Mmmmm, ¿ese olor?, ¿de dónde procede? Qué aroma. Es de los que te seduce. Me recuerda a la juventud, me transporta a mi madurez, me lleva a un pasado reciente, muy reciente. Tantas veces sentido. ¿No lo huele? Son las elecciones. No están a la vuelta de la esquina, pero ya se percibe el perfume.
Todo dependerá de Pedro Vilches, el todopoderoso presidente, el que está rompiendo España, el que regulariza a todos los inmigrantes y el de la corrupción. Solo en su amueblada cabeza está la respuesta de si adelantará elecciones, ante la atenta mirada del candidato de Nox, Jacobo Carrascal, que, a pesar de su casposo neofranquismo, le ha comido la patata a la derecha cobarde que lidera la madrileña, adalid de la libertad y de la insumisión fiscal, Manoli Sanabria. Jacobo, o el grimoso machirulo del Atleti, y Pedro son los favoritos. A no ser que la Justicia tome cartas en el asunto y mande a la cárcel a algún expresidente cejudo o a otro secretario general de los zurdos. Aunque cabe la posibilidad de encontrar alguna jueza despistada y progre que investigue de dónde sale el dinero de la Españíiiia que madruga.
El olor está frente a mis fosas nasales. Vilches ha convocado elecciones. Mis dudas se multiplican. ¿A quién voto?, ¿fachas?, ¿rojos?, ¿nacionalismo?, ¿al Partido Comunista de las Tierras de España? Un día voté a Vecinos (Vs). Un partido capaz de pactar con unos y otros. ¿Cómo se llamaba el jovencito ese? Sí, joder, el que resultó ser un Berlusconi de Zara. Alberto Vidriera. Eso. Qué inútil. Qué ambición desmedida. Bueno, como todos.
Me desvelo. Sudo. Duermo. Es tarde. Qué día más bueno, cómo brilla el sol. ¿No es un poco raro para el mes que estamos ya tanto calor? Cierro el Espotifai. ¿Cuántas veces habré escuchado el Lobo López de Kiko Veneno? Ducha. Ropa. La tengo en la mano. La papeleta. El sobre. Café, de cafetera italiana. Tostada con tomate y jamón. Sobre. Lo sé, voto a la contra. Pero ¿qué mierdas hago? Vota contra todo lo que representan, contra sus políticas, contra sus mierdas. Es así. En qué me he convertido. Yo, amante de la política, firme defensor de la discrepancia, del respeto al otro. Adalid de la alternancia. Ya no soy capaz de conversar con aquel. Me supera el fanatismo del que no escucha, del que cree tener razón en todo, del que solo ve mierda en el contrario. Del que cree al subnormal influencer agitador de turno. Tampoco puedo defender a quien ve lawfare por doquier. No sé. Todo es tan guarro. Lo han conseguido. Votaré a la contra. Espera, ¿votar a la contra con el único propósito de que gane el candidato o bloque contrario al que oposito? Cáspitas, ¿eso es extremismo? Machismo y feminismo son igual.
Evítate problemas y procura equilibrar. Abajo la homofobia y la homosexualidad. Extremismo mal. ¿Se me ha vuelto a encender el Espotifai? No, es el de mi mujer. Ella está enfadada. Como yo. Estamos jodidos por cómo y a quién votar. ¿Votará a la contra?, ¿en blanco?, ¿escribirá una carta dirigida a los componentes de la mesa electoral agradeciéndoles su trabajo? Lo hice una vez. También voté a John Lennon. Y a aquellos, y a los otros, y a los del medio. A todos menos a dos. Extremismo mal vuele a sonar. Ojete Calor.
Torrente, la caricaturización de la política dirigida por Santiago Segura describe bien el escenario en el que nos movemos. Su propio producto ha sido víctima del clima en el que nos han situado. Lo que me arde es que muchos de sus chascarrillos me los he topado en bares y otros lugares. Y esto no es producto de un hartazgo social. De una repentina inquietud. Nada es casual. Y ellos quieren, o lo parece, que votemos a la contra. Incluso hay quien vota en contra de sus intereses. La derecha que madruga empuja, pone en duda la democracia, golpe de Estado en marcha, acusan. Meten mierda con las personas inmigrantes. Ponen en duda los derechos fundamentales. Si han hecho lo que han hecho en su propio partido con los díscolos, imaginen lo que pueden hacer. Son capaces hasta de aplaudir al papa. ¿Y la derecha cobarde? Esa que no ve necesario que su líder sepa hablar en público ni en privado, parece. Pues ahí anda, copiando los argumentos de Vox. El pueblo prefiere al original. Aviso.
¿La izquierda a la izquierda?, ¿se matarán entre ellas? ¿Y Pedro? Peter es el puto amo. Es el que no se sonroja cuando le dicen a la cara que ha mentido. Bueno es él. Usted cree que se va a poner nervioso cuando va en el cable de un centímetro de grosor cruzando toda la legislatura. Si mintió con Puigdemont, con Bildu, con todo. ¡¡¡Si metió a una ministra de fiscal general del Estado!!! Si ha hecho de TVE un TelePedro en toda regla. Por cierto, que nadie se extrañe que, cuando lleguen los otros, ese ente se convierta en el NO-DO. Nadie podrá quejarse. Todo mal. Pues eso. ¿Votar en contra?, ¿y en contra de mis intereses? No. Sí. Voy a preguntar a la inteligencia artificial. Rafa me recomendó que escuche un pódcast. «La democracia del futuro no tendrá políticos, tendrá bots». ¿Se imagina? Agentes votando a la contra.
* Este artículo se publicó originalmente en el número 138 (julio 2027) de la revista Plaza