El día que cerraron todos los teatros... y cuatro jóvenes decidieron actuar en secreto

CULTURA

FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE PEÑÍSCOLA

La Jalea presenta este lunes 13 de julio en el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola 'La trova de Buena Saña', una coproducción que mira al Siglo de Oro desde el humor, la música y el presente

  • La trova
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

CASTELLÓ. Marzo de 1621. Los corrales de comedia cierran en señal de luto por la muerte del Rey Felipe III. Pero cuatro jóvenes intérpretes se resisten a que el teatro desaparezca así como así y se citan de noche, en un convento abandonado, para representar clandestinamente unos romances populares del medievo. Con esa premisa ficticia, pero atravesada por la misma pasión por actuar, llega al Festival de Teatro Clásico de Peñíscola la compañía emergente La Jalea Teatro. Este lunes 13 de julio, a las 20:30 horas, representan en el Parque de Artillería, a los pies del Castillo del Papa Luna, La trova de Buena Saña, una coproducción con el certamen que mira al Siglo de Oro para poner en valor la palabra viva, el verso y esas historias que han sobrevivido gracias a la tradición oral.

La idea nació mientras Alexis Becker, dramaturgo de la pieza, y Cayetana Oteyza, directora, investigaban los romances populares y buscaban una forma de llevarlos a escena. “Cayetana está muy enamorada del Siglo de Oro y de las historias populares. Cuando empezamos a trabajar con esos romances, le dije que podíamos enfocarlo desde un conflicto histórico, para que cobrara más sentido”, explica Becker. Ese conflicto apareció en el cierre de los corrales de comedias tras la muerte de Felipe III. “Nos parecía un oxímoron muy interesante, porque precisamente cuando se cierra el teatro es cuando unos jóvenes deciden seguir contando historias”.

En la obra, Urraca, Pascal, Margarita y Madruga improvisan una pequeña compañía para representar clandestinamente cuatro romances del medievo, entre ellos El conde Olinos o El enamorado y la muerte. Pero el peligro existe y la Guardia Real está a punto de descubrirles.

Más allá de la aventura, la obra se pregunta qué ocurre cuando una cultura deja de transmitirse de viva voz. Para el autor, la cuestión remite, sobre todo, a la memoria. “Creo que la perdemos y en varios sentidos: como aprendizaje y como conocimiento. Al final, estos romances son palabra con música y con ritmo. Estamos perdiendo conocimiento lingüístico, musical y sabiduría histórica”, señala. Para el dramaturgo, esos relatos forman parte de una educación colectiva: “Son historias y fábulas con las que aprendemos”.

Pero esa pérdida no es solo intelectual. También tiene que ver con una forma de pertenecer. “Perdemos un vínculo con nuestra tierra, con el polvo que suelta el camino, con los allegados, con la forma en que tus vecinos lavan prendas en el río. Es una forma de pertenecer al mundo”, añade. De ahí que la compañía no mire los romances como piezas antiguas, sino como materiales que siguen vivos cuando alguien vuelve a decirlos en voz alta.

El verso también puede ser un juego

Precisamente esa voluntad de mantener vivos esos relatos atraviesa también la manera en que La Jalea entiende el teatro clásico. La compañía también quiere romper el prejuicio que todavía le rodea. Hay quien escucha “Siglo de Oro” o “verso” y piensa automáticamente que no es para él. Sin embargo, la experiencia de las primeras funciones les ha demostrado lo contrario. “Nos ha sorprendido que a quienes más ha gustado ha sido a los jóvenes y a la gente muy mayor. A los mayores, por los romances que conocían; y a los jóvenes, porque hay algo lúdico en esta forma de contar el teatro en verso”.

El dramaturgo defiende, así, que el verso no tiene por qué entrar únicamente desde el estudio. “Se ha hecho mucho hincapié en los autores renacentistas y barrocos desde la literatura y los literatos, y eso es importante, pero verlo en vivo te vincula con el corazón”, afirma. Para Becker, el género clásico no debería ser solo una materia de aula: “Es importante estudiarlo desde el intelecto, pero es carne y sangre, es teatro”.

Esa manera de entender el verso tiene referentes claros para la compañía. Becker menciona su formación con Karmele Aranburu y Juan Polanco, y señala como referentes escénicos a Ron Lalá, Yayo Cáceres y Álvaro Tato, con quien también se ha formado en escritura en verso. “Son profesionales que llevan más de treinta años haciendo del verso una cosa lúdica, un acercamiento para la gente con música y con humor”, apunta.

Por eso La trova de Buena Saña combina humor, música en directo y juego con el público. El texto está escrito hoy en verso, pero no intenta sonar como los clásicos. “El verso que escribo obviamente no es el de Lope ni el de Calderón. El lenguaje es más cercano sí o sí. Esa es una forma más amigable de acercar el teatro en verso al público”.

También hay una conexión directa entre los personajes y los propios intérpretes. “No dejan de ser cuatro comediantes jóvenes que quieren hacer teatro, y eso nos iguala a los propios actores de la pieza”, dice. Aunque la obra habla de teatro prohibido, Becker prefiere no reducirla a una idea de resistencia. "Más que hablar del teatro como resistencia, me interesa recordar el lugar que siempre ha ocupado. Ha existido y seguirá existiendo porque el ser humano necesita jugar para contar historias. Cuando desaparece, siempre acaba encontrando la manera de volver".

Una apuesta por la creación joven

La Jalea apenas tiene año y medio de recorrido, pero sus integrantes llevaban tiempo cruzándose en aulas, talleres y escenarios. Becker y Oteyza coincidieron estudiando verso; Javier Madruga, Elena Trujillo y Kai Massieu se fueron sumando casi de forma natural. "Nos hemos ido encontrando por el camino", resume.

La filosofía de trabajo también responde a esa idea de compañía. Todos participan en los distintos procesos de creación, desde la dramaturgia hasta la producción. "Hay una frase de José Luis Alonso de Santos que siempre tenemos presente: en las compañías todos hacen de todo. Eso democratiza el trabajo y hace que todo el mundo crezca junto".

En este caso, además, el desarrollo de la obra ha sido posible gracias a la coproducción con el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola, que lleva tiempo estrechando lazos con las nuevas generaciones. Para la compañía, este ha sido un paso importante. “Es un regalo, porque hemos podido tomarnos el trabajo como una compañía profesional”, afirma. “En el Parque de Artillería, a los pies del Castillo del Papa Luna, pegados al mar, no imaginamos un sueño más bonito”, confiesa el dramaturgo. 

Desde el festival, su director, Javier Sahuquillo, enmarca esta colaboración dentro de una línea de apoyo a la creación joven. “Es muy difícil que los trabajos de jóvenes se puedan ver en condiciones dignas”, señala. Por eso, explica, no se trata solo de programar compañías emergentes, sino de acompañarlas y ofrecerles recursos. “No es pagar un dineral a otros y a ellos no pagarles lo que corresponde. No es solo programar compañías jóvenes, sino incluirlas en nuestra línea de coproducción”, defiende.

Ese acompañamiento ha permitido que La Jalea llegue unos días antes a Peñíscola para trabajar en el propio espacio, probar mecanismos de la puesta en escena y adaptar la función al Parque de Artillería. Para Sahuquillo, esta forma de apoyo también forma parte de la responsabilidad de los festivales: dar visibilidad, pero también condiciones materiales.

En este caso, el director del Festival de Peñíscola recuerda que la propuesta le interesó desde el primer momento. “La idea, cuando me la contaron, me cautivó”, explica. “Jóvenes que se atreven con los clásicos desde el respeto, pero también desde la irreverencia. Eso es lo que da dinamismo”.

Además, Sahuquillo considera que todavía cuesta abrir espacio a estas miradas. “El público tiende a ir solo a títulos reconocidos”, apunta. Frente a eso, cree que los festivales también deben ayudar a educar al público con otras propuestas. “Si esta gente joven sigue trabajando así, empezaremos también a educar al público en que otras formas de acercarse al clásico son interesantes”, señala. No se trata solo de conservar el patrimonio escénico, sino de permitir que nuevas generaciones lo discutan, lo jueguen y lo hagan circular. 

Un proyecto que busca dar continuidad a sus personajes

La acogida ya está siendo buena para la compañía. Hace apenas unos días, La trova de Buena Saña obtuvo el segundo premio a Mejor Montaje en el Festival Noctívagos de Oropesa de Toledo, además de los galardones a Mejor Interpretación para Elena Trujillo y Javier Madruga. Para una compañía joven, esos reconocimientos llegan como impulso antes de su paso por Peñíscola.

Y la historia tampoco terminará aquí. Becker ya piensa en nuevas piezas protagonizadas por los mismos personajes. La siguiente será La trova de Aurora, que empezará a trabajarse este verano en una residencia en Macastre. La idea es construir una especie de universo abierto que permita seguir acompañando a Urraca, Pascal, Margarita y Madruga a través de distintos episodios del Siglo de Oro. “Nos gusta la idea de que el año que viene podamos volver a ver a los mismos personajes en otras peripecias”, apunta Becker.

Así, La trova de Buena Saña llega a Peñíscola como una historia ficticia sobre jóvenes que representan en secreto, pero también como el reflejo de una compañía que busca su sitio en el teatro clásico. Porque, como recuerda la propia obra, mientras alguien siga representando una historia, todavía habrá futuro.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo