VALÈNCIA. “Bares nuestros que estáis en los cielos, santificados sean vuestros chupitos. Venga a nosotros vuestro billar. Hágase tu happy hour en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro bar de cada día”. Si el bar, lugar sagrado de reunión, tuviera una oración, podría ser algo así. Al fin y al cabo, uno entra a este espacio sintiéndose un simple mortal y acaba como un semidiós. Este lugar emblemático es al que se le reza ahora en El bar nuestro de cada día, una pieza del humorista y creador Chipi La Canalla que abrirá su persiana el próximo viernes 30 en el Teatre El Musical.
Con un monólogo musical en clave de humor que incluye al público dentro del espectáculo, ya que forman parte de la taberna en la que todo tiene lugar, el Chipi se convierte en camarero para cumplir la curiosa última voluntad de uno de sus clientes: dejar una fiesta pagada en el bar a modo de entierro. Creando una ceremonia pagana en la que se ameniza el velorio con copas El bar nuestro de cada día combina música, humor y amor para dar forma a un espectáculo que no se parece a nada de lo que se haya podido ver antes sobre las tablas.

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- Foto: LOLO VASCO
Un canto a la vida desde la muerte que para Chipi solo puede tomar un camino: el de la diversión y el recuerdo en un lugar común. “Comprendemos el bar como un espacio en el que la muerte se celebra en vida, y donde aprendemos que para despedirse de alguien lo que importa es el cariño y no el espacio. El bar es un lugar en el que la gente se encuentra, y donde no se mira por el individualismo. El bar es un sitio para gente concordante y discordante, y donde se rebaten todo tipo de ideas”. Planteando las problemáticas reales del ser humano en el siglo XXI El bar nuestro de cada día se convierte en el lugar en el que debatir sobre todo y nada a la vez.
A la muerte le abraza la música en directo. A Chipi le acompañan artistas increíbles, al piano está Javier Galiana de la Rosa, a los vientos, Bernardo Parrilla, y a la percusión, David León. Todos ellos conforman la familia perfecta que hace que Chipi, el camarero, pueda convertirse en el maestro de ceremonias perfecto de esta pieza tan peculiar que no deja de ser otro tipo de teatro. “Queremos que la obra tenga varias capas, hay dramaturgia y un arco de personaje. Enterramos a un compañero y pasamos de estar tristes a estar celebrando”.
El público se convierte a su vez en cómplice de este peculiar entierro, la clientela forma parte de este espectáculo en el que se convierten en amigos y seres queridos de la persona difunta: El Malandro, un personaje que prefería pagar unas copas que un funeral al uso. De esta peculiar ocurrencia surge una despedida utópica que ayuda a comprender la vida y la muerte desde otro lugar. “Lo que hacemos es narrar su vida de una manera única. El Malandro quería ver el mundo desde otro lugar, y desde ahí también se labra su recuerdo”.

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- Foto: LOLO VASCO
La pieza, que se reivindica como un espacio de “ocio y de vida” está producida por la compañía homónima Chipi La Canalla. El autor, también conocido por ser el autor de canciones para Silvia Pérez Cruz y Pasión Vega y crear guiones para José Corbacho y el humorista “El Sevilla” explica que la creación de esta pieza surge igual que cuando compone canciones o monólogos para otros. “Aunque parezca que hay una gran diferencia no la hay; las diferencias están en la forma y no en el concepto. Hay que pensar en estas creaciones como en un ramen y en un puchero; son lo mismo, pero les separa una nomenclatura y algunos ingredientes. A una cosa o la otra le dedicas el mismo cariño y tienen la misma funcionalidad, solo que vienen de diferentes culturas”.
“El objetivo en cualquiera de mis creaciones es recalar en la emoción de quien me ve y me escucha; todo parte de un mismo lugar que es mi interior. Es como si cuentas un cuento en la tribu de la Amazona o en tu casa; seguramente acabes explicando lo mismo de diferente manera, pero todo tiene los mismos ingredientes. Esta pieza, se cuente como se cuente, tiene siempre a alguien que muere, alguien que vive, alguien que aprende y otra persona que se equivoca”. Y con esta reflexión, que va a misa, solo queda dar una orden: “Parroquianos, nos vemos todos en el bar”.

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- Foto: BLASCO JAVIER