuevo, pero ese hueco se ha llenado con la paulatina edición de las maquetas que sirvieron como punto de partida a sus álbumes. Ahora ha salido al mercado B-Sides, Demos & Rarities. Una colección que reúne todas las piezas de su producción que andan dispersas en singles, abandonadas en archivos o que fueron grabadas exclusivamente para bandas sonoras. Seguir el rastro que Harvey ha ido dejando durante tres décadas ayuda a calibrar la magnitud de su obra. PJ Harvey no contrata a productores para que le resuelvan el disco, cuenta con ellos para que lo hagan sonar como ella desea que suene, y les da un plano maestro de lo que quiere plasmado en sus maquetas. ”Siempre he querido ser una artista que busca provocar una respuesta en el oyente, siempre”, declaró en 2011. Entonces acababa de publicar Let England Shake, una colección de canciones que sugería que las guerras civiles inglesas no habían cesado –algo extrapolable a muchos otros países, al nuestro, por ejemplo-, una obra concebida antes del Brexit y creada en medio de la crisis económica.

Con Let England Shake acababa de cruzar otro umbral tras una serie de cambios que dieron comienzo en 1995. To Bring You My Love fue el disco con el que nos hizo saber que era una artista que necesitaba expandirse constantemente. Con él, la artista de las Doc Martens se fotografió con un vestido de seda roja, el rostro cargado de maquillaje, envolviéndose en una estudiada vulgaridad que a veces alcanzaba también enfundándose un mono violeta o fotografiándose con un biquini estampado con barras y estrellas. PJ Harvey era la arcilla con la que la artista modelaba su obra. El blues oscuro y contaminado de electrónica que transportaba aquel álbum la ayudó a establecerse en el mercado americano. Pudo haberse quedado estancada ahí, escoger el camino equivocado, repetirse o venderse, pero lo que hizo a continuación fue un álbum que usó como terapia para superar su ruptura con Nick Cave. El enamoramiento de ambos forma parte del folklore del rock moderno, los dos girando el uno sobre el otro en el vídeo de “Henry Lee” mientras la cámara asiste al nacimiento de un amor que no pudo ser más que efímero, inspiró dos obras que aún siguen doliendo. Is This Desire?, el cuarto álbum de PJ Harvey, es una de ellas. 

A continuación, llegaría otro punto álgido. El disco de rock, su álbum más cercano a eso que llamamos pop cuando queremos decir que contiene canciones que nos sonríen desde lejos. Con Stories From The City, Stories From the Sea, PJ Harvey nos hizo saber que podía resultar accesible sin resultar previsible Autora en el sentido más estricto del término, hija de dos hippies trasnochados que supieron crear el escenario idóneo para que su hija hallara su camino, Polly Jean se crio rodeada por un entorno bohemio de creadores y artistas, alentada por una madre admiradora de Dylan y Captain Beefheart. Una artista que constantemente está en busca de crear el mejor trabajo y de lograr que siempre resulte nuevo, innovador. Volvió al minimalismo y al rock primitivo en Uh Huh Her, disco que en ciertos momentos suena como un inventario de los materiales acumulados durante los diez años previos. Tres años más tarde, en 2007, asumió un nuevo papel, aprendió a tocar el piano y compuso un disco en el que este era el instrumento principal, convirtiéndose en una suerte de baladista victoriana, y como tal se fotografió para la cubierta de White Chalk. A partir de ahí abandonaría el papel de la artista introspectiva para convertirse en la cronista de una realidad global. Como The Clash, The Smiths y The Pogues, ha sabido captar un momento crucial en la historia de su país y transformarla en canciones. A diferencia de los anteriores, PJ Harvey es mujer y solista y eso hace que todo lo dicho hasta ahora cobre más importancia si cabe.

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