Así se crea el teatro valenciano que vendrá: “La escritura es el proceso más importante”

Teatro y danza

ESCRIBIR Y SUDAR
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VALÈNCIA. Mientras todo para en verano, la cultura sigue rodando. Al igual que no hay verano para los bailarines, tampoco lo hay para los dramaturgos valencianos, que durante el mes de agosto deben ultimar los detalles de sus obras con las que encararán el curso que viene. Este es el caso de Marcos Sproston con su pieza Júbilo, que forma parte de la Residencia XI de autoría de Ultramar; de Candela Herrero y Arianne Algarra, cada una con sus respectivas piezas en proceso de creación; y también de Vicent Francés con una pieza que forma parte de la novena edición del Laboratorio de Dramaturgia Ínsula Dramataria Josep Lluís Sirera. Estos cuatro creadores, y muchos más que les rodean, se pasan el verano entre textos para poner los cimientos del teatro que podremos ver el curso que viene, plagado de buenas ideas que ahora están en textos que casi se pegan por el sudor. 

En el caso de Sproston, con un proyecto tutorizado por Núria Vizcarro, en Júbilo ahonda en la historia de un arquitecto que, yendo al trabajo, se queda quieto en un paso de cebra, y se ahonda en cómo los personajes que le rodean reaccionan a esa quietud. En la pieza, Sproston está jugando a “seguir un camino, descubrir que por ahí no era, dar la vuelta y recalcular la ruta”, porque en su proceso de creación prefiere “ser un explorador que un turista”. Escribiendo desde la libertad y la diversión, está intentando conocerse como creador a través de la escucha que le requiere su propio proyecto.

 

  • Marcos Sproston -

 

“Me gusta entender lo que la obra pide, lo que necesita, como si fuera un ente por sí mismo. Sin sonar del todo supersticioso, lo que intento es escuchar y estar atento, la obra te escapa lo que no necesita”, señala el creador. Mientras escribe con el verano persiguiéndole, lo hace también sobre parar, sobre esa necesidad de parar y no hacer nada, “algo revolucionario” y además encuentra ratos para compatibilizar la escritura con el descanso porque “con el calor el tiempo se dilata” pero también hay espacio para el “júbilo”. Por su parte, Herrero trabaja en una pieza que verá la luz en diciembre en Teatro Círculo de Benimaclet, dentro del marco de residencias de colaboración con la creación escénica.

 

Su pieza aborda la idea del fracaso y el error como punto de partida y motor de los personajes. Es una pieza producida conjuntamente entre la compañía Nomusa -junto a Sandra Calatayud y la propia Herrero- y también La Dengue -que conforma Herrero junto a Paula López Collado- que trabajan conjuntamente en una obra en la que “disfrutan del error” a cada paso: “Hablamos de cómo los procesos creativos son bellos, pero también precarios, hablamos del error y de todo lo que les rodea. “Queremos llevar el fracaso a un terreno amable y revelador para nosotras”, señala Herrero sobre esta obra que está en pleno proceso de creación.

 

  • Imagen de archivo familiar cedida por Candela Herrero -

 

Conectando con los pasos “erráticos” de cualquier proceso creativo, Herrero destaca que la “escritura es el proceso más importante” y que también hay que saber contar con la reescritura y tener en cuenta las conversaciones eternas con “las amigas con las que escribe”. “Son cosas que te dan un punto de luz en un proceso de escritura y creación, y a partir del fracaso hemos conseguido encontrar cuál es la herida de cada personaje, que también se nutre de algunas anécdotas propias de cuando éramos pequeñas”. Y así, partiendo de la idea de que errar es humano, y hasta “hay que celebrarlo”, ambas compañías se dan la mano en un proceso en el que el fallo solo puede llevar a algo bueno.

 

Algarra está inmersa en sudor -y a veces lágrimas- y en un proceso creativo de escritura dramática sobre una primera versión de un texto con el que cuenta con la mirada de amigues creadores como el mismo Sproston o Francés y también Arantxa Cortés, Sandra Calatayud y Paula Vélez. También cuenta con el actor Jorge Valle que le acompaña en las lecturas de los fragmentos de su pieza, algo que le ayuda a sentirse acompañada en el proceso de creación: “El proceso de escritura puede ser muy solitario y a veces, al menos en mi caso, te pierdes. Poder compartir tus inseguridades y abrir el proceso a otras miradas te puede ayudar a encontrar otros caminos”, señala la creadora. 

 

  • Arianne Algarra creando en verano -

 

Por su parte, este proceso creativo está siendo en parte agotador por el calor y porque tiene “el cerebro derretido y dos ventiladores a menos de un metro de distancia”, aunque viéndole la parte buena, también las palabras se le “impregnan de este calor pegajoso y me suenan diferentes”. Aunque se pregunta aún qué caminos tomará, su pieza tiene claro que va a hablar sobre binomios que conforman nuestra vida: “Amor y violencia. Amistad y deseo. Identidad y competición. Herida y reconstrucción” algo que le lleva a crear lo que es probablemente “la obra más compleja que he escrito y me está poniendo contra las cuerdas”: “De lo que fueron las primeras ideas, a lo que es ahora, podríamos decir que son dos mundos completamente distintos”. 

 

“Es la primera vez que siento que la obra se revela contra mí, o contra lo que yo pienso que debería ser, y ella misma me sorprende pidiendo otras cosas. Tiene algo de lucha y también algo de incógnita, a mí misma me intriga lo que puede llegar a ser”. Aprovechando los derroteros del proceso creativo, se está permitiendo también abrir las puertas a la “fantasía y la locura” para dejarse llevar por la corriente y crear algo nuevo y fresco en un momento en el que explotan los termómetros. Creando entre varias ciudades, Francés está trabajando en un texto del que realizará una lectura dramatizada en diciembre en el Rialto. De sus procesos confiesa que escribe muchas veces en la cama “y debajo del ventilador de techo porque el calor le obstruye el cerebro”. 

 

Algo que también le ayuda a comprender el destino de sus personajes: “El clima también inspira, o más bien influye, de manera consciente: “Escribo a los personajes en una húmeda noche de verano, ansiando vacaciones y un frío que nunca llega”. Su obra, que parte de una búsqueda, le está ayudando a conocerse como creador y a aprender a no juzgar tanto sus propios procesos, además de permitirse disfrutar de “centrarse en una historia concreta sin que haya cien subtramas y capas de fondo”. Entre el calor, ventiladores y mucho sudor, Francés, junto a sus compañeros creadores, encuentra en el verano el lugar desde el que componer una historia que se pega entre las páginas y que le ayuda a abrirse el camino en el mundo de las artes escénicas valencianas. Los espectadores, mientras tanto, tendrán que esperar a que empiece el nuevo curso para ver el resultado de estas ideas que se han cocinado a fuego lento, con mucho calor y también con mucho cariño. 

 

  • Vicent Francés -

 

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