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Quique Cubero: "La tradición no se ha de recuperar, el truco es mantenerla viva desde el presente"

El grupo de música popular actúa en la penúltima jornada de Polirítmia

10/07/2021 - 

VALÈNCIA. Los Hermanos Cubero son una de las dulces excepciones que hay en un panorama musical nacional que muchas veces peca de organizarse en compartimentos estancos. En su caso, Quique y Roberto buscan expandir el territorio de la música popular y el folk haya donde puedan. Su último intento es doble, un disco de colaboraciones, Errantes telúricos, y la recuperación de la obra del violinista Toribio del Olmo en un disco instrumental, Proyecto Toribio. El dúo actua esta noche en València, en el programa del ciclo Polrítmia. Antes, Quique atiende a las preguntas de Culturplaza.

- Si sacar un disco en 2021 es atrevido, sacar dos ya debe ser algo parecido a asomarse a un precipicio.
- No sabría decirte. Nosotros no lo hacemos por ir a contracorriente ni hacer una locura porque sí. Simplemente nos apetecía, era dos proyectos a los que queríamos darle vueltas, en especial el de Proyecto Toribio. Los sacamos porque no gusta y porque nos dejan. Es verdad que no está el tiempo boyante, pero es que para nosotros no lo ha estado nunca. No estamos mucho peor que hace dos años, sinceramente.

- ¿Entendéis, en todo caso, este atrevimiento como un paso adelante?
- Bueno, cualquier disco que conseguimos sacar es un paso adelante porque nace en nuestra cabeza, es muy persona y va tomando forma, con la ayuda -claro- de una discográfica. Además, en esta ocasión, nos hemos rodeado de grandes colaboraciones. Hay mucha gente alrededor que está ilusionada con lo que hacemos y eso para nosotros es gratificante. Cada disco siempre es subir un pequeño escalón, por muy pequeño que sea.

- En los dos discos os rodeais de mucha gente bueno, ¿cómo ha sido el experimento? ¿qué consecuencias puede tener eso en vuestro proceso creativo?
- Yo creo que no será un antes y un después. El disco de Proyecto Toribio lo hicimos como hemos grabado siempre, con un micrófono bisónico y todos a la vez, en directo y en presente. Con Errantes telúricos, se intentó hacer así, pero llegó la pandemia y tuvimos que adaptarnos y hacerlo por pistas cada persona en su casa. No nos ha supuesto un cambio para mejor, así que seguimos creyendo que mejor tocarlo en directo y grabarlo a la vez.

- ¿Hacia dónde camináis ahora? ¿Habéis sacado algo en claro con este doble trabajo?
- Ha sido toda una apertura de horizontes total. Proyecto Toribio, por ejemplo, al poder hacerlo de manera presencial, hemos podido arreglar las canciones a medias, ver la pieza y no quedarnos con nuestra pieza desde nuestro punto de vida sino abrir la perspectiva hacia otras formas de ser. En Errantes telúricos no es tan palpable, pero las que no hemos hecho de manera presencial también hemos acordado unos arreglos que no han corregido, buscando el resultado final. Es maravilloso que haya gente que quiera compartir su obra con un estilo tan marcado. Con Christina Rosenvinge, Rodrigo Cuevas o Josele Santiago la obra de un vuelco. Todo se amplía y se extiende, pero de ahí a que pueda marcar el futuro… no sería la idea. Estamos muy cómodos con el formato de dúo.

- Ocupáis espacios más tematizados, como el Polirítmia, pero también lo hacéis en espacios más pop, como festivales de música, ¿cómo os sentís con este contraste?
- Son plazas muy diferentes con públicos muy diferentes, pero estamos cómodos en cualquiera de ellas. Nuestro objetivo es tocar y que la gente se entretenga y se divierta. Si lo consigues en un festival pop o una actuación en un pueblo, el resultado siempre es el mismo: gente divirtiendo. Obviamente, cambia el lenguaje de las presentaciones o la puesta en escena, pero nuestro camino es recto y claro: entretener y divertir. Y cuantas más personas lleguemos, más satisfactorio va a ser nuestro trabajo.

Esto es un cosa que teníamos clara desde el principio, la de no cerrarnos ninguna puerta. Y así fue cuando empezamos a llamar y contactar con la gente de la música. Y eso ha facilitado la posición que tenemos actualmente. Me da la sensación, por otra parte, que en el mundo del folk están muy anclados en su circuito, como si pensaras que tocar en otro sitio les restara autenticidad en su propia escena. Mi humilde opinión y mi experiencia me dice que eso no es así.

- Se os nota grandes escuchadores de música.
- No me considero un gran melómano, Roberto es realmente el erudito musical, el que busca grupos y referencias. Yo no escucho muchísimo música pero si, dentro de lo que escucho, abarco un gran abanico de estilos. Al final, eso también es importante porque son las herramientas con las que traduces lo que quieres contar, y yo puedo hacer que sea desde folk o el rock clásico.

- También parece que sois buenos lectores.
- Me considero más lector que escuchador. La lectura sí que me gusta especialmente.

- ¿Alguna filia?
- Soy un fanático del Siglo de Oro. Cervantes, Mateo Alemán… Los grandes clásicos me los he leído dos o tres veces. También me gusta la literatura castellana actual, como Saramago o Mendoza. Pero vamos, no tengo muchas manías. Lo que cae, me lo leo.

- Con dos discos con tantas colaboraciones, ¿cómo se va a traducir en el concierto que veremos en València? 
- Vamos a ir un trío. Una parte la haremos a dúo con las canciones rescatadas de discos anteriores. Luego, para las de Proyecto Toribio, actúa con nosotros María San Miguel, que ya colaboró en el disco, y se podrán tocar las piezas que queramos sin dificultad ni cambio. En el caso de Errantes Telúricos, es imposible mover a tanta gente, pero nos apañamos para tocar también todas las canciones posibles, algunas también con María San Miguel en los coros.

- ¿Qué opinión os merecen los y las artistas que hablan de renovar los géneros de la música de raíz? Kiko Veneno decía en una entrevista en Culturplaza que para hacerlo bien, había que conocer muchísimo la tradición.
- Es un tema peliagudo este. La tradición no se ha de recuperar porque no tiene ningún sentido coger algo que tiene 100 o 200 años y hacerlo ahora como si nada. El truco de la tradición es mantenerla viva, haciéndola ahora, en el momento actual. Utilizando indiscutiblemente herramientas de otras personas y bebiendo de otras fuentes más antiguas, pero el truco siempre es que continue viva. En algún momento, alguien empezó a tocar la guitarra, el acordeón o las mazurcas, que no eran instrumentos puramente tradicionales; y eso hizo avanzar al género.

Por otra parte, es obvio que hay que tener un bagaje mínimo para saber tocar y avanzar en el género, pero tampoco es que haya que ser un erudito. Hay personas, como los etnógrafos e historiadores, que ya miran de qué manera sucedían las cosas entonces, como la cultura o las labores cotidianas. Pero eso -en mi humilde opinión- no hace que la tradición siga viva, porque no deja de ser un recordatorio, una pieza de museo. Ese no es mi concepto de obra viva.

- Ahora que hay un encendido debate entre la ciudad y el pueblo, y en la recuperación o no de valores tradicionales como la familia nuclear, ¿sois nostálgicos?
- No somos en absoluto nostálgicos. Hacemos lo que nos gusta y lo que nos apetece. Yo no creo que haya que recuperar nada: estamos en el siglo XXI y estamos porque hemos pasado por todo un camino; pero, ¿qué sentido tiene volver 50 años atrás? Tenemos que hacer algo nuevo con los valores actuales, no vale anclarse al pasado o traducirlo sin tener en cuenta el presente. 

Las brechas entre lo urbano y lo rural existen pero son una diferenciación política que se transfiere a la sociedad. Hace 20 años, mucha gente no se sentía orgullosa de ser de pueblo porque se nos consideraba catetos. Y ese es el problema, que cada uno es lo que es y ha de estar orgulloso a partir de lo que eres, de lo que has venido, tus valores y aquello que has aportado al mundo en el punto vital en el que estés. Contraponer una cultura ridiculizando la otra es una actitud forzada que responde a intereses políticos. Es obvio que en 2021, lo urbano tiene que existir sí o sí, pero es que puede haber otras posibilidades.

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