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Ricardo Alcaide: «Las instituciones están apostando por el diseño, y el ejemplo está en la calle»

14/02/2018 - 

VALÈNCIA.- Desde un nuevo estudio en el barrio de Benicalap, el diseñador valenciano afronta proyectos de producción de espacios que le han llevado desde su ciudad natal a trabajar para el gobierno chino.

—Su último proyecto le ha llevado desde el Carnaval de Las Palmas a China. ¿Cómo surge este puente aéreo?

—Digamos que es una casualidad buscada. Por trabajos previos, conozco en 2013 al director del Carnaval, que por aquel entonces mantenía contactos profesionales con China. Uno de sus clientes mostró interés en mi trabajo y viajó hasta València para conocerme. A partir de entonces comienza una relación en la que yo remito diseños y ellos producen. Más tarde surge la oportunidad de integrarme en un equipo artístico, trabajando el diseño de la escenografía de una ópera,  que coincide con la celebración de un congreso nacional promovido por el Gobierno Central de Beijing en la provincia de Shangdong. Fue un proceso con un arranque lento, con interrupciones, para alcanzar posteriormente velocidad de crucero. En China el tiempo de producción es muy rápido debido a que cuentan con muchísimas manos a la hora de trabajar.

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—¿Resultó sencillo llevar a buen puerto un proyecto de esa envergadura?

—La principal dificultad residía en que construíamos en Shanghai pero el estreno estaba programado en Binzhou, a 1.200 kilómetros de distancia.

—Su primera producción profesional también tuvo como destino el teatro.

—Efectivamente, para el Teatro Romano de Mérida. Posteriormente he desarrollado proyectos para obras teatrales en València o en el Teatro Capitol de Barcelona. Y en estos momentos ando trabajando en un musical en Madrid y en un proyecto para el actor Sergio Caballero, que se estrenará en octubre en València. 

—Últimamente ha trabajado para Expojove, Gran Fira de València, la Cabalgata de los Reyes Magos, etc. ¿Ha cambiado el modo en que las instituciones perciben el diseño?

—Es muy evidente. Es demostrable, por ejemplo, en la faceta artística de la Cabalgata. Se ha dotado de contenido y empieza a ser una Cabalgata conceptualmente artística. No solo gracias al diseño sino también debido a la inclusión de un componente actoral y teatral. Y eso llega: la directora artística de la Cabalgata de Madrid se ha interesado por la de València. Otro ejemplo son las llamadas a proyecto fruto de la colaboración entre Ayuntamiento y ADCV. Creo que se está apostando por el diseño y no se trata de un tópico, la prueba está en la calle. 

—Otro proyecto público es la campaña de lectura de Bibliotecas Municipales de València, en el que vuelve a colaborar con Estudio Nueve.

—Nos complementamos muy bien. Ellas trabajan el apartado gráfico mientras que yo aporto el componente técnico, de producción, y un lado creativo en el apartado formal. A partir de este punto de arranque hemos colaborado, por ejemplo, en el estand del IVAJ en Expojove, que recibió el galardón a Espacios Efímeros en la última edición de los Premios ADCV. La última colaboración que he desarrollado, en cambio, ha sido con Estudio Vibra en un proyecto para la Feria Nacional del Vino (Fenavin).

—Usted es un diseñador gráfico que ha terminado en el diseño de espacios y volúmenes.

—Todo viene a raíz de mis comienzos profesionales en una agencia de publicidad en la que proyectábamos el espacio expositivo para la compañía Smoby, en la Feria del Juguete de València. Por otro lado, tampoco he tenido ningún proyecto de diseño de producto al uso encima de la mesa, aunque he trabajado en las labores de prototipado de piezas de mobiliario para Viccarbe, por ejemplo.

—¿Su relación con el mundo de las Fallas ha quedado atrás?

—Totalmente. Mi trabajo con las Fallas me sirvió en su momento para mantener una estructura de taller. Me gustan las Fallas, la intervención en el espacio público que provoca y la colaboración con creadores del calibre de Ana Juan, Lina Vila o Pascual Peris. Dejé ese mundo simplemente por rentabilidad. Cerré taller y me vi obligado a pensar otra manera de crear y producir.

—¿Hay posibilidad de que vuelva a este campo?

—Me han llegado propuestas y he colaborado como ‘productor’ de fallas, ya que artista no soy: la parte artística y pintura eran mías, no así el modelado. Volvería en el caso de que mi propuesta creativa fuera aceptada por la comisión y, claro está, que el proyecto fuera rentable. Pero en mi opinión, el proceso creativo de una falla es demasiado largo para el presupuesto que se suele manejar.

—Ha hablado de ocupación del espacio público. A veces tengo la sensación de que en València se ocupa sin demasiado criterio, tapando visuales o afeando edificios representativos.

—Para que esa ocupación se realice con un criterio adecuado hace falta muchísimo trabajo. Hay tanta contaminación visual dentro de la ciudad que se me antoja muy complicado establecer unas bases fieles a través de las cuales se entienda perfectamente la relación que tendrá un proyecto de ocupación de espacio urbano con el entorno en que se enclava. Un ejemplo ad hoc es la propuesta que realizamos desde ADCV en la plaza del Patriarca de València. No solo se buscó que quedara bonito en la foto, se consiguió que la integración con el entorno urbano no fuera invasiva.

—¿Hacia dónde va su futuro profesional?

—A continuar con la labor que he realizado hasta ahora y ampliar miras a través de un proyecto paralelo en el que trabajaré el diseño de espacios con un factor creativo muy grande en la dirección de arte. Ibán Ramón está trabajando en la identidad corporativa. Creo que será algo muy bonito pero hasta que no esté todo atado prefiero guardar cierta cautela. Lo contaré con pelos y señales en la siguiente entrevista. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 40 de la revista Plaza

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