VALÈNCIA. Cables, vestuarios, carteles, escenografías olvidadas y objetos que ya no pisan el escenario vuelven a cobrar vida en Magatzem de somnis, un nuevo montaje de Vudú Teatro para el Teatro Escalante, con el que la compañía celebra cuatro décadas de historia del proyecto provincial a partir de los materiales almacenados en sus dependencias.
El co-director e intérprete de la pieza, Nelo Sebastián, tuvo acceso a la nave de Bétera en la que el Escalante ha ido almacenando los restos de todas sus producciones. Vudú Teatro, con una trayectoria consolidada en el teatro de objetos, llegó allá con el vértigo de la oportunidad —“Sabíamos que era el 40 aniversario y se nos ocurrió aprovechar la ocasión”. Una vez en el almacés, “la sensación fue de qué barbaridad de material hay aquí. Se despertaban muchas preguntas. Por ejemplo: ¿a dónde van los espectáculos que acaban?”. A partir de ahí, el equipo decidió construir toda la pieza “con material de otros espectáculos y no utilizar esos elementos para lo que fueron creados”.
El trabajo con estos objetos, casi entendidos como residuos del hecho teatral, puede convertirse en el motor de la dramaturgia: “Es un trabajo de escucha. Voy a ver este objeto, ¿qué tiene que decirme? Cuando estás abierto al cien por cien, pasan cosas”. Frente a las ideas preconcebidas, defiende un proceso en el que los materiales “te van diciendo por dónde ir”, en busca de un equilibrio entre lo simbólico, lo narrativo y lo visual, especialmente pensando para el público familiar.
El reto, añade Sebastián, no era solo construir un homenaje al Escalante, sino lograr una obra autónoma: “Tenía que ser un espectáculo que pudiera vivir de forma independiente, que si vamos a cualquier lugar del mundo sea una manera de acercarse a la historia de cualquier teatro”. La fórmula es la de confiar en la potencia de las imágenes y en la carga simbólica de los objetos.

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Durante el proceso, la compañía ha trabajado también con los fondos documentales del teatro y con testimonios de técnicos y trabajadores históricos. “Nos han abierto los archivos de fotos, CDs, cassettes, hemos hecho entrevistas… Todo eso nos ha dado una información muy valiosa”, explica el creador.
El pasado martes hizo un paso para personal del Escalante, y algunos trabajadores han vivido gran parte de estos 40 años de vida del proyecto. “Al acabar la función se acercan corriendo a esta foto, a este cartel, a esta frase… Me doy cuenta de que lo que para mí es una generalidad, para quien lo ha vivido es muy importante, y cada detalle cuenta”.
Un homenaje a los oficios fuera del foco
En escena, Sebastián encarna al “señor Escalante”, un personaje inspirado en varios técnicos históricos del proyecto —“una mezcla de un par de técnicos míticos”—. Una figura que concentra múltiples oficios, desde taquilla y las luces hasta la limpieza o la acogida del público, y que remite a los orígenes casi familiares del teatro. “Todos hacían un poquito de todo. Era una familia”, resume Sebastián. Desde ese punto de partida, el protagonista conduce al público al almacén, convertido en “una especie de inconsciente colectivo donde se guardan los sueños”, desde el que se despliega el relato.
Este homenaje, también celebración de un proyecto de artes escénicas que ya dura cuatro décadas, también guarda una lectura bajo el radar. En medio de la fragilidad estructural del sector y la feria de las venidades, Magatzem de somnis se pregunta qué se conserva; no solo qué objetos guarda la institución, sino qué formas de trabajo, qué saberes invisibles y qué modelos de relación con la gente del teatro o con el público permanecen activos.
Magatzem de somnis se podrá ver en Ribes Espai Cultural desde este sábado 21 de febrero hasta el próximo 1 de marzo.