DISEÑO PARA EL PENSAMIENTO

¿Qué objeto cotidiano te gustaría ver rediseñado?

La diferencia entre el buen y el mal diseño, como el diablo, está en los detalles

5/09/2016 - 

VALENCIA. Vuelves de vacaciones, desde un complejo mando a distancia enciendes la tele y entre los primeros anuncios que engulles te encuentras con las novedades del verano: una bebida reinventada a partir de extracto de baobab (literal) y una fregona cuyo cubo incorpora un nuevo y revolucionario centrifugador. ¿Es esta la innovación a la que podemos aspirar?

El diseño, en su amplia definición, debería incorporar el concepto de hacernos la vida más fácil. Así como el diseño gráfico facilita la comunicación, el diseño de producto ha de mejorar los distintos ámbitos de la vida cotidiana. Como decía uno de los principios de la Bauhaus, la escuela que sentó las bases del diseño moderno, la forma debe seguir a la función.

Sin embargo, la sociedad de consumo actual, el marketing (maldito mantra de hacerlo todo bonito y el "make it look nice") y las ansias por vender más y más han propiciado la prostitución del término "diseño", así como frivolizado su significado hasta conseguir que la sociedad no entienda que, ante todo, el diseño ha de cumplir una función.

El diseño debe hacernos más felices. Consiste en pensar, pensar soluciones que hagan que un simple detalle nos propicie bienestar y una vida más confortable, desde el ángulo del respaldo de una silla, la eliminación de botones inservibles de un cajero automático, la punta imantada de un destornillador o cargador de portátil o girar las etiquetas de la botella del ketchup para que quede guardado boca abajo (este ejemplo se lo cojo prestado al gran Álvaro Sobrino).

La diferencia pues,entre el buen y el mal diseño, como el diablo, está en los detalles. Por eso vivimos rodeados de objetos que no evolucionan, lo cual a veces es bueno pero a veces no. Y este es uno de los mayores retos de un diseñador, abordar el rediseño de objetos cotidianos.

Nos hemos vuelto demasiado cómodos incluso para detectar todos esos productos que necesitan ser reinventados. Tal vez antes que añadir extracto de baobab a una bebida habrá ue hacer más usable su envase, o lo que el cubo de la fregona necesite no sea un centrifugador sino un buen asa que optimice su agarre. Tal vez las máquinas expendedoras de billetes del metro podrían evitar unos cientos de enfados de buena mañana, o las confusas indicaciones de algunos hospitales ayudarían a sentirnos menos enfermos si se pensasen un poco más, igual que el rediseño del mando a distancia (donde Apple ya ha entrado) nos frustraría un poco menos. Por no hablar de esa gran mentira llamada 'abrefácil', las absurdas e inútiles tasas de algunas tazas que nos amargan un buen café o los blisters que debieran ser catalogados como arma blanca.

Algunos objetos cotidianos, hoy por hoy, son inmejorables. A otros, los avances tecnológicos los han convertido en inútiles, aunque no lo hayamos descubierto aún. Es el caso de algo tan rudimentario como los enchufes, a los que se les ha intentado proveer de tapas, sensores y agarres pero la estandarización impide que se reemplace su incómodo y peligroso funcionamiento del machihembrado. Nos hemos acostumbrado a que los enchufes son así, y punto, escudándose en estándares que ni siquiera son válidos internacionalmente. Igual que los semáforos (ahora de leds) siguen siendo esclavos de la forma de la tecnología anterior de discos de colores. Y casos en los que la forma no sigue a la función, sino a su pasado, los encontramos a diario arrastrando complicaciones técnicas ahora solucionables. También en parte problemática de soluciones que avanzan demasiado rápido, donde los propios cables que parecían eternos tienden a desaparecer.

Las soluciones tradicionales, o convencionales, no tienen por qué ser las mejores. Y aquí es donde la hoguera, o los talibanes de algunas ideas, se han enfrentado históricamente al progreso. Y es que todo está diseñado, pero no todo es buen diseño (como ese plato sopero que baila en la mesa fruto de alguna maquiavélica mente), y además hay que entender un producto y a sus usuarios cuando se diseña, y ese uso, o esos usuarios, pueden cambiar con los años.

El diseño perfecciona objetos, soluciona estos problemas dando valor a un producto. Podemos tirarnos toda la vida usando mal las cosas hasta que, tras observar su uso, llega un diseñador y añade un palo a un trapo convirtiéndolo en una fregona. Así es como la startup valenciana Closca le ha dado una vuelta a los horribles cascos para bicicleta, o la empresa catalana Lékué reinventándose en la cocina, Bang & Olufsen con los primeros mandos a distancia minimalistas,Apple con el ordenador personal, iPod, iPhone y iPad o Dyson revolucionando el mundo de los ventiladores y aspiradores. Design thinking se viene llamando,pensamiento lateral "out-of-the-box" para solucionar problemas diarios de forma alternativa, mostrado en las series BBC Future donde imaginan el futuro,desde envases a diseño de interfaces.

Dando una vuelta más de tuerca tenemos el ejemplo de la industria de la automoción. Y ya no me refiero a si los coches serán de motor de combustión o eléctricos (eléctricos, por supuesto), sino al papel del conductor alrededor del que hoy en día gira el vehículo.Ahora los coches son más aerodinámicos, con mecánicas evolucionadísimas y cómodos asientos, pero siguen respondiendo, en esencia, a un modelo de hace cien años,manteniendo al conductor, y no al pasajero, como protagonista. Todo apunta que el plan secreto del Apple Car y la segunda parte del MasterPlan de Tesla señalan el futuro del coche como una flota de vehículos autónomos para utilizar mientras haces otras cosas, desplazándote optimizando de verdad tu tiempo.

Diseño es saber equilibrar innovación, tecnología, artesanía y sostenibilidad. Así es como nacieron los diseños icónicos de la primera mitad del siglo XX, aún vigentes y modernos. 

Un gran ejemplo de este pensador y solucionador de problemas lo encontramos en un de los pioneros del diseño industrial español, el catalán Miguel Milá, quien ya decía que el buen diseño ha de ser silencioso y a quien le gusta citar la frase del torero ElGallo a quien uno de su cuadrilla le preguntó qué era lo clásico y éste respondió: “Lo clásico es aquello que no se puede hacer mejor”. 

Y a ti, ¿qué objeto cotidiano te gustaría ver rediseñado?