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El dedo en el ojo

Leer y viajar cura la tontería y permite ver más claro todavía como la historia se repite

Publicado: 06/10/2026 · 06:00
Actualizado: 06/10/2026 · 06:00
  • Las vías por las que llegaban los trenes a Auschwitz

La frase «el que no conoce la historia está condenado a repetirla» es de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana, un español que ejerció, profesionalmente, durante casi toda su carrera, en Estados Unidos. En realidad, la frase, en inglés, era «aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo», y está inscrita en una placa en la entrada principal de la exposición del bloque 4 en el Memorial de Auschwitz Birkenau que visité hace poco. Una frase que allí adquiere una dimensión aún más grande. Y es que no hay nada como leer, estudiar y, si hay suerte, viajar, para saber, para conocer, para entender, para pensar.

En ese viaje apareció otro nombre del que no había oído hablar. Marian Turski, historiador y periodista polaco, que sobrevivió al gueto de Łódź y al campo de Auschwitz y que vio la muerte tan cerca que pudo sentirla, y que también es autor de otro concepto clave: no seas indiferente.  Él advirtió que Auschwitz no apareció de la nada, sino que se construyó paso a paso, mediante la indiferencia social ante la discriminación de las minorías. Algo que se puede trasladar a tantos hechos políticos que se han sucedido a lo largo de estos siglos que andamos por aquí.  Además, el discurso de Turski vale para cualquier ataque a las personas, solo hace falta cambiar judíos por lo que quieran. Si quieren leer ese discurso, busquen en internet, el nombre, discurso y opten por el wordpress que aparecerá. Está traducido directo del polaco al español. Recomendación de un maravilloso guía.

El caso es que, a muchos, aquello que ocurrió en Europa les parece lejano, pero esa bestialidad ocurrió hace 84 años. Es decir, en el ámbito de la historia, podría decirse que hace dos días como bien nos recordaba el extraordinario profesional que nos guio en aquella estremecedora visita. Y da miedo. Pavor. Terror, ver como todo se repite. Y pensar que lo que resultaría impensable, que es imposible que se repita el genocidio de judíos o cualesquiera otras minorías, es, sin duda, un argumento endeble.

Ejemplos hemos tenido a puñados. De los que se dieron antes del holocausto, con el genocidio de armenios dentro del imperio otomano, y después, con el de camboyanos, o el de tutsis en Rwanda, y el de bosnios musulmanes en 1995. Desgraciadamente, la historia dejará hueco a uno que no vimos venir, el de los palestinos a mano de los judíos. No hay campos de concentración, claro. Pero sí les echan de sus casas, de sus tierras, como les hicieron a ellos. Y los asesinan. Judíos tratando como perros a palestinos, como subhumanos, tal y como los clasificaban los alemanes. Alucinante.

Da más miedo chequear cómo la llegada al poder de genocidas, autócratas y demás se ha dado, en ocasiones, a través de elecciones. Es escalofriante repasar cuáles fueron sus estrategias y como estas se repiten, se replican, a lo largo de la historia. Con diferentes herramientas, con técnicas más depuradas, pero se repiten.

Culpar a los partidos políticos y parlamentarios de la crisis económica y dividir a la sociedad, presentándose a uno mismo como la única alternativa. ¿Les suena? Era lo que decía Hitler en sus discursos. No pretendo equiparar ni comparar a quienes, ahora, tiran de populismo con el nazi. No. Y tampoco sería justo reducir a esos discursos todo lo que montó el dictador que acabó convirtiéndose en la salvajada aquella. Era solo un ejemplo de como hay patrones idénticos de fuerzas o movimientos que quieren imponer un sistema, una ideología por encima, arrasando lo que salga a ese paso, ya sea con pistolas, con cámaras de gas, con bombardeos, pero, también, y eso es lo más terrible, con el control de las redes sociales, de lo que nos llega.

Y cuidado con ellos. Los tecno-oligarcas son los máximos exponentes del poder económico, político y mediático actual. Y lo tienen como nunca antes nadie había tenido el mando. Elon Musk (X), Sam Altman (OpenAI), Jeff Bezos (Amazon), Larry Ellison (Oracle), Peter Thiel (Founders Fund) o Mark Zuckerberg (Meta) son algunos de quienes tienen el control sobre políticos y sobre nosotros. La lista es larga y podemos incluir a países.

No creo que quepa duda de que quien tiene el poder son los datos. Es como aquella idea de Maquiavelo plasmada en El príncipe: quien controla el miedo de las personas se adueña de su voluntad. El miedo como herramienta política fundamental. El miedo gana elecciones. Y los datos. Esa es la clave ahora. Y la comercialización de los datos y de las conductas. Y el poder de los algoritmos y como nos dan lo que, se supone, que queremos. Que nos recomienda. Ese contenido que refuerza las creencias previas. Y la censura. Y quién lo decide. Ese grupo tienen más recursos económicos y control de datos que muchos estados soberanos. Y lo peor es que se está construyendo algo más sofisticado y terrible. La inteligencia artificial. Nos van a crujir vivos. Engañándonos como lo hacían los alemanes con los judíos. Utilizando técnicas psicológicas de manipulación masiva y falsas promesas de supervivencia para evitar revueltas y asegurar una deportación y exterminio ordenados. Una estrategia sistemática de desinformación.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 139 (septiembre 2026) de la revista Plaza

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