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Tribuna libre / OPINIÓN

Reflexiones en la nueva etapa de la Sindicatura de Comptes

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3/11/2022 - 

Previsiblemente, en los próximos días o semanas las Corts Valencianes elegirán a los nuevos síndics que dirigirán la Sindicatura de Comptes durante los próximos seis años, abriéndose una nueva etapa para una institución fundamental en el entramado de la Generalitat y que cuenta ya con 37 años al servicio de los valencianos.

De toda mi carrera profesional y de servicio público, es la Sindicatura el lugar donde más tiempo he pasado y, dado que soy inelegible para un mandato adicional, puedo permitirme hacer unas reflexiones que tienen el valor de estar realizadas con un profundo conocimiento de la Institución y sin que puedan estar tintadas por el interés personal de permanecer en el cargo.

La primera reflexión que quiero hacer es referente al propio prestigio de la Institución. Si bien es verdad que, en términos generales, la Sindicatura es respetada por los ciudadanos que conocen su papel y también por las instituciones que forman parte de la Generalitat -no en vano, las Corts le otorgaron en 2019 la alta distinción "Francesc de Vinatea"-, también es verdad que su prestigio es mucho mayor entre nuestros colegas del resto de Órganos de Control Externo Autonómico, ante el Tribunal de Cuentas de España e, incluso, ante el Tribunal de Cuentas Europeo. La Sindicatura, en este sentido, hace bueno el conocido refrán de que nadie es profeta en su tierra. Nuestro manual de fiscalización es referencia de muchas instituciones de control externo e interno, los auditores de la Sindicatura están participando en la formación en materia de auditoría operativa y de ciberseguridad en otros órganos de control externo e interno y, recientemente, hemos protagonizado seminarios de formación en ciberseguridad tanto en el Tribunal de Cuentas de España como en el Tribunal de Cuentas Europeo.

Con relación a esta primera reflexión, sólo quiero añadir que Eurostat señaló a la Sindicatura de Comptes como la única institución de control que había advertido sobre el volumen de los gastos no contabilizados en el procedimiento abierto contra España en 2015 por manipulación de las estadísticas (nos citaba como Regional Court of Auditors).

La segunda reflexión tiene que ver con la autoría de los informes. Con el tiempo me he acostumbrado a leer "El síndic dice…" ¿Cuál de ellos? "El síndic da un varapalo a…" ¿Cuál de ellos es tan malvado? Pero no es sólo un problema de buena parte de la prensa (no de toda, afortunadamente), sino incluso de los diputados que nos eligen: más de una vez he sido presentado por alguno de los diputados -incluso de la Mesa de les Corts- como "síndico adjunto", siendo así que tal figura no existe en la Sindicatura de Comptes. Somos un órgano colegiado donde los informes se aprueban por mayoría y, si alguno de los tres síndicos no está de acuerdo, puede emitir un voto particular que es también publicado, y ya sabemos que, en los órganos colegiados, los votos particulares sólidamente argumentados pueden tener tanta importancia como el informe aprobado. Los informes no son del síndic major, cuyo voto, en este aspecto no pesa más que el de cualquiera de los otros dos síndicos, por más que su fotografía acompañe las noticias sobre informes que quizá no haya dirigido él sino alguno de los otros dos síndicos. Sólo en el improbable caso de empate en una institución con tres miembros, tiene el voto de calidad.

Pero es que los informes ni siquiera son fruto del trabajo exclusivo de los síndicos, sino una obra coral del conjunto de los trabajadores de la Sindicatura. La institución cuenta con siete equipos de fiscalización más la colaboración de los departamentos horizontales, como Secretaría o Informática. Cada informe es fruto de un equipo de auditoría dirigido por un auditor y un síndico, y cuyo borrador se somete a la consideración del Consejo que, evidentemente, no le puede dar la vuelta "como a un calcetín", ya que las conclusiones deben estar soportadas por evidencia suficiente, relevante, exacta y completa que es obtenida en el trabajo de campo por técnicos y auditores.

He tenido el honor de participar en tres Consejos de la Sindicatura, dos de ellos presididos por Rafael Vicente Queralt y el tercero por Vicent Cucarella, pero tengo la fortuna de haber conocido a todos los anteriores síndicos y he de decir que, si bien cada uno de los síndicos tenemos (como cualquier persona) nuestras propias ideas acerca de cómo debe organizarse la sociedad, éstas siempre se han quedado a la puerta de la Institución cuando se trata de realizar nuestro trabajo. De hecho, todos los informes de la Sindicatura, excepto uno, han sido aprobados por unanimidad y esa excepción se refiere al informe sobre los expedientes del llamado caso Cooperación en el que yo me abstuve, formulando un voto particular que fue publicado. He de decir, para satisfacción de la Sindicatura, que tanto el informe como el voto particular fueron ponderados y citados por los Tribunales de Justicia en la redacción de sus sentencias.

Evidentemente, no somos infalibles, pero nuestro trabajo sólo persigue determinar la veracidad de las cuentas que se nos presentan, verificar el cumplimiento de la legalidad en la gestión y hacer recomendaciones tendentes a mejorar la eficacia, la eficiencia y la economía en la gestión de los fondos públicos, sin valorar esa gestión desde el punto de vista político.

Una tercera reflexión tiene que ver con el perfil profesional de los síndicos: Las Corts no tienen libertad absoluta para elegir a las personas que consideren adecuadas, ya que la Ley exige una cualificación profesional concreta e impide la elección de quienes hayan ostentado cargos de representación política o de gestión de fondos públicos durante los últimos cuatro años.

No obstante, me atrevo a recomendar que al menos algún síndico tenga experiencia en la gestión pública, aunque no pueda ser inmediata, con el objeto de haber experimentado las dificultades que entraña la administración pública y de haberse enfrentado al laberinto que, en muchas ocasiones, supone, por ejemplo, la legislación en materia de contratos, subvenciones o gestión de personal, teniendo así una mejor perspectiva del papel del auditado.

Como última reflexión, quiero hacer mención a la conveniencia de que exista una transmisión de la memoria. En la tesis doctoral de María Ángeles Abellán sobre la Sindicatura, premiada y publicada por Les Corts en 2018 se valora muy positivamente el hecho de que en cada sexenio se haya mantenido cierta continuidad a través de la permanencia de algunos síndicos, lo que ha garantizado la estabilidad funcional de la institución. Sin embargo, en esta ocasión se ha oído hablar de renovación de los tres síndics, con el riesgo de perder dicha transferencia de conocimiento. El único síndic que podría continuar por no haber alcanzado su limitación de mandatos, es Vicent Cucarella, que ha desempeñado a plena satisfacción su papel como síndic major y que está en condiciones óptimas para continuar como síndic y permitir a la Sindicatura mantener la estabilidad funcional a que se refiere la tesis que acabo de mencionar.

Los grupos parlamentarios tienen ante sí una importante tarea: elegir a las personas que formarán parte del Consejo de la Sindicatura y estoy convencido de que, como desde 1985, buscarán un consenso común acerca de las personas más adecuadas por su aptitud académica y perfil profesional, huyendo de visiones cortoplacistas incompatibles con las Instituciones de la Generalitat.

Antonio Mira-Perceval Pastor es síndic de Comptes de la Comunitat Valenciana

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