La mejor serie de ciencia ficción del momento: 'Silo', un 'Perdidos' pero con lógica

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EL CABECICUBO DE DOCUS, SERIES Y TV

Una distopía sobre la humanidad viviendo bajo tierra que va introduciendo elementos de la actualidad para enriquecer sus tramas, como los milmillonarios y los algoritmos

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VALÈNCIA. Comentábamos en esta columna que la última temporada de Silo tenía como puntos fuertes que estaba cocinada a fuego lento, no tenía ninguna prisa por desvelar sus misterios, no había grandes golpes de efecto, pero eso no quería decir que no avanzasen. Hoy alargar los argumentos es un recurso fundamental para las plataformas, necesitan ante todo que el espectador esté pegado a la pantalla el mayor número de minutos posible y, si la trama da o no da o si la historia se cuenta en más o en menos, no importa. Todo chicle debe ser estirado al máximo, esta es la única premisa.

En Silo nada de eso estaba ocurriendo, aunque la han acusado de lenta, pero en su tercera temporada se han ido explicando los sucesos que marcaban los primeros capítulos y lo que hemos tenido es un espectáculo trepidante. Ha merecido la pena realmente llegar hasta aquí con paciencia, una virtud que se va a poner a prueba esperando hasta el verano que viene a que llegue la cuarta temporada. 

Si me lee por primera vez, sepa que Silo es parecida a Perdidos en sus trucos. Aparece una civilización humana que vive bajo tierra en un futuro distópico, pero no sabe por qué. Conserva vestigios del pasado, como antiguos juguetes, pero la organización que gobierna los silos los persigue para eliminarlos porque está prohibido recordar. Como en la Caverna de Platón, los protagonistas se las ingenian para salir de ahí y tratar de entender qué es ese espacio que habitan y por qué. 

La diferencia con Perdidos, que acumulaba huidas argumentales hacia delante constantemente, es que en esta serie, adaptación de la saga de ciencia ficción Crónicas del Silo, todo va cobrando sentido lentamente conforme se avanza. En esta temporada se pone especial atención a lo sucedido en nuestro presente, los motivos por los cuales los “padres” de los que viven en el silo acaban bajo tierra. 

Varios ingredientes nos son cercanos. El origen de todo, por supuesto, está en un tecnoligarca, tecnofascista, milmillonario… como quiera llamarlo. Cuando uno ve los comentarios de Musk o analiza la conducta de Thiel, no está lejos de los delirios de este personaje. La única pena es que no se abunda mucho en su personalidad, no se le trata con la profundidad debida, ya que el argumento prefiere centrarse en un político y una periodista que están en la órbita del caso y, entretanto, se enamoran. 

En un principio, la pasión por esta serie llega por su ambientación retrofuturista. La situación de los moradores del silo, su necesidad de luz para cultivar sus plantas y comer recuerda en ciertos aspectos a Naves Misteriosas, pero los aspectos actuales le han dado otra dimensión. Por ejemplo, todo el dolor que se inflige a la población subterránea, las acciones ejemplarizantes que se toman y la dictadura que se sufre tiene un origen que no nos es ajeno: sucede porque lo dice un algoritmo. 

No es algo premeditado. La serie, que se empezó a emitir en 2023, ha crecido con sus espectadores. Las ideas de introducir inteligencias artificiales y algoritmos empezaron a sugerirse en 2024, al mismo tiempo que aparecían en nuestras vidas, con la estupefacción de los propios guionistas. No obstante, el equipo de escritores, dos años después de trabajar en estas temáticas, se dio cuenta de que las directrices que había marcado Graham Yost, creador de la serie, tenían todo el sentido. Parece que con estos cambios se ha alejado mucho de los libros, pero se ha acercado más a los televidentes actuales. 

Como planteamiento para nuestras vidas, el dominio del algoritmo sobre las personas se basa esencialmente en el control de la información. Aquí, la supuesta IA y el alcalde de turno tienen que estudiar, mediante el uso de datos generados por los habitantes, las mentiras que difunden. Pero cuando todo esto fracasa, porque el algoritmo no es infalible, no queda más remedio que introducir en el agua una vitamina que hará que todos se olviden de todo. Es decir, el poder no se ejerce tanto desde la fuerza como desde el conocimiento. La memoria es la gran enemiga del poder y, al mismo tiempo, el acceso a la verdad es el punto más sensible de esta jerarquía y en lo que más energía deposita para impedirlo. Y también hay un mensaje contundente: tras los algoritmos están los seres humanos.

Por otro lado, tenemos lucha de clases. Ahora por fin vemos cómo es el silo número uno, donde están los que mandan, y es muy distinto de los que habitan el común de los mortales. Las líneas son de diseño, la tecnología es puntera y no tiene nada que ver con el aspecto del antiguo futuro de los demás. La explicación es sencilla, en este se encuentran las mismas personas que entraron, que se mantienen en la misma edad mediante procesos de hibernación. 

De esta manera, tenemos a un grupo de milmillonarios y oligarcas que controlan su envejecimiento para poder volver a salir a la superficie terrestre cuando sea posible porque la atmósfera vuelva a ser respirable, y miles de personas almacenadas en colmenas a las que hay que mantener felices ahí debajo impidiendo como sea que les dé por pensar qué hacen ahí. 

Ese cuidado de los rebaños se hace sin ningún tipo de escrúpulo y por un bien superior, que haya humanos en el futuro, lo que introduce debates éticos que, a falta de una cuarta temporada con nuevas pistas, no son poco interesantes. ¿A veces hay que matar díscolos para conservar la vida humana? ¿No se puede mantener de otra manera? ¿La verdad haría imposible un proyecto de tal envergadura? Y sobre todo da para pensar sobre los que ejecutan el plan, quienes, conscientes de esta realidad, tienen que ser fríos e implacables cuando gobiernan. 

Para mí, una auténtica maravilla. Aunque en Rotten Tomatoes parece que esta es una opinión muy de críticos, que la califican con un 96%, y no tanto del público, que la baja a un 71%. En The Expanse, por ejemplo, con una valoración similar de la crítica, los espectadores cerraban la brecha hasta un 85%. Así que saquen brillo a sus gafas de pasta y disfruten. 

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