Lanzadera es una incubadora y aceleradora de empresas que Juan Roig, presidente ejecutivo de Mercadona, fundó en 2013, en el complejo Marina de Empresas de València. El momento no era el más propicio para montar un proyecto. El país estaba empezando a salir de una severa crisis que se había llevado por delante multitud de empresas y puestos de trabajo. La respuesta que concibió Roig fue animar el alumbramiento de nuevos emprendedores que contribuyesen a reactivar la economía, empeño en el que persevera trece años después.
A Lanzadera le antecedió, en 2002, el nacimiento de EDEM, un centro de formación para directivos que fomenta el espíritu crítico, el liderazgo y la cultura del esfuerzo. Lo último fue Angels Capital, un fondo de inversión con el que Juan Roig participa ya en más de setenta startups a las que ha querido impulsar en su escalabilidad. Este es el ecosistema que el empresario valenciano ha creado en apenas trece años en Marina de Empresas, que contará con más de 27.000 metros cuadrados, una vez que se inauguren este otoño las nuevas instalaciones en la antigua base de Alinghi.
El impacto
En lo que atañe al emprendimiento, cerca de dos mil startups han pasado por sus programas de aceleración. En los inicios acogían poco más de cincuenta proyectos al año. Ahora han adquirido velocidad de crucero llegando a albergar a más de trescientas startups cada año. No todas son valencianas. Según Marta Nogueras, directora general de Lanzadera, el 90% de los proyectos que aceleran actualmente son españoles: un 30% son valencianos, un 30% de Madrid, un 10% de Cataluña y el 20% restante de otros territorios de España. El 10% que falta corresponde a proyectos de otros países europeos y latinoamericanos. «Es una apuesta desde València para el mundo», dice Nogueras.

- Marta Nogueras, directora general de Lanzadera. -
- Eduardo Manzana
Llama también la atención la elevada tasa de supervivencia de las empresas que han pasado por sus programas, muy por encima de la media nacional. El 70% de los proyectos que han estado en Lanzadera se mantienen activos cinco años después, frente al 20% de los negocios que sobreviven sin haber pasado por un programa de aceleración, circunstancia esta que algunos emprendedores de Lanzadera asocian con la obtención de un sello de calidad.
El salto a un centro de alto rendimiento
Pero ni Juan Roig ni nadie de la organización se conforma con las cifras acumuladas hasta ahora. Quieren acelerar a muchos más emprendedores y hacerlo de manera todavía más eficiente. A ello obedece en parte la ampliación de las instalaciones.
Para acompañar la escalabilidad de la iniciativa sin necesidad de sobredimensionar la plantilla de tutores, en Lanzadera llevan tres años con el desarrollo interno de una plataforma tecnológica capaz de diagnosticar el estado de una startup en cada momento y marcarle un itinerario personalizado para enmendar posibles errores y alcanzar los objetivos propuestos.
La herramienta, todavía con margen de implementación, la desarrolla un equipo que integran profesionales de distintas áreas de Marina de Empresas y lidera Curro Galván García, gerente de producto de Lanzadera. No se trata de sustituir al director de un proyecto, sino de aumentar su capacidad para absorber más sin incrementar el esfuerzo.

- El equipo de Quibim.
La plataforma, explica el gerente de producto de Lanzadera, aminora de forma significativa el entorno de incertidumbre en el que suelen moverse los emprendedores, aprovechando los trece años de experiencia de Lanzadera. El algoritmo puede predecir la evolución de cada startup, identificar debilidades y prescribir un plan ad hoc para seguir durante los seis meses de programa y hacer crecer su negocio. Los emprendedores revisan sus estados cada mes junto al director del proyecto.
A este potencial de crecimiento y de impacto aluden en Lanzadera cuando hablan ya más de centro de alto rendimiento que de aceleradora.
Más los que aplican que los elegidos
Tampoco vayamos a pensar que, a partir de ahora, va a ser más fácil entrar a formar parte de los programas de Lanzadera. «El objetivo no es ir a volumen, sino —continúa Curro Galván— robustecer los proyectos empresariales en beneficio del conjunto de la economía y de la sociedad».
A Lanzadera aplican un promedio de mil proyectos en cada convocatoria. La selección es rigurosa y en ella se implica buena parte del equipo, incluida Marta Nogueras. A ella preguntamos sobre el perfil de los candidatos que buscan. «Tienen que tener, por supuesto, una dedicación completa al proyecto; este es un requisito fundamental. Valoramos también la experiencia previa y su formación. Miramos, además, la ambición, el hambre por sacar un proyecto adelante, pero combinado con una actitud humilde, que el ego no derive en autocomplacencia, que sepa escuchar y hacer autocrítica».
Son más valores subjetivos y de actitud que parámetros medibles, pero que se ajustan a la cultura del esfuerzo y al modelo de gestión de calidad total que han regido la carrera empresarial de Juan Roig.

- Fran Villalba, CEO y fundador de Internxt.
Tampoco existen preferencias por una actividad o vertical determinada. Tanto pueden acelerar un proyecto de corte tradicional, como del retail o turismo, como una fintech. También en términos de tecnologías son agnósticos.
La opinión de los emprendedores
Recabamos la opinión de algunos de los emprendedores que dieron sus primeros pasos en Lanzadera y hoy están al frente de scale-ups que triunfan en sus respectivos sectores.
«Entramos en Lanzadera en 2015, en su tercera edición. Apostaron por mí cuando era un investigador sin experiencia en emprendimiento. Lanzadera me sirvió para entender un modelo de gestión que es aplicable a cualquier compañía si lo ejecutas rigurosamente». Las palabras corresponden a Ángel Alberich Bayarri, fundador y CEO de Quibim, donde desarrollan herramientas de inteligencia artificial aplicada al análisis de imágenes médicas.
Con el tiempo, Angels Capital entraría como inversor en la sociedad, un papel sobre el que Alberich Bayarri tampoco escatima en elogios: «Siempre ha sido ese socio inversor que a todo emprendedor le gustaría tener. Sin prisas ni presiones por el retorno del capital y siempre dispuestos a acompañarte y dar su apoyo a lo largo del proyecto, tanto en los momentos malos como en los buenos. Nunca los he visto al otro lado del mostrador, sino al lado».
Fran Villalba es CEO y fundador de Internxt, una empresa tecnológica que nació hace seis años con la visión de construir un internet privado y seguro, donde los usuarios mantengan el control de sus datos. Hoy Internxt cuenta con una plantilla que supera las cuarenta personas, con Estados Unidos como principal mercado. Sin embargo, Villalba está convencido de que «sin Lanzadera, hoy Internxt no existiría».

- Fundadores de la startup Shakers.
Fran entró en Lanzadera en 2020, con una vaga idea de negocio, con los estudios universitarios recién acabados y sin experiencia emprendedora previa. Reconoce que, errores, los ha cometido todos, cada cual con la correspondiente reprimenda, pero sin que ello reste el mínimo de agradecimiento a la organización. «Con veintiséis años y una empresa valorada en cuarenta millones, el riesgo de fliparte es grande, algo que no me han consentido».
Internxt es otra de las participadas por Juan Roig y, aunque ya vuele sola, Villalba no quiere desvincularse del ecosistema de Lanzadera tanto por razones estratégicas como emocionales. Por Juan Roig confiesa sentir afecto y admiración por esta iniciativa personal. «Él no necesita hacer inversiones ni desinversiones para ganar dinero. Ya lo tiene».
Y si Quibim e Internxt son startups nacidas en València, el de Shakers es un proyecto con base en Madrid, aunque con oficinas y parte del equipo técnico en València. Es una plataforma tecnológica que conecta a equipos tech enterprise en Europa con especialistas sénior validados haciendo uso de la IA. Recuerda Héctor Mata, el CEO, que entraron a Lanzadera recién nacidos, en 2021, siendo apenas un powerpoint. Hoy es una compañía con 125 personas en el equipo y que opera en España, Italia, Francia, Portugal y acaban de aterrizar en Reino Unido.
«Fuimos a Lanzadera porque pensamos que era el sitio al que cualquier persona que esté creando una compañía desde cero tiene que ir, un lugar donde las cosas sucedan. La primera causa fue la formación, pero, al final, lo que más valor nos aportó fue su ecosistema. Conectar con otras treinta o cuarenta empresas que están en tu mismo punto y los mismos problemas fue muy enriquecedor y evitó el sentimiento de soledad. También la importancia de la cultura corporativa y la mentalidad de mejora continua nos lo inculcaron allí, y hasta hoy».
Al igual que ocurría con Internxt, el equipo de Shakers mantiene una estrecha relación con la aceleradora. «Seguimos colaborando con ellos y siempre que nos invitan a dar una charla intentamos ir».

* Este artículo se publicó originalmente en el número 139 (septiembre 2026) de la revista Plaza