Revista Plaza Principal

Innovadores

Ciencias que marcan el ritmo del nuevo emprendimiento

Si queremos afrontar los retos mundiales que se avecinan con independencia tecnológica, tenemos que cerrar la brecha entre el conocimiento científico y la industria. La ciberseguridad cuántica, la tecnología lunar o la neurotecnología van en esa dirección, pero no todo vale

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Durante los últimos años hemos visto alzarse a grandes empresas tecnológicas con el liderazgo de la investigación global. Como observa Javier García Martínez, catedrático de Química Inorgánica en la Universidad de Alicante y fundador y presidente de Celera, en pocos años solo Nvidia ha conseguido un precio tal del 16% del producto interior bruto (PIB) de EEUU. Sin embargo, si nos fijamos en el Ibex35 español, llevan integrándolo casi las mismas compañías desde el año 2000, con el agravante de que cerca del 50% de las cotizadas son propiedad de inversores extranjeros.

La falta de talento no es el problema. Pero «tampoco hay nada que nos haga pensar que vamos a ser líderes mundiales en ninguno de los campos que están cambiando la economía mundial», en palabras de García Martínez. Hablamos de algunos de esos campos.

La amenaza cuántica

Hace años que Estados Unidos y China se afanan en una lucha silenciosa por ver cuál de ellos consigue crear el primer ordenador cuántico. El que lo consiga será capaz de descifrar los algoritmos criptográficos que actualmente protegen la mayoría de nuestras comunicaciones y datos digitales. Nos referimos tanto a infraestructuras críticas relacionadas con ámbitos como el de la defensa, como a situaciones tan cotidianas como las claves que utilizamos para acceder a nuestra cuenta bancaria o nuestro teléfono móvil.

Algunos llaman el ‘día Q’ al día en que llegue ese superordenador cuántico capaz de romper la criptografía que protege la vida digital global. Por ahora, no lo ha conseguido nadie, pero, en el supuesto de que suceda, el país que lo logre obtendrá una ventaja decisiva sobre el resto del mundo. 

La ciberseguridad cuántica es la tecnología que se desarrolla para garantizar que nuestras comunicaciones e infraestructuras críticas permanezcan seguras frente a la amenaza cuántica. Aquí entran en juego distintas ciencias, como la fotónica, microelectrónica, la inteligencia artificial o la física cuántica, entre otras.

Concienciar a la sociedad de esta amenaza y despertar vocaciones que contribuyan a la búsqueda de soluciones es la razón por la que Naciones Unidas declaró 2025 como el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas. 

  • Jaime Abella y Carlos Aguilar, fundadores de Hispansion. 

Aunque todavía minoritarias, algunas startups españolas aplican a este desafío. LuxQuanta es una de ellas. Liderada por Vanesa Díaz como CEO, la empresa nace en Barcelona en 2021, después de más de tres años de investigación en el laboratorio del Instituto de Ciencias Fotónicas de Barcelona (ICFO). La fundan Sebastián Etcheverry, Saeed Ghasemi y Valerio Pruneri con el objeto de desarrollar tecnología y sistemas de distribución cuántica de claves QKD (Quantum Key Distribution) de variable continua, que se integran con redes ópticas ya existentes.

«Nuestra misión es transformar la ciencia europea de vanguardia en seguridad práctica y escalable que proteja los datos confidenciales durante décadas, fortaleciendo la soberanía y la confianza en las infraestructuras críticas globales», afirman. La startup ha convencido a empresas de telecomunicaciones, centros de datos y Administraciones públicas de medio mundo.

Tecnología lunar

Ahora que las grandes potencias parecen haber aparcado la colonización de Marte y recuperado el interés por regresar a la Luna —hoy para convertirla en un centro de actividad humana y científica permanente—, startups como la española Hispansion encuentran una oportunidad de negocio inmejorable. 

«Nos dedicamos a desarrollar y producir materiales que replican, en composición y en propiedades, el suelo de la Luna», afirman los fundadores de Hispansion: Jaime Abella y Carlos Aguilar. Lo que han sacado al mercado estos jóvenes de veinticinco años es un simulante de regolito altamente avanzado, que alcanza un 92% de similitud con el suelo lunar. Su ingenio sirve para que desarrolladores de tecnologías de exploración lunar (rovers, hábitats aptos para los humanos, construcción o extracción de recursos…) prueben sus inventos en un laboratorio terrestre antes de embarcarse en costosas misiones reales en la Luna. 

Los regolitos sintéticos los producen ellos, mezclando distintos minerales y materias primas que extraen de la tierra. Para adaptarse a las variaciones de la composición del terreno lunar, los fabrican de dos tipos. Unos simulan las tierras altas, que son regiones claras y densamente craterizadas. Y otros los mares lunares, que son llanuras oscuras y planas. Pero lo que más llama la atención de esta startup es su escalabilidad. «No hay nadie capaz de producir nuestra cantidad de regolito manteniendo una fidelidad tan alta como la nuestra», sostienen.

También hubo tecnología española en Artemis II, la última misión espacial con la que la NASA ha vuelto a convertir a la Luna en un tablero clave. Integrasys, especializada en comunicaciones satelitales, fue la única compañía española seleccionada por la NASA para hacer el seguimiento de la nave Orión que trasladaba a los cuatro astronautas de la tripulación. Se encargó también de medir el efecto Doppler, un parámetro esencial para determinar la posición del vehículo, calcular su trayectoria y proporcionar estos datos directamente a la NASA. El trabajo se hizo de forma coordinada con otros puntos de observación distribuidos por todo el mundo. 

  • Álvaro Sánchez, CEO de Integrasys. 

Pero que dispongamos de tecnología punta de apoyo no significa que gocemos en Europa de soberanía espacial. Nos falta capacidad de lanzamiento y aterrizaje propia para decidir cuándo, dónde y para qué viajar a la Luna.

La economía del cerebro

Otra tecnología que puede cambiar la economía mundial es la neurotecnología. Si la neurociencia estudia el funcionamiento del cerebro, la neurotecnología se centra en el desarrollo de herramientas que sirvan tanto para leer la actividad cerebral como para estimularla. 

Tradicionalmente, la aplicación de la neurotecnología se ha dirigido al ámbito clínico, el de la estimulación. Se ha utilizado para el diagnóstico, el tratamiento o la prevención de enfermedades neurológicas, como el Alzheimer, el Parkinson, la epilepsia o la ELA. Sin embargo, durante los últimos años, ha cambiado de rumbo. Ahora se priorizan las herramientas que leen la actividad cerebral por encima de las que la estimulan. 

Así lo asegura José Manuel Muñoz, director del Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología, del CINET de la Fundación Tatiana. Dicha tendencia ha dado lugar al nacimiento de un mercado nuevo: el de la economía del cerebro (brain economy), alimentado por los neurodatos.

Acceder a los datos del cerebro permite llegar hasta lo más profundo de cada uno de nosotros: saber aquello que nos estimula, lo que nos entristece, lo que nos enfada, lo que nos relaja y hasta lo que votaremos en las próximas elecciones. No hablamos de ciencia ficción. Existen ya diademas, que pueden adquirirse a un precio asequible en Amazon, capaces de monitorizar continuamente señales cerebrales para guiar una meditación, inducir al sueño, fortalecer la mente o generar sensación de bienestar. Más grave fue el experimento con diademas cerebrales que hicieron con niños chinos para medir la atención en el aula, información que recibía el profesor a tiempo real para corregir sobre la marcha la estrategia docente.

  • José Manuel Muñoz, director Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología (CINET Fundación Tatiana).

Neurotecnología desarrollan en España empresas como Inbrain y Bitbrain. En la segunda se dedican a hacer sistemas compuestos de hardware y software. Sus dispositivos permiten medir las señales eléctricas del cerebro y el software, con la inteligencia artificial, las convierte en información de interés. Obtienen así conocimiento clínico de un paciente; pero también podrían conseguir datos de gran valía para la industria del marketing y el consumo, midiendo los procesos emocionales, cognitivos y conductuales involucrados en la toma de decisiones del consumidor. 

Decía María López, CEO y cofundadora de Bitbrain, en un evento de emprendimiento, que poner inteligencia artificial a la neurotecnología es como poner esteroides. Se refería a la inimaginable cantidad de información cerebral que se puede obtener con ella y su enorme poder de predicción sobre las personas. Como ejemplo, citó López una investigación de EEUU en la que se consiguió meter un chip en la mosca de la fruta  y manejar el vuelo a su antojo. La pregunta que cabe plantearse es: ¿Si esto se ha hecho con el de una mosca, podrá hacerse algún día con el cerebro humano? 

Expertos y organismos como el Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología urgen a distinguir entre el uso clínico de la neurotecnología de otros, pidiendo una estricta regulación para el segundo supuesto. «El nivel de riesgo a tolerar para el uso de estos datos debería ser proporcional a la potencial ventaja que se podría obtener, algo que se ve claramente en el ámbito sanitario», concluye José Manuel Muñoz. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 136 (mayo 2026) de la revista Plaza

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Alicia Soler (Caixa Popular), portada de la revista Plaza de abril
Jacob Gómez, el bailarín que esculpe amor y ternura sobre las tablas