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EL MURO  / OPINIÓN

Sociedad Civil

Existe muchísimo más allá de la cultura oficial. Está la que desde hace siglos lleva aportando una sociedad civil que pese a los cambios jamás ha dejado de estar presente y siempre ha trabajado por enriquecer a su entorno. Es el caso de la Filarmónica

14/10/2018 - 

VALÈNCIA. Muchos años antes, décadas y décadas más bien, y hasta siglos antes de que la cultura y la acción cultural pasaran a manos de la clase política fue la sociedad civil la que veló por su desarrollo, ejecución y protección. Lo hizo de la mano de instituciones vinculadas a la burguesía y la sociedad valenciana, el propio mundo de los artistas y la simple sensibilidad de determinados sectores lo que hizo crecer y desarrollar tanto hitos históricos como programaciones vinculadas a la ciencia, el pensamiento, el debate, el mundo universitario, la música, la tradición o las Bellas Artes.

Muchas de aquellas instituciones que se pusieron en su momento manos a la obra y han mantenido un ritmo más que valioso, que todos deberíamos reconocer de una u otra manera, no sólo han cumplido o superado su centenario sino incluso sus 250 años de historia, como es el caso de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. A ella le observan dos siglos y medio como garante de la educación artística en su momento, así como en la preservación y conservación de nuestro patrimonio, tanto documental como artístico. 

Hoy, por ejemplo, sería imposible entender el Museo de Bellas Artes de Valencia, San Pío V, sin el trabajo que realizó San Carlos conservando un fondo pictórico y escultórico de altísimo valor tanto procedente de la Desamortización como de las donaciones altruista de anónimos y mecenas, como fue el caso de la valiosísima donación efectuada hace un tiempo por el coleccionista y filántropo Pere Maria Orts, ya fallecido.

Pero hubo más. Aún están entre nosotros. Cada uno ha aportado un foco de atención. Me refiero, por ejemplo, a la Sociedad Económica de Amigos del País, el Círculo de Bellas Artes, el Ateneo Mercantil…entidades que han sufrido los vaivenes del paso del tiempo o el desinterés de las instituciones públicas pero que gracias al tesón social y la dedicación voluntaria de sus socios han conseguido mantenerse en el tiempo y continuar con su labor.

Uno de esos ejemplos más significativos de esa presencia y dedicación a la cultura por amor a ella lo representa la Sociedad Filarmónica de Valencia, una de las pocas que todavía sobreviven en España y han ido desapareciendo por la pérdida de socios o el desinterés progresivo del propio mundo político.

Por suerte, la Sociedad Filarmónica de Valencia se mantiene viva, pese a las circunstancias. Bien es cierto que con algo de ayuda pública, pero sobre todo por la abnegada dedicación de sus socios.

La Filarmónica cumplía en 2012 su centenario, pero hasta llegar a esa fecha fue el verdadero promotor de que la música clásica, tanto sinfónica como de cámara tuviera una presencia regular y notable en Valencia. Por ella pasaron los grandes nombres de la música cuando Valencia no disponía de auditorios públicos ni de instituciones oficiales que se ocuparan de su programación y difusión. Ellos representaban la única forma de poder acercarse a la música clásica y a sus grandes protagonistas. Hasta hoy. Por sus programaciones pasaron nombres como los de Renata Scotto, Montserrat Caballé, Jasha Heifetz, Teresa Berganza, Marilyn Horne, Samuel Ramey, Maria Joao Pires, Daniel Barenboim, Rubinstein, Iturbi, Horowitz, Weissenberg…Son sólo algunos de los grandes nombres que dejaron su presencia en esta institución formada en su día por prohombres de la sociedad valenciana, encabezados en su momento por Manuel Candela y que buscaba poner fin a un páramo de actividad cultural en la ciudad de Valencia e intentar mantener en su ciudad a los músicos que salían de sus conservatorios pero estaban obligados por las circunstancias a emigrar. Fue el Cuarteto Petri el primero de los grupos que escribía el comienzo de la historia de esta institución que siempre ha apostado por la calidad y la excepcionalidad pero jamás por lo mediático.

 

Su actual presidente, Juan Vila Llop, siempre ha reconocido   lo complicado que resulta mantener hoy una sociedad privada cuya financiación proviene principalmente de sus asociados y con un presupuesto que a veces en épocas contemporáneas se ha llevado en otros escenarios simplemente una “estrella” por una presencia puntual.

Con la misma ilusión de siempre, aunque sin lograr todavía que las nuevas generaciones se vinculen más con esta sociedad y promuevan un relevo generacional, aún siendo la comunidad de la música y de los músicos, la Filarmónica iniciaba hace un par de semanas su nueva temporada. De nuevo, cada martes propone en el Palau de la Música una cita con la música de cámara. 

Este año por sus veinticinco conciertos del ciclo pasarán nombres como los del dúo de pianos Daniel del Pino y Bartomeu Jaume, la soprano Belén Roig con la pianista Aida Velert, Cuarteto Gerhard, Xavier Torres (piano), Cuarteto Oistrakh, Real Cámara, el dúo Iagoba Fanlo (violonchelo) y Pablo  Amorós (piano), Orquesta de la Comunidad Valenciana con Sandra  Pastrana (soprano), Guillermo Pastrana (violonchelo) y Daniel Abad en la dirección, Ellinor D’ Melon (violín) y Vadim Gladkov (piano), Trío Wanderer, el dúo Iván Zenaty (violín) y Martín Kasik (piano), Cuarteto Amarat y Ona Cardona (clarinete), Cuarteto Arcadia, Zinger Septet, Trío Martini, Ílibert Ensemble, Signum Quartet, Cuarteto Enesco, Quartetto di Cremona, Trío Freinger, Cuarteto Quiroga, Praga Camerata o los solistas Iván Balaguer (vilonchelo), Jean Johnson (clarinete) y Steven Osborne, nombres reconocidos, de larga trayectoria o jóvenes promesas a las que descubrir pero con un recorrido y una calidad ya contrastada.

Hay que estar orgullosos de todas esas sociedades que nos trajeron hasta aquí y no podemos permitirnos perder por su historia y aportación a nuestra realidad y cultura. Hay mucha vida más allá de la que llamamos oficial aunque lo maneje y eclipse casi todo. Así que, ¡larga vida a la Filarmónica!

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