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'Anniversary': nuevo género del cine de terror, ¡que vienen los fachas!

Una película o distópica o realista o ambas trata la caída de EEUU en el fascismo

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VALÈNCIA. Nunca jamás en mi vida había visto al contexto influir tanto en la percepción de una película. Que esto sucede es algo obvio, muchas películas que viste hace treinta años igual no resisten el paso del tiempo, desde tu perspectiva, y otras que te parecieron insufribles de repente te pueden fascinar. Por ejemplo, mi primera vez con Wong Kar-wai fue como una epifanía. Luego no solo me dejó de gustar, sino que me pareció detestable. Y esta navidad, me metí Deseando amar y 2046 del tirón y volví a pillarles el punto. ¿Qué cambió? Quizá el ruido alrededor del director y mis exigencias. Al director ya no lo cita casi nadie y yo, cuanto más viejo, más lenguajes cinematográficos admito y más bien me parece todo, en general, si el que lo hace se lo pasa bien. Continuamente hay cambios que modifican la percepción.

Pero esta sería una perspectiva artística. Lo que ocurre con Anniversary (Jan Komasa, 2025) tiene que ver con la perspectiva política. Si esta película la hubiese visto en los 90, me parecería de serie B, carne de rincón oscuro del videoclub; en los 2000, posiblemente hubiese dicho que como telefilm no está mal; en los 10 me habría parecido onanismo de los campus de elite estadounidenses, que en gloria estén, pero ahora, en 2025, me ha parecido escalofriante. Verdadero terror. Me ha dado genuino mal rollo, no he despegado los ojos de la pantalla ni un minuto y he sufrido en un sentido literal: me dolía la tripa viéndola.

Es un caso parecido al de Eyes Wide Shut. Mucha gente está diciendo que la ve con otros ojos ahora, después de que el escándalo de Epstein esté más documentado todavía. Pero en el caso de esta película no es algo que haya pasado, es algo que tememos que va a pasar. Como contábamos la semana pasada, en Estados Unidos se están jugando que deje de haber elecciones, o que dejen de ser limpias y se conviertan en una verbena, como en su archienemigo, ahora aliado, Rusia.

Si Estados Unidos solo fuera ese proveedor de modas que los españolitos asumen de forma acrítica, pues, sinceramente, nos daría igual que el reality show que es ese país termine en tragedia como era de esperar. Sin embargo, resulta que toda la arquitectura de defensa de Europa depende de ellos. No solo eso, el mayor enemigo de de las autocracias, las normas iguales para todos y los derechos humanos, somos nosotros. Es decir, en breve podemos estar en  el punto de mira. Desde luego ya lo estamos en una estrategia de financiar a los partidos de extrema derecha locales para que destruyan, los muy patriotas ellos, la Unión Europea desde dentro, para que les hagan el favor a Putin y a Trump. Así que la situación es muy preocupante con todo lo que tiene que ver con el colapso de la democracia en Estados Unidos. The fail of democracy le gustaba decir a sus académicos sobre cualquier otro país.

Como nada que yo haga va a cambiar la dinámica, me lo tomo con humor, pero por no llorar, porque creo que el panorama es crudo. Y la película Anniversary activa todos mis miedos como si me hubieran puesto electrodos en los genitales y girado el volumen al 11.

Dirigida por el polaco Jan Komasa con guión de Lori Rosene-Gambino, lo más alucinante de todo es que esta película ha terminado siendo lo que es de pura casualidad. El director tenía la idea de filmar la vida de una familia mostrando solo los aniversarios, un planteamiento original. La guionista comenzó a trabajar con él escribiendo los enfrentamientos típicos entre hermanos y padres e hijos, introduciendo en la ecuación las relaciones profesor-alumno, pero nada extraordinario. Hasta que llegó la pandemia.

Con los momentos distópicos que vivimos en 2020, Rosene-Gambino lo planteó como la infección que produce un virus, cómo se reproduce y llega a infectar a todo un organismo hasta acabar con él, pero dentro de una familia, no de un organismo. Y luego llegó la actualidad, que ya fue cosa del éxito del movimiento MAGA.

El argumento final es sencillo, Estados Unidos cae en el fascismo, la población pasa a estar hipercontrolada con la tecnología disponible, incluidos drones, en nombre de un patriotismo de nuevo cuño en el que no se insiste mucho dando detalles, pero sí se nos muestra que atrae a los frustrados de la vida que, una vez dentro del movimiento, experimentan la típica psicopatía de los pringaos que se ponen un uniforme y tienen poder por primera vez en su vida. Nada distinto al ICE.

Parece un argumento banal, pero cómo, paso a paso, se va fascistizando el país, créanme, no hace ninguna gracia, porque es muy equiparable a lo que está pasando al otro lado del océano. Para más inri, el virus, la primera infección, está representada por el personaje de una joven escritora a la que incluso le he encontrado cierto parecido con una joven columnista española en auge que gusta de ponerle paños calientes a la extrema derecha nacional con una neutralidad no muy lograda y fingiéndose despistada en las dinámicas históricas de reparto de la riqueza en España. ¡Estamos todos en esta película de terror!

Desgraciadamente, o afortunadamente, la película dispara antes de apuntar en muchos planteamientos y el guión no deja de ser un tanto errático, pero funciona, aunque sea de casualidad, en su cometido de inquietar. La propia guionista reconoce que se ha vuelto mucho más “relevante y aterradora” que cuando la escribió.

Los detalles que más miedo dan son las banderas que cuelgan los vecinos del balcón. El movimiento que ha fundado la citada escritora hace un rediseño de los símbolos nacionales estadounidenses y la gente los exhibe bien visibles en sus hogares. La protagonista llega un momento en que se siente asfixiada por las conversiones masivas que está habiendo en su barrio a la nueva fe, consistente en cepillarse todo principio democrático en nombre de la unidad, esto es, la unidad de criterio y que nadie opine “mal”, que acaba arrancando las banderas histérica y desesperada. Me veo.

No es difícil sentirse identificado con su desesperación cuando hoy eres testigo de cómo los conocidos aceleran de 0 a 100 en cuestión de meses y replican el programa ultra como si fuesen sus ideas de toda la vida. Conozco a mucha gente que en cuestión de un año solo sabe decir “inmigración” y antes no mencionaba ese fenómeno ni por casualidad. La guionista denomina a este género surgido casi por casualidad “cine de terror social”. Le auguro un gran éxito en el sector, porque contexto no va a faltar.

 

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