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El río de Heráclito de la Educación española

Foto: ROBER SOLSONA/EP
15/09/2022 - 

Cuando yo estaba en el colegio, la lengua extranjera obligatoria pasó de francés a inglés. Fue el profesor de francés quien recibió la orden de impartir lengua inglesa. Eran otros tiempos. Aquel hombre no tenía ni idea de inglés, pero tal y como se veían las cosas en aquel momento le correspondió impartir la nueva asignatura. Era su puesto de trabajo y debía amoldarse a los cambios del currículo. Aunque el cambio fuera una lengua por otra. A fin de cuentas ambas eran una lengua extranjera. Si se hubiese decidido dar chino mandarín, también le habría tocado lanzarse a enseñar chino mandarín.

Todavía recuerdo las primeras frases que aprendí en inglés: This is Mary. She is fat. This is Philip. He is tall. This is Jane. She is beautiful… pronunciando la mayoría de las palabras tal cual se leen en castellano. Porque así era como las escuchaba cuando leía el profesor: “Sé is beautifúl

Aunque pueda sonar extraña, la anécdota no me la estoy inventando. Como he dicho, eran otros tiempos. Parecía lógico que el profesor de francés, por afinidad y para no perder su trabajo, impartiera inglés. Educación lo vio normal, los padres lo vieron normal y nosotros, pues qué sabíamos nosotros. Recuerdo que hacíamos bromas y a veces pronunciábamos peor aún para burlarnos del maestro pues era obvio que no tenía ni idea del idioma que enseñaba.

Mi inglés hoy en día es horrible. ¿Qué otra cosa podía esperar? Mi inglés es una imagen perfecta del fracaso de aquel sistema educativo.

Pero eran otros tiempos…

Foto: MARÍA JOSÉ LÓPEZ/EP

O tal vez no. Tal vez las cosas no cambian tanto. Cambian los nombres (lode, logse, loce, loe, lomce, lomloe…) pero en el fondo, en varias décadas, nada ha cambiado del todo. Vivimos en el río de Heráclito de la educación española donde cada cuatro años más menos la ley cambia sin cambiar apenas nada: detalles anecdóticos como si la nota de Religión cuenta o no para Bachiller. Gobierno tras gobierno lo mismo: partidos peleándose unos con otros y cambiando leyes unilateralmente sin negociar ni con la oposición ni con los profesores, como si los docentes no pintásemos nada en esto de educar cuando somos nosotros los que estamos cada día al pie del cañón.

Estos últimos años está ocurriendo algo similar a lo que ocurrió con el maestro de francés. En el instituto donde trabajo, profesores de Matemáticas deben impartir Biología. Y viceversa. ¿Qué tienen que ver las ecuaciones de segundo grado con las mitocondrias? Nada. Lo mismo que “belle” con “beautiful”. Otras opciones valoradas fueron que yo, profesor de Castellano, diese inglés. ¡Yo, hijo malogrado de la enseñanza pública de idiomas! ¡Y además en un instituto donde muchos alumnos van desde niños a academias e incluso a estudiar al extranjero! Habría sabido menos que mis alumnos…

La cuestión es que no nos podemos escapar. La ley dice claramente a los institutos “Apañaos como podáis pero tenéis que dar ámbitos. Si os encajan, bien. Si no, pues ya veis vosotros”. Con otras palabras, pero eso es lo que dice. Y mal que le pese a la directiva de los centros (no habría querido estar en su lugar) deben encontrar profesores que den ámbitos. O sea, que den materias de las que a veces no tienen ni idea.

¿Unimos Música y Educación Física? A fin de cuentas con la música se baila, ¿no? 

¿Música y Plástica? Las dos son asignaturas artísticas, unos expresan con notas y otros con colores…

¿Y Biología con Educación Física? Los de Educación Física trabajan con el cuerpo y la Biología estudia el cuerpo…

Estos argumentos que pueden parecer humorísticas son exactamente los que se han discutido en los claustros, que llevan años siendo absolutamente ridículos. Es la realidad de los centros educativos intentando adaptarse a una ley que no tiene ni idea de la realidad de los centros educativos. Porque por mucho que nos empeñemos, y os aseguro que en mi centro hay grandes profesionales que se han empeñado, las ecuaciones de segundo grado y las mitocondrias no tienen nada que ver. Así que al final los ámbitos entre asignaturas que solo son afines en el papel se convierten en dar unas horas de una materia y otras de la otra materia. O sea, lo de siempre pero peor, porque el profesor que imparte las horas de docencia solo es especialista en una de las asignaturas que enseña.

Mal que le pese al gobierno, la mayoría de los institutos se han encontrado con el mismo problema: falta de personal cualificado para impartir un ámbito con asignaturas poco afines. Porque es posible que en algún centro haya un profesor que, por cosas del destino, haya estudiado una doble titulación de Historia y Valenciano o de Biología y Tecnología. Pero seamos honestos, no es lo normal.

Los ámbitos, tal y como están planteados, no tienen sentido. Este año muchos institutos los han aceptado como mal menor ante el caos que se podía producir después de haberlo montado todo (horarios, grupos, aulas…) pero pocos docentes defienden la obligatoriedad de dar materias que jamás han estudiado.

Y entonces alguien dirá que para eso está la codocencia: para que los profesores de diferentes asignaturas se ayuden. Pero la codocencia no quita que cada profesor sabe de lo suyo y que la ayuda en el aula es más bien estar de cuerpo presente mientras el especialista enseña su materia y, como mucho, ayudar a alumnos con problemas, que es lo que debería hacer un pedagogo terapéutico. Porque no, los profesores tampoco somos pedagogos terapéuticos. La mayoría solo tenemos una carrera y el máster de rigor para dar clase. No nos ha dado por sacarnos una segunda carrera, ya ves tú.

Foto: EFE

Tengo una propuesta. Al año que viene podrían contratarse más pedagogos, porque ya que ha salido el tema, estamos muy necesitados de ellos. Desde hace algunos años, la inclusión trae a los institutos niños con todo tipo de diversidades para ser educados por profesores sin formación adecuada para tratarlos. Como siempre, las leyes quedan bien en el papel: inclusión, igualdad… pero sin medios son un fracaso. Necesitamos más pedagogos que ayuden a la inclusión real del alumnado diverso.

Por otro lado propongo ámbitos con codocencias donde el profesorado de matemáticas pueda impartir matemáticas y el de biología, pues biología. ¡Esos ámbitos sí funcionarán! Y os aseguro que no soy un rancio de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Al contrario, creo que la educación necesita una buena reforma. Pero no esta, que no solo merma la calidad del sistema, sino que es un maltrato y una falta de respeto hacia el profesorado, obligado a hacer el ridículo como lo hacía aquel maestro de francés que me enseñó a “espeak englis veri güel”.

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