Series y televisión

EL CABECICUBO DE DOCUS, SERIES Y TV

'Engranages', un culebrón policiaco francés que es televisión pura y adicción insuperable

Una de las series francesas de más éxito en los últimos años es una exhibición de abusos y malas artes policiales que no pretende ofrecer lecturas morales

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VALÈNCIA. Decíamos el otro día que la sobredosis de género policiaco para seducir a grandes audiencias es algo cansino a más no poder y que te conduce a la pregunta de qué narices tiene la mayoría de la gente en la cabeza para adorar tanto el crimen, el delito o la aplicación de la ley. Pero lo grave es que, dicho esto, y viniendo de largo mi hastío, lo siguiente que haya hecho es meterme entre pecho y espalda un tercio de la serie francesa policíaca Engranages, también traducida como Espiral por las plataformas, y gozarlo a lo loco.  

La serie consta de 86 episodios de una hora de duración en ocho temporadas. Yo me he visto tres y he hecho una pequeña pausa para no aborrecerla porque me ha encantado. El Lo mejor que tiene es por su falta de aspiraciones intelectuales o pedantería. Las desigualdades sociales, el racismo y los problemas de la sociedad contemporánea se muestran en crudo, sin grandes reflexiones de cineasta. El que entienda, bien; el que no, que le den, porque este tren no hace paradas. Los capítulos van a una velocidad endiablada. 

Los protagonistas son una unidad de homicidios de la policía, los jueces de instrucción, los fiscales y los abogados. De hecho, me han entrado ganas de ponerme Turno de oficio, la serie ochentera española que trataba un ambiente similar a este. No obstante, Engranages tiene el foco puesto en la acción policial y destaca por su amoralidad. Es decir, los policías muchas veces se pasan los procedimientos por el forro, agreden físicamente a los detenidos de forma sistemática y si tienen que robar pruebas o mentir para cubrirse, porque uno llega de empalmada puesto de cocaína, pues lo hacen, porque lo importante son ellos. 

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No hay nada, ni un solo giro argumental, que afeé estos comportamientos, al menos en las tres primeras temporadas que yo he visto, lo cual es un shock. Impacta ver a la policía soltando bofetones a diestro y siniestro, patadas a detenidos en el suelo durante los interrogatorios, y que esos agentes sean los personajes situados en el centro de la serie, con los que se supone que se ha de empatizar. Es probable que esto se deba a que las primeras temporadas son de 2005, antes de la oleada moral de los años 10 (que graciosamente se ha visto sucedida en los 20 por la oleada inmoral). 

Pero también puede que sea porque los autores son franceses y no necesitan andar subrayándole todo al espectador para que siga confortable con su vida y sus creencias ante toda situación donde puedan ponerse en duda como su tuviese tres años de edad. Es ficción, la policía es chunga, forma parte del espectáculo, y al que no le guste le tiramos al pilón, podría ser su razonamiento traducido a nuestros estándares. 

Lo apasionante, de todos modos, no se encuentra en los métodos expeditivos de los agentes, sino en la corrupción en las instituciones. Se nos muestra una justicia francesa continuamente sometida a interferencias y presiones de corruptos de cuello blanco. Como sabemos que ocurre en España, cuando un juez o un fiscal se “porta bien” y no cumple con su deber empleando para ello argumentos legales psicotrópicos, pues se le asciende como premio y se le muestra un camino expedito hacia las alturas si sigue siendo obediente. No sería difícil imaginar una versión española donde el suavizado de sentencias por corrupción forja la promoción de figuras honorables de la judicatura.

Y más apasionante aún es cómo se cuenta. No se pretende ser HBO ni The Wire ni nada semejante, tampoco sucedáneos a los que estamos tan acostumbrados desde la llegada de Netflix y demás. Esto es televisión pura. De la de toda la vida. Tanto que la primera temporada está a caballo entre la acción y el culebrón, hay frases que se rematan con zoom vertiginosos al más puro estilo venezolano. 

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En la segunda y la tercera se contienen un poco y lo que predomina es la intriga, pero sin tiempo para pensar. Polis y cacos persiguiéndose a toda velocidad y curvas y desvíos argumentales por todas partes, hasta llegar a los dos últimos capítulos que suelen acabar siempre con sorpresa impredecible. Es diversión, sin más, pero es de esas series que sin aspirar a una profundidad intelectual que reflexione sobre la condición humana, logra hacerlo de forma mucho más directa y procaz. 

No sabría decidirme por un personaje favorito. Laure, la capitana de policía, es fascinante porque es una mujer absorbida por su trabajo, gran profesional, pero sin vida personal, lo que alivia acostándose con todos los hombres que le gustan sin mucha emoción sentimental, seulement pour le plaisir. Es raro que veamos personajes femeninos así, que si se nos muestran acumulando conquistas sexuales suele ser para luego dar más peso a la llegada de un príncipe azul. En tres temporadas no hay rastro de él. 

También me encanta Gilou, el farlopero, un policía cuya debilidad son los after, la cocaína y el alcohol, pero buena persona y gran profesional al fin y al cabo cuando no va puesto. Pierre Clement, el fiscal guaperas, me da grima hasta que cae a los infiernos por una falsa denuncia de un chapero adolescente. El juez de instrucción Roban se va volviendo apasionante conforme pasan los primeros capítulos. En él también se nos retrata a un personaje sin vida privada, que lo ha dado todo por el curro y no deja que los corruptos de arriba se entrometan en sus investigaciones porque ya no tiene nada que perder y si le va la vida en algo es en la justicia como ideal. Pero la serie no es tonta, nos lo pinta idealista porque es un desgraciado. 

Ni que decir tiene que el tono general es de realismo extremo, hasta con autopsias medio gore. En ese aspecto es antitelevisiva, se siente a gusto incomodando. De hecho, las únicas críticas que recibió le vinieron por ahí. Era excesivamente oscura, pesimista, nihilista, naturalista y hasta opresiva. Yo solo puedo decir que sí, que es así y que viva, porque además es adictiva, que es lo mínimo que le pido a la pantalla. La he puesto en barbecho, pero cuando la acabe volveré a darles la chapa con ella. 

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