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EXPOSICIÓN ANTOLÓGICA hasta el 24 de enero

Sesenta años de historia y emoción a través de la pintura de Antonio López

Fundación Bancaja presenta una retrospectiva de toda la carrera del artista y hace especial hincapié en la figura de María Moreno, su difunta mujer

25/09/2020 - 

VALÈNCIA. Antonio López ha dedicado toda su vida al arte. Nacido al inicio de la Guerra Civil, su vida se ha desarrollado a través de infinidad de turbulentos acontecimientos que sin duda han marcado su condición de pintor y escultor. Entiende la Historia como un flujo continuo de circunstancias de las que extraer distintas sensibilidades. Su obra, si bien escasa, tiene esto muy presente, y bebe de un cúmulo de corrientes y vivencias que en un inicio fueron trascendentales en la aportación que ha hecho y que, con el paso de los años, fueron viéndose despojadas de su estilo, fruto de integrar su sentido más primigenio.

Si hay algo decisivo en la obra de Antonio López, eso es la conciencia del tiempo en España. Durante más de seis décadas se ha dedicado a reflejar nuestra cultura y nuestra historia en sus obras, pero no para reproducir la realidad inmediata. Según él, “para eso ya están los periodistas”. Lo que él ha conseguido es transportar a su propia óptica personal e íntima un entorno tan truculento como ha sido el de la historia del siglo XX en España. Y esa óptica ha estado cada vez más marcada por la simplicidad y reducida a lo esencial y de manera universal. Ahí radica la profundidad de su aportación, en la capacidad de decir tanto a través de un proceso tan cambiante, tanto fuera como dentro de él. 

La Fundación Bancaja ha querido mostrar todo esto con la exposición antológica Antonio López, una retrospectiva que recorre toda su vida profesional. La muestra recoge un centenar de obras del artista, e incluye un apartado especialmente dedicado a su difunta mujer, María Moreno, que falleció el pasado febrero. También pintora, su influencia sobre Antonio López fue fundamental, y el propio artista ha considerado que es indispensable que tenga su propio hueco en la exposición. Se trata de la primera muestra conjunta de ambos artistas, y se podrá visitar hasta el próximo 24 de enero. 

A la presentación han acudido los comisarios del proyecto Tomás Llorens y Boye Llorens, y el presidente de Fundación Bancaja Rafael Alarcón. Ambos comisarios son figuras muy cercanas al propio artista. “No hay día en el que no aprendamos de su sabiduría”, ha indicado Alarcón. Además, el artista también ha contado con la ayuda de sus hijas, Maria y Carmen, en todo el proceso de organización de la muestra. 

Tomás Llorens, comisario de la exposición; Rafael Alcón, presidente de Fundación Bancaja; Antonio López, el artista; y Boye Llorens, comisario también de la muestra.

El cuerpo humano, la ciudad y lo doméstico 

La exposición antológica está dividida en distintas salas agrupadas temáticamente. La pretensión del artista ha sido hacer una distinción en tres partes: el cuerpo humano, la ciudad y el interior doméstico y personal, reflejado a través de las ventanas. Por último, también se dedica una parte al mundo vegetal. 

Según ha explicado el comisario Tomás Llorens, el cuerpo humano es la primera temática de la muestra, pues es “esencial para la tradición del arte occidental”. Además de pinturas en las que el artista ha ido buscando su propio lenguaje figurativo, la muestra presenta un considerable número de esculturas –y bocetos de las mismas- que representan la figura humana desde la niñez hasta la adultez.  

El segundo bloque temático es la ciudad, concebida como entorno de modernidad, e indispensable para entender la manera en que, desde su propia óptica, el artista narra el siglo XX. Llorens señala que “el artista se centra en la ciudad como presencia intuida de una multiplicidad de personas desconocidas y, en definitiva, de vida”. Se aprecia cómo la concisión y la seguridad en el trazo de sus obras es mucho mayor. El artista ahonda en la experiencia perceptiva a través del uso la luz como representación de estabilidad, pero al mismo tiempo evidencia un interior cambiante y plagado de contrastes. Ahí es donde radica la particularidad del artista, en todo ese proceso de cambio que durante toda su vida le enfrentó a lidiar con contrastes. La creciente estabilidad social causada por el descenso de la represión, chocan con una mente mucho más madura que poco a poco deja de lado la capacidad de imitar a los referentes para empezar a crear con una sensibilidad expandida 

La tercera parte de la exposición muestra situaciones domésticas de la vida del propio pintor realista. Así, adornando las paredes de Fundación Bancaja se puede ver cómo plasma con total soltura un váter, una nevera llena de comida o el interior del baño de su casa. Y por otro lado, esta parte de la muestra también cuenta con la presencia de ventanas, que representan la capacidad casi intrínseca del pintor de mirar hacia afuera para descubrir, interpretar y plasmar el entorno.  

En cuarto lugar, la muestra también ofrece una ventana –esta vez metafórica- al mundo vegetal. El comisario explica que Antonio López, en este punto, “se enfrentó con un mundo donde cada línea era inesperada”, algo patente en piezas como El membrillo, donde su trazo es mucho más libre y desenfadado que en obras anteriores. Antonio López explica su “sorpresa constante al dibujar el mundo vegetal”, al contrario que cuando plasmaba el cuerpo humano o la ciudad, donde la técnica era mucho más segura y estudiada. Aquí, en palabras de Llorens, “pintar puede llegar a ser amenazante”. 

'Antonio López'

La necesidad de emocionar a través de la pintura 

La exposición retrospectiva Antonio López comienza en el año 1953, cuando el artista tan solo contaba con diecisiete años. Desde entonces, la realidad que plasma sobre el lienzo siempre le ha generado, en sus propias palabras, “cierta inquietud”. Su lema de vida siempre ha sido “pintar para contar emociones” y habla de la búsqueda de esa emoción como si de un misterio se tratase. “Un misterio que, poco a poco, debe ser desvelado”, explica. Lo aclara hablando de cómo plasma los paisajes urbanos. “Cuando pinto la ciudad, lo primero es hacer un transcripción fiel y rigurosa. Si eso no alberga algún tipo de emoción -que siempre tiene que ver con la influencia de otros artistas previos-, entonces no tiene sentido pintar”.  

Para alcanzar esa emoción, López no busca retratar la realidad inmediata. “En ese sentido, mi pintura es muy poco periodística. No reproduce un sentimiento momentáneo”. Se trata, pues, de buscar una manera más profunda de sensibilizar, que no utilice asuntos de actualidad, sino sentimientos que estén por encima de periodos concretos. 

Y esta es, precisamente, una de las dificultades con las que se enfrentó en su carrera como artista. El comisario e historiador de arte Tomás Llorens lo explica: “Hay que entender que con el surgimiento de nuevas corrientes artísticas, el realismo quedó relegado a un segundo plano a partir de los años 50 y 60 del siglo XX. Algo parecido ocurrió con el dadaísmo, que se formuló a partir de 1918 y rompió de lleno con el cubismo de 1912. Surge una concepción nueva de la modernidad. Una concepción deformadora cortada a fragmentos. Cuando llega lo abstracto, el realismo se anula en cierta medida, ahí la dificultad”.  

Durante la presentación de su exposición antológica, el artista se sorprende de lo mucho que ha cambiado el mundo desde que era joven. En muchas de sus obras se pueden apreciar los paisajes de Tomelloso y sus gentes. “Hoy en día los carros y los burros que yo veía y pintaba han sido sustituidos por coches y motos. Me gustaría volver a pintar Tomelloso, retratar sus cambios, que son los cambios del mundo”.  

'Antonio López'

María Moreno, pintora y referente 

Antonio López habla de su recién fallecida mujer con profundo cariño. La muestra incluye una parte dedicada exclusivamente a sus obras. “Con Mari daba la sensación de que no era pintora -entendiéndolo como un oficio-, sino que vivía con ello, era una parte de su ser”. El artista explica que ese hecho la hizo sumamente libre, mucho más que a él mismo. “No le debía nada a nadie. Yo sí, le debía a Picasso, a los griegos, a una infinidad de artistas... Mari era tan infrecuente como incomparable”. 

También recupera la idea de cómo ha cambiado el mundo a través de la circunstancia de su mujer, aunque desde una perspectiva un tanto arcaica: explica que “la vida del artista es solitaria y difícil” y opina que, si el número de artistas mujeres era minoritario, eso era “porque ellas elegían dedicarse normalmente a la enseñanza en vez de pintar”.  

También afirma que “defendió el espacio de su mujer” y que “la incitó a dedicarse a la pintura y no a la enseñanza desde que vio una de sus obras”. “Lo importante es vivir en armonía. Mujeres y hombres han nacido para vivir juntos como una unidad indestructible”.  

El retrato de la familia real 

Tras la reciente controversia que ha habido con la salida de Juan Carlos de Borbón del territorio español para que su polémica fortuna no fuese diana mediática, ha surgido el debate de si el retrato que López hizo de la familia real debería ser retirado del Palacio Real de Madrid. La opinión del artista, explicitada durante la presentación de su muestra antológica, es muy clara al respecto: “Aquello fue un encargo. La libertad de poder pintar lo que quieras es maravillosa, pero el encargo también está bien”. Explica que el rey emérito hizo el encargo, y que él decidió pintarlos “como a una familia, sin cetros ni símbolos de la Monarquía” 

“Es un padre, una madre y tres hijos, y me encantó pintarlos. Si me lo volvieran a encargar, volvería a hacerlo”, asevera. “Y sobre la polémica de retirar el cuadro por la presencia de Juan Carlos I –opina-, también habría que quitar todos los cuadros del sinvergüenza de Carlos IV”. En resumen, desde su visión “hay que ver el arte”, pues “nos ayuda de otra manera, independientemente de incumbencias temporales”. Y termina con un mensaje: “La experiencia humana no se limita a las anécdotas, va mucho más al fondo. La educación en sentimientos profundos solo la consiguen el arte y la cultura”.  

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