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EL MURO / OPINIÓN

Retratos oficiales a escote

Ya tenemos nuevo retrato en el Ayuntamiento de Valencia. Nuevo recuerdo de otro tiempo. Continuamos en estado vegetativo

1/12/2019 - 

El arte ha estado vinculado al poder y los poderosos desde el tiempo de los tiempos en cualquier cultura o civilización: desde la más fina y distinguida, hasta la más tribal o cruel. Funciona como elemento de distinción, pero también como trasfondo ceremonial o dictatorial. Ha estado unido en cualquier cultura al poder religioso, político, social, real o noble. Aunque hayan cometido las mayores atrocidades que se puedan recordar e incluso el más gentil servicio. Simplemente para que no olvidemos nunca quién manda o lo hizo. Cuestión de recuerdo.

Decía esto porque esa significación del arte de cámara, esto es, realizado por encargo del poder aunque con cargo a los súbditos se ha perpetuado. Y allá que nos persigue, cuando hace tiempo que se convirtió en absoluto anacronismo.

Ya sabemos que hay artistas que pintan para museos o casas de subastas, pero también existen aquellos que lo hacen para las clases burguesas como señal de presencia y poderío. Son artistas que esa misma burguesía invita luego a fiestas privadas y se siente halagada de sentar un artista a su mesa para que comparta invitados y dejen constancia de su presencia por el tiempo de los tiempos a través de retratos personales o familiares. Esa clase social está en su más absoluto derecho, como los artistas invitados. Luego están los plebeyos convertidos en otra casta. También, pelotas y políticos capaces de encargar retratos con cargo a los presupuestos generales, provinciales o locales para quedar bien con un rey, una familia real o una visita de alto rango a costes por lo general algo elevados.

Y luego quedan los de la vanidad, como en el siglo XIX y comienzos y mediados del XX cuando cualquier alcalde, presidente de Diputación o cargo público con algo de nivel se dejaba retratar por pintores de alto rango para así pasar a la posteridad en retratos de grandes dimensiones y por lo general de calidad bastante cuestionable porque limitaba la capacidad y libertad de creatividad del artista. Son esos retratos los que ahora llenan nuestras instituciones públicas en pasillos y salas, cuadros que por lo general nadie atiende porque lucen, por decirlo de alguna manera, amontonados en paredes y sin posibilidad de respiración.

Son los denominados retratos institucionales, entendibles en otra época ante la ausencia de la fotografía u otros soportes y sólo fruto de  una realidad trasnochada. A mí todos esos retratos, la verdad, me dan absolutamente igual, salvo por recuerdo. Por el contrario, no los querrían ni sus herederos más jóvenes quienes prefieren vaciar una casa heredada para no tener trastos antes que “disfrutar” del retrato del tatarabuelo por muy poderoso que fuera en su día si no es que lleva una buena firma que rentabilizar, que para los tiempos que corren es ya lo único importante.

Sin embargo, esa concepción/dependencia del retrato institucional ha llegado hasta nuestros días. Y se mantiene. Esta semana, sin ir más lejos, el Ayuntamiento del Cap i casal recibía el de nuestra ex alcaldesa Rita Barberá creado por Luis Masoni -pintor al que tengo respeto y admiración y es experto en el género- por encargo de nuestro consistorio para formar parte de su galería de primeras autoridades. Sin embargo, va a estar colgado en un espacio, según cuentan, que no estará al alcance de todos, sólo de unos pocos, los que tengan acceso a su emplazamiento, toda una contradicción para los 15.000 euros que nos ha costado, como los 88.000 del dedicado a Felipe VI que encargó el Congreso para su Salón de Ministros del Palacio de las Cortes al gaditano Hernán Cortes.

Esto de los retratos políticos por encargo en pleno siglo XXI, sin embargo, tiene sus inconvenientes. Recuerden si no cómo el que se encargó a nuestra ex presidenta de les Corts, Milagrosa Martínez, fue descolgado de la cámara autonómica una vez su condena y entrada en prisión fue confirmada. ¿Dónde estará?

Con esto de los retratos institucionales a nuestros actuales gobernantes a cargo de nuestros impuestos y después de todo lo que hemos visto, vivido y sufrido yo reclamaría mucho cuidado. Porque no sé si saben que por estas tierras hemos tenido y tenemos a varios ex presidentes de la Generalitat, diputaciones y alcaldes y alcaldesas de nuestras principales ciudades y muchas poblaciones importantes implicados, juzgados y hasta condenados. Así que hagan número de los muchos implicados y condenados que han existido o están pendientes de ser aún juzgados y ya tenemos para montar un museo de los horrores o de la desvergüenza. Déjense de nuevas sedes para El Prado e incluso de museos de nueva construcción dedicados a lo que sea porque tenemos para llenar uno y todos sus hipotéticos almacenes de cuadros de impostores: del derecho y hasta boca abajo, como en Xàtiva está el de Felipe V. Podríamos también llenar salas y salas y hasta más almacenes de placas conmemorativas de inauguraciones en las que lo importante era rascar la comisión correspondiente, por lo que el objetivo en sí era sólo la excusa. Está de moda quitar todo lo que recuerde al pasado para construir uno nuevo.

Al parecer nos quedan aún muchos retratos por pintar de todos esos a los que antes me refería. 

Tenemos ahora muchos medios tecnológicos para evitar gastos innecesarios. Espero que los neoprogres, neonacionalistas, neoconservadores y simplemente ambiciosos hagan examen de conciencia y no se dejen llevar por la vanidad testimonial. Si acaso que se lo paguen ellos y los donen a las instituciones como gesto de buena voluntad. Muchos lo agradeceríamos. Ya firman demasiados prólogos  que otros les escriben pero también abonamos a escote, como para tener que recordar su imagen por vida. Un servidor prefiere mantenerlos en la imaginación. Afortunadamente, ando bien de memoria para no olvidar.

Por cierto. Yo a Puig, Gaspar y Ribó y a los que vengan después les sugeriría vídeo creación. Es más sencillo, barato y moderno.  Además, se baja la voz o se da al botón de apagar, y listo. Todo negro. La Historia es así. Ya no perdona. Ni recuerda. Aunque seguro que querrán retrato. Son más de lo mismo y les pierde la vanidad pública.

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