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VINOSOFÍA

Algo inédito pasó en las celebraciones tras la victoria en la Copa del Mundo: aparecieron futbolistas descorchando botellas (caras evidentemente). Toda una provocación en plena cruzada antialcohólica que amenaza el vino

Publicado: 21/10/2026 · 06:00
Actualizado: 21/10/2026 · 06:00
  • Marcos Llorente y Ferran Torres disfrutando de un vino en un yate.

Ganar un mundial es un lujo (a mi decadente selección, la italiana, ya le valdría con disputarlo), ganarlo contra un equipo tosco y correoso como Argentina es cuando menos inebriante, así que resulta lógico que apareciera el fruto de Baco en las celebraciones posvictorias. Si de motores estuviéramos hablando, torrentes de burbujas habrían rociado a los ganadores, aquí, sorprendentemente, relució un unicornio disfrutado por el wine-lover Marcos Llorente y sus compinches Ferran Torres y Marc Pubill.

El vino en cuestión, un Château Rayas del 2014, una de las máximas expresiones mundiales de la garnacha, es efectivamente un producto anhelado por casi todo enópata, aunque como siempre la prensa sensacionalista se pasó tres pueblos con la valoración del mismo. Consultar internet o la idiotez artificial —la inteligencia artificial— en estos casos es falaz, porque los precios son el resultado de la absurda especulación que afecta a ciertas etiquetas en la red.

Espero que el buen Llorente, que ya no es un neófito en el mercado vinícola, haya adquirido la botella en cuestión por muchos menos de los 1.500-2.000 euros que se mencionaron en prensa y redes. Aunque en su caso es un precio asequible, me parece un insulto al sentido común pagar ciertas cifras por botellas que mis cinco lectores deberían saber encontrar a precios razonables (ya no doy más pistas, habrá que tirar de hemeroteca).

El quid de la cuestión es que en un momento álgido de cruzada antialcohólica, tres deportistas de élite se permitieron el lujo de hacer lo que la cultura helénico-romana viene haciendo desde miles de años: celebrar con vino los cada vez más raros momentos de regocijo. Ya me imagino a los inflexibles defensores de las bebidas azucaradas (el gran enemigo) y del agua (el próximo petróleo) indignándose ante semejante provocación. Me parece incluso raro que no hayan exigido la retirada del post incriminado de las redes sociales, con la excusa de proteger a niños y adolescentes. Personalmente puedo discutir la elección de vinos tan elitistas (en el festín aparecieron otros 'pepinacos' difícilmente alcanzables para el bebedor al uso), pero es cierto que ganar un mundial es un evento único (incluso para Leo Messi) y que la escasez de tales vinos te ahorra pasar un mal trago como el que tuvo que padecer hace poco el también futbolista Raúl Asensio, defensa del Real Madrid, con la Benemérita o la Guardia Urbana.

Me fascina la idea de que jóvenes atletas, ídolos y referentes de millones de menores, puedan disfrutar de nuestra bebida favorita y jactarse de ello en público. ¡Ojalá crezca el consumo (responsable, como le recuerdo constantemente a mi hijo) de vino entre teenagers y decrezca el número de tatuajes! A los talibanes del healthy les supondría un esfuerzo inane intentar demonizar a estos fenómenos mediáticos. Volver a acercar a los jóvenes al consumo concienciado de vino, ofreciendo producto de calidad, fácil de beber y barato, sería un planteamiento pragmático para nuestros pusilánimes políticos mediterráneos, que se dejan encandilar por los anglosajones fariseos y sus contradictorias investigaciones publicadas en Science o Nature, mientras sus empresas multinacionales inundan el mercado y el hígado de nuestros chavales con destilados de todo tipo.

Pero, claro, para que las nuevas generaciones utilicen el vino para festejar y no para aturdirse u olvidar, habría que darles razones para el optimismo y la alegría, y aquí el problema se vuelve peliagudo...

Salut!
 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 140 (octubre 2026) de la revista Plaza

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