Los amigos que perdí

Opinión

Revista Plaza Principal

DIVINAS PALABRAS

Pedro Sánchez nos ha hecho peores personas. Su política de tierra quemada ha radicalizado a derechas e izquierdas. El procés catalán, que dividió a la sociedad, se ha extendido al resto del país. Por el camino dejamos viejas amistades

Publicado: 12/10/2026 · 06:00
Actualizado: 12/10/2026 · 06:00

Salvador Dalí sostenía que un hombre de cuarenta años, si aún viaja en metro, es un fracasado. Tengo más edad, así que, indudablemente, soy un hombre fracasado. En realidad, todos lo somos antes o después. Es cuestión de tiempo.  

El otro día viajé en metro. Iba a dar un garbeo por el centro de València. En el vagón, la mayoría eran extranjeros, como siempre. Me pareció que en el coche contiguo viajaba una persona que consideré amigo en el pasado. Por un momento pensé en saludarlo, pero lo deseché. ¿De qué podíamos hablar al cabo de tanto tiempo? La conversación hubiera sido incómoda, sin saber qué decirnos. Es curioso cómo todo cambia. Hace años hablamos de literatura y vida en largas sobremesas, siempre en el mismo restaurante italiano. Aquellas tardes rozaron la felicidad.  

El vagón se llenó de pasajeros. Me extrañó que un vecino de l’Eixample viajase en metro, pero como todo se ha venido abajo, no descarto que así fuese. Cuando se despejó el vagón de gente, volví a mirar su asiento, pero no estaba. ¿Sería él? Tampoco importa demasiado. Una noche discutimos en Aquarium por cuestiones ideológicas. Una estupidez. Defendió al Gobierno de forma militante e histérica. Fue una conversación desagradable. No volvimos a quedar. Una tarde, días después de la riada, coincidimos en la calle por casualidad. Quedó en llamarme en Navidad para vernos. Meses después, borré su teléfono.

En verano traté con una mujer de mi edad, vecina de Alboraia. Todo iba bien hasta que me hizo una pregunta 'delicada'. «Dime», le respondí. «¿Eres de derechas o de izquierdas? Para mí es importante saberlo». «Soy apolítico». «Es que yo soy muy roja». «¿Qué es ser roja en 2026?». «Defender los mismos derechos para todos y recordar lo que pasó hace noventa años». «¿Qué pasó hace noventa años?». «Sólo hay una verdad sobre lo que sucedió». «En la historia no hay una sola versión de los hechos; la historia, por definición, es controvertida, sujeta a distintas interpretaciones». Ahí acabó todo. Antes me confesó que la habían contratado para cuidar a una mujer mayor, tres horas al día, en negro. Era parada de larga duración.  

Con amigos y compañeros me conduzco con prudencia. Salvo si son de mi cuerda, evito la política. Así me pasa con una amiga de Madrid, afiliada a UGT. Es razonable hasta que oye hablar de la señora Ayuso. Cuando viajo a la capital, evito llamarla.  

El enfrentamiento entre españoles por culpa de la política se vivió antes en Cataluña, durante el procés. Familias a cara de perro, amistades rotas, parejas divorciadas, compañeros que se retiraron la palabra. El tejido social se rompió. Esa fue la factura. Estas heridas tardan en sanar. El procés se ha trasladado al resto de España, por decisión de nuestros gobernantes. Les conviene que haya tensión. El presidente avisó que levantaría un muro contra la mitad del país. Cumplió la amenaza. Todo aquel que lo rechaza es fascista. Tampoco en esto es original. Existen los precedentes de la Venezuela chavista y la Argentina de los Kirchner.  

Cada cual vive la polarización a su manera. En mi caso, evitando la política como tema de conversación y alejándome de los fanáticos. Me apena que mi país avance hacia un enfrentamiento civil, instigado principalmente por el hombre que maneja el poder desde hace ocho años. El presidente, cercado por los escándalos, al frente de un gobierno en descomposición, fía su continuidad a tensionar el país hasta extremos insoportables. Sánchez ha sacado lo peor de cada uno: ha radicalizado a los votantes de derechas e izquierdas. No le importa amenazar la convivencia si con ello salvaguarda sus intereses personales. 

En caso de haberlas, sea cual sea el resultado de las elecciones de 2027, el mal está hecho. España saldrá aún más dividida de las urnas. Los viejos demonios, que creíamos olvidados, han vuelto a tomar el timón de nuestra historia. 

 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 140 (octubre 2026) de la revista Plaza

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo