VALÈNCIA. Carme Teatre presenta del 8 al 11 de octubre de 2026 el estreno absoluto de La importancia de llamarse El Titi, el nuevo proyecto de CiaJUNO, desarrollado dentro de su programa de Residencias de Creación. Con texto y dirección de Bruno Tamarit e interpretación de Juan Benavent, la pieza aúna teatro, música y danza a partir de materiales vinculados a Rafael Conde, El Titi, y al universo de Oscar Wilde para abordar la cultura como espacio de pensamiento, la libertad de ser diferente y la distancia que existe entre ser tolerado y ser plenamente aceptado.
La obra toma como uno de sus puntos de partida La importancia de llamarse Ernesto, pero no plantea una adaptación del texto de Wilde ni una reconstrucción biográfica de su autor. Tampoco busca componer un retrato fiel de Rafael Conde. El proyecto se mueve precisamente en el espacio que dejan esas referencias cuando se mezclan con la ficción, la memoria y materiales de procedencias muy distintas.
Tamarit construye la pieza como un collage escénico en el que conviven textos propios, fragmentos y referencias a diferentes obras de Wilde, canciones y materiales procedentes del repertorio y las intervenciones públicas de El Titi. A partir de ellos, la creación establece pequeñas conexiones entre dos figuras separadas por casi un siglo: la forma de mostrarse ante los demás, el gusto por el color y la belleza, la disidencia respecto a las convenciones de su tiempo o las estrategias necesarias para habitar sociedades que admitían determinadas diferencias solo mientras permanecieran dentro de unos límites.
De la tolerancia a la aceptación
Ese desplazamiento entre épocas permite que la obra llegue hasta el presente. Wilde pudo desenvolverse durante un tiempo en la rígida sociedad victoriana hasta que su homosexualidad terminó llevándolo a prisión y marcando definitivamente los últimos años de su vida. Rafael Conde, por su parte, desarrolló décadas después una presencia pública reconocible y abiertamente amanerada en un contexto social muy diferente, moviéndose entre espacios populares, escenarios, fiestas y ámbitos institucionales.
Pero La importancia de llamarse El Titi no pretende establecer una equivalencia entre ambas biografías. Utiliza esas distancias y coincidencias para plantear una cuestión que atraviesa toda la creación: qué significa que una sociedad «tolere» a quien se aparta de la norma y qué sucede cuando esa tolerancia continúa implicando que la diferencia necesita una autorización previa para existir.
Para Tamarit, ese concepto resulta especialmente significativo cuando se observa desde el presente. "Lo que hay que hacer es que nos acepten tal y como somos y ya está", señala el creador. La pieza se sitúa desde ahí ante cuestiones muy concretas —la forma de vestir, la expresión de género, la sexualidad o simplemente el derecho a presentarse ante los demás sin tener que justificarse— y evita convertirlas en un discurso dirigido únicamente al público LGTBIQ+.
De hecho, uno de los objetivos del proyecto es reunir miradas muy distintas. CiaJUNO piensa tanto en quienes pueden reconocer inmediatamente las referencias culturales y CUIR de la propuesta como en espectadores que recuerdan a Rafael Conde desde la televisión, los escenarios o la cultura popular valenciana y llegan hasta la obra desde otro lugar generacional o ideológico. La intención no es exigir una posición previa, sino propiciar que esas miradas puedan encontrarse dentro y fuera del teatro.

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Leer para construir un criterio propio
Por debajo de ese diálogo entre Wilde y El Titi aparece otro de los motores de la pieza: el valor de la cultura como herramienta para construir pensamiento propio. En la ficción planteada por CiaJUNO, Rafael Conde se enfrenta a la lectura de las obras de Oscar Wilde y ese contacto con otros textos y otras ideas comienza a modificar la manera en que observa su propia vida.
La lectura no aparece únicamente como acumulación de conocimiento. La obra pone el acento en el tiempo necesario para detenerse, leer, relacionar aquello que se ha leído con la propia experiencia y elaborar una conclusión personal. Es ese proceso el que permite al personaje avanzar hacia una mayor libertad de pensamiento y de criterio.
El universo de Wilde ofrece además otros hilos que atraviesan la creación. Junto a La importancia de llamarse Ernesto aparecen referencias a títulos como El retrato de Dorian Gray, El modelo millonario o Salomé, además de poemas y otros materiales. Una de las ideas recuperadas de esta última obra —el misterio del amor frente al de la muerte— sirve a Tamarit para acercarse también a una pregunta contemporánea: por qué resulta tan sencillo convertir la diferencia en motivo de rechazo y tan difícil relacionarse con ella desde la aceptación.
La estética y el color funcionan igualmente como territorio de encuentro. Rafael Conde reivindicaba en canciones como El gitano colorines una manera de mostrarse que escapaba de la uniformidad de su época, mientras que Wilde convirtió la belleza, el vestido y la construcción de la propia imagen en elementos fundamentales de su pensamiento y de su presencia pública. Son conexiones parciales, no equivalencias biográficas, que la obra utiliza para construir su propio lenguaje.
Una nueva creación surgida de las residencias de Carme Teatre
La importancia de llamarse El Titi supone también la continuidad de la relación entre CiaJUNO y Carme Teatre. Formada por Juan Benavent y Bruno Tamarit, la compañía nació en 2022 a partir de proyectos vinculados a la copla y el flamenco y presentó en 2023 LAILA, su primer proyecto teatral, desarrollado también con el apoyo de las Residencias de Creación de Carme Teatre.
Tres años después, la compañía regresa al programa con una propuesta de mayor hibridación escénica en la que confluyen interpretación, música, canto, danza, espacio sonoro, vídeo y creación visual. El proceso culminará ahora con su estreno absoluto en Carme Teatre, donde podrá verse durante cuatro funciones del 8 al 11 de octubre.