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el cudolet / OPINIÓN

Salvemos de las fabulaciones el "Arca de Noé"

24/10/2020 - 

Uno en la vida acaba caracoleando muchas de las filias o filiaciones de nuestros progenitores. Herencias o testamentos recibidos, que en mi caso, menos que más, da igual de donde procedan y de la remesa que sean, después de haberlas colgado en el perchero del armario las sacas a airear. Apolillada, la tauromaquia es una de ellas. A mi padre, siendo mayor, le unía con tal Fiesta Nacional el mando a distancia. Es un vago recuerdo que tengo, verlo enchufado al televisor y a una máquina de hemodiálisis reciclando la sangre. Cualquier feria taurina que echaban a la tarde en la caja negra la veía sin perderse ni un anuncio, y eso que padecía de próstata. Jamás he pisado una plaza de toros salvo para disfrutar de un concierto de música o acudir a un acto político. Tampoco he prestado ni un minuto del reloj a leer crítica alguna sobre la fiesta, ni he corrido con alpargatas delante de una res. Me quemaba la situación. Ni he cazado. Ni soy cazador. Ni he pescado. Ni soy pescador. No me gustan las angulas, ni las anguilas.

La semana ha dado para opinar y escribir ríos de tinta en clave nacional o local tras la fallida moción de censura al gobierno o el debate del estado de la ciudad. No lo voy a hacer, prefiero levantar la voz en defensa de los animales. Hace unos días la Generalitat presentó ante la sociedad valenciana el Anteproyecto de Ley sobre protección, bienestar y tenencia de animales de compañía, noticia que pasó inadvertida. Desde muy pequeño, siendo el menor de mis hermanos, me costó mucho calzar el hogar familiar de animales de compañía. Lo logré a medias y solo en época estival, en el chalet, ocultándolos en el fondo de los cubos de basura donde guardaba la pinocha barrida, para evitar las regañinas de mis progenitores por cuidar de los gatos abandonados que deambulaban las empedradas calles de La Cañada. Ahora le pasa ídem de lo mismo a uno de mis sobrinos, Pepe, un chaval simpático que ama a los animales y que durante todo este verano ha cogido diariamente hasta dos autobuses para venir a casa y pasear a mis canes en mi ausencia.

 Uno de los gatos sometido a la operación de esterilización. Foto: KIKE TABERNER

Vivo con dos perros, Robin y Pyra, adoptados, por supuesto, pero sin haber ejercido la brillante y soberana función del rescatista. Me lo pusieron fácil, me los dieron en bandeja, no pude decir no, mientras ellos daban sus primeros pasos para cruzar el umbral de la puerta. La futura ley presentada por el gobierno valenciano es más exigente, complementaria y severa con los ciudadanos que hemos elegido libremente vivir con animales domésticos aumentando con más miembros la unidad familiar. Esperemos que estas medidas, urgentes y necesarias, arriben para mejorar la vida de ellos. Como ciudadano encuentro que esta ley sigue desamparada e indefensa ante los daños colaterales generados por las incomprensibles corridas de toros. Dichas escenas dantescas, patrimonializadas como Fiesta Nacional y protegidas por leyes estatales, eclipsan las decisiones adoptadas en los parlamentos de los landers regionales sufragados por las voluntades populares. Descentralicemos la justicia.

El caso catalán, con la sentencia dictada por el Tribunal Constitucional ante la prohibición de las corridas en la patria chica de Antonio Gaudí, fue prueba de ello.  Por cierto, en Canarias ya no se celebran desde hace décadas. Es el momento de avanzar un poco más en el derecho a que cada autonomía decida el futuro de la vida del toro. Un paso más en democratizar las tradiciones españolas o fiestas populares.  La españolidad no se debe medir con la cinta métrica de llevar la enseña rojigualda más ancha atada a la muñeca, por ir a una plaza de toros o lanzar salves de viva al Rey. Pese a mi desafección con la fiesta, o por no sentirme identificado con la Monarquía rechazándola totalmente y por cubrir la mitad del rostro con una mascarilla sin logo, sigo siendo igual de español, patriota o hispano que el resto. No debemos seguir escribiendo más episodios nacionales negros y dejar de parafrasear aquella célebre reflexión de para vosotros el dolor, para nosotros la gloria. Avancemos en el tiempo sin escrúpulos, con valor, decisión y no fabulando con los animales. Noé nos lo agradecerá.

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