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CRÓNICA POR LOS OTROS / OPINIÓN

Sonrisas y lágrimas

Estas vacaciones se acaban, tocan a su fin y empieza mi despedida de mi isla africana querida y de su infancia. Una de las cosas que más me llamó la atención la primera vez que visité un país en desarrollo fueron sus niños y sus niñas. Nunca creo que había visto tanto niño/a junto

31/08/2019 - 

Dicen que es el mal de los países en desarrollo, cada vez menos niños, menos niñas, menos alegría y menos futuro… porque en definitiva la niñez y la infancia es alegría y es el futuro. Cuando estás en un país pobre esta alegría innata en la infancia sorprende aún más. Sorprende por la cantidad de dramas con los que se conviven los y las menores, sorprende al menos desde nuestra mentalidad de país desarrollado. 

Cuando conozco los dramas que envuelven a las niñas y niños con los que convivo en Lamu, Kenya,  sus sonrisas y sus alegrías duelen todavía más.

Es una sensación difícil de explicar pero que cada vez que paso más tiempo en estos contextos más definida la voy teniendo. 

Esa sonrisa no quiere decir que no haya dolor detrás, no quiere decir que no sufran, no quiere decir que no sientan, no quiere decir que no sepan que están viviendo en un drama… Aprenden a llorar con una sonrisa o aprenden a reír con lágrimas.

Quizá el umbral del dolor o de la tristeza sea bajo si lo comparamos con la infancia que se vive en países desarrollados, pero no nos equivoquemos ni pensemos que estos niños y niñas no sufren, porque nos equivocaremos. Sufren como sufrimos todas y todos.

Niños y niñas cargados de dramas y con sonrisas enormes y contagiosas. Niños y niñas que son capaces de vivir con unos dramas tremendos que  un adulto no soportaría. Niños y niñas con sonrisas contagiosas que invaden, que envuelven y que enganchan. Niños y niñas que terminan haciéndote sonreír y olvidarte de todo lo demás. Y cuando dejo de sonreír y pienso  qué hay detrás de esas sonrisas, muero de pena. 

FOTO: Monia Antonioli 

Y pienso en ellos y en ellas. Y destaco que esos menores también sufren aunque sonrían. Quizá los referentes sean distintos, pero ellos saben perfectamente el motivo que les lleva a llorar o a reír.

Esa sonrisa es símbolo de fuerza, de superación, de tener ganas de vivir, de mirar hacia delante, significa que son capaces de vivir con ello, de disfrutar del lado  bueno y de mirar hacia otro lado. Es una enseñanza de vida: aprender a saber ver el lado positivo de las cosas también. Y es un ejemplo donde deberíamos mirarnos y aprender.  Intento ser optimista y positiva pero hay veces que no puedo. Recuerdo  estos dramas de “aquí” y de “allí” que destrozan las vidas de los niños y de niñas… y me derrumbo.

África es el futuro

Me reconforta pensar y ver la cantidad de personas que convivimos con  estos contextos, con estas sonrisas y con estas lágrimas. No es fácil acostumbrarse a esta realidad con la que no has nacido ni convives habitualmente. De hecho, creo que nunca te acostumbras. Aprendes a poner barreras para intentar no involucrarte al máximo pero cuesta porque la tendencia natural es otra. 

Horas antes de abandonar una vez más Lamu, en Kenya, la isla que me pone los pies en la tierra, soy un manojo de nervios y de sensaciones encontradas. Quedarse y salir corriendo. Son las intenciones con las que convivo a cada rato por estos lares. A veces me quedaría toda una vida en este contexto tan alejado de mi día a día, tan diferente y tan sano en muchos aspectos; y a veces saldría corriendo pues vivo situaciones que me superan. 

En este tiempo que he pasado en la isla de Lamu, en Kenya,  me ha venido a la cabeza esa frase que en su día escuché: “En África está el futuro” pues en los países desarrollados, existe una tendencia ahora  a la vida primaria, básica y sencilla. 

Existe una tendencia a volver a los orígenes, a una vida sana, sin estrés y sin tecnología.  Para algunos sectores este tipo de vida es  hoy día la “calidad de vida” más buscada y perseguida.

Y aquí me gustaría lanzar una cuestión ¿qué es desarrollo? Podemos partir de un base muy básica que todavía no está garantizada en algunos lugares del planeta: desarrollo es conseguir que  las necesidades más básicas las tengamos todos y todas cubiertas independientemente de donde hemos nacido. Desarrollo es una educación para todos, un acceso a la sanidad gratuita y una  vivienda digna,  por ejemplo.  Cuando todo esto no está cubierto, cuando los derechos humanos más básicos no se cumplen ni se respetan no se puede hablar de desarrollo por mucho avance tecnológico que exista. 

Y si hablamos de desarrollo y de avance tecnológico, quiero destacar una vez más el desarrollo que yo he presenciado en África. En los países de  África que yo he visitado  existe tecnología o mucho desarrollo en algunas zonas. Asociar siempre la falta de desarrollo y de tecnología  a los países empobrecidos, puede deberse al desconocimiento que tenemos sobre continentes desde donde nos llegan solo noticias negativas.  Los proyectos de emprendimiento social más potentes que yo he conocido han sido en  Nairobi, donde el desarrollo está a la altura del resto de ciudades europeas.  

 

El problema es que esta realidad no nos llega. Si cada vez que ponemos la tele, leemos la prensa, o escuchamos la radio se habla de problemas relacionados con los refugiados, la migración, etc. es lógico que en el imaginario colectivo se asocie África a problema. Pero África es mucho más. África es el futuro.

A punto de coger el vuelo de vuelta a casa y con las ganas inmensas de volver a mi rutina, a mi trabajo, a la radio, a mi casa, a mi familia, a los brazos de mi madre… me marcho triste por lo que dejo aquí y  contenta por lo que me espera allí. 

Una vida y un proyecto que funciona, que crece, que se asienta, que cambia vidas, que me hace ver que todo esfuerzo merece la pena, que la recompensa llega, que la vida es esto y aquello, que soy parte de él, que ellos y ellas son parte de mi vida, que mi vida ya no la miro con los mismos ojos… 

Y todo con una responsabilidad de contar lo que allí vivo y lo que de África me traigo. Y da igual que sea África, América o Asia… Mi responsabilidad es sensibilizar, concienciar y transmitir una imagen no distorsionada de lo que vivo a miles de kilómetros de distancia y en contextos radicalmente diferentes. 

Con todas estas vivencias que ya son recuerdos, hoy vuelvo a casa… con mis sonrisas y mis lágrimas. 

La semana que viene… más!  

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