VALÈNCIA. El actor y director de escena argentino Luciano Delprato considera el teatro una máquina de revivir a los muertos. Percibe en la disciplina una lucha constante e inherente contra el olvido, “algo del fantasma del padre de Hamlet que vuelve a aparecer y nos pide que tomemos cartas en el asunto”, argumenta un creador convencido de que la audiencia acude a los escenarios a ver a espectros.
Este próximo 13 de mayo, invoca en Espacio Inestable la presencia de cuatro chicos del barrio pobre de San Cristofaro en Catania que la Cosa Nostra hico desaparecer en 1976. Los menores le habían arrebatado el bolso a una anciana aparentemente vulnerable, que resultó ser la madre de Nitto Santapaola, la estrella emergente de la sociedad secreta criminal siciliana. Nadie denunció nunca la evaporación de los jóvenes ladrones. En un intento poético por arrebatarlos de las garras del olvido, el dramaturgo catanés Nicola Alberto Orofino ha escrito una pieza que ahora ha montado Delprato y lleva por título Bestie.
“Para el autor es muy importante recuperar la memoria histórica de ese crimen en su ciudad para evitar que ese tipo de atrocidades se repita. Tiene mucho sentido político y social”, concluye el argentino.
El italiano ha vivido obsesionado con esta historia desde hace años. A pesar de que los cuerpos de los cuatro niños jamás aparecieron, se celebró un juicio sumario porque un arrepentido de la mafia, acechado por la culpa, terminó confesando lo sucedido.
Orofino ha trabajado tanto sobre las actas del proceso como en la recopilación de testimonios de primera mano de personas que presenciaron el crimen, que lo perpetraron o que dan las claves del silencio colectivo.
Invocar, que no representar
El doble acto de exorcismo y reparación que pretende Bestie no pasa por que sus tres actores, Ignacio Tamagno, Natalia Di Cienzo y el mismo Orofino, interpreten a los malogrados chavales, sino en estimular la imaginación de la platea. “Toda representación es un acto, de alguna manera, de violencia o de poder, así que es muy importante evitar encarnar a las víctimas, porque el respeto hacia ellas me parecía fundamental”, expone Delprato.

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El thriller criminal es un género muy explorado en el audiovisual, tanto en largometrajes como en los últimos años en el formato seriado, pero no así en las artes escénicas. La disciplina de las tablas presenta, en opinión del director de escena, ventajas a este respecto: “El cine está condenado a mostrar, pero el teatro tiene la capacidad de asociarse con la ilusión del que mira para construir mundos mucho más frondosos que los mundos visibles”.
Como comparte su artífice, el teatro con pocos recursos depende en gran medida del pacto que se establece con la inventiva del público, del que se espera que participe como autor colectivo de ese mundo imaginario.
Bestie lo apuesta casi todo a la sugestión de la palabra. Y escribimos casi porque además de actor y director de escena, Luciano Delprato es titiritero, y en sus espectáculos siempre cruza objetos, muñecos y marionetas con actores en un trato igualitario en su jerarquía escénica.
“Los objetos son grandes socios -valora-, pueden ser la piedra de toque que configura este pacto imaginario que se establece con el público. El teatro de objetos tiene el poder de embrujo de los tótems, de unas figuras míticas cargadas de sugestión casi mística, por la carga de alma que les dan quienes los miran. Nos ponemos de acuerdo rápidamente en que este monigote, este pequeño fantoche hecho de trapo y madera, va a ser para nosotros la evidencia de lo sagrado en la Tierra”.

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El sacrificio de lu sciccareddu
En esta ocasión se sirve en escena de cuatro pequeños burritos infantiles. A lo largo de la representación hacen referencia a una antigua canción infantil siciliana que habla sobre un pequeño asno que es sacrificado. “Los cuatro muñecos representan esa infancia cegada de la que habla el espectáculo”, explica Delprato.
Las funciones en Espacio Inestable entrecruzan tres idiomas: la obra está eminentemente hablada en castellano, pero consta de fragmentos en italiano y en siciliano que aparecen subtitulados. “El espíritu de la coproducción internacional que anima el espectáculo está sostenido también por un compromiso estético de cruzar las lenguas. Esa cosa medio babilónica apela a la universalidad de esta historia tan local”, desarrolla Delprato, quien ahonda en las razones que llevaron a Nicola Alberto Orofino a producir su obra en Argentina.
Al dramaturgo italiano le esultó más fácil encontrar los recursos para montarla internacionalmente que dentro de la ciudad de Catania, donde la resistencia a hablar de este tema todavía está presente. “Si bien la mafia no opera hoy igual en Italia, porque sus modos han cambiado mucho, todavía es un tema tabú que pone nerviosos a funcionarios y a entidades oficiales”, completa el argentino, al que le gusta decir que solo lo peligroso es bello, en cuanto a que el riesgo vuelve la creación relevante, tanto en lo estético como en lo ético.
A pesar de abordar un tema trágico, Delprato mantiene una conocida conexión natural con el humor de los bufones. En su acercamiento a las tramas se inclina por un talante irreverente. Bestie no es una excepción y Delprato se ha sentido espoleado por el humor corrosivo de Sicilia. Recientemente participó en una residencia artística de casi un mes en la ciudad de Catania donde descubrió un humor sutil con el que se llevó muy bien.
Evidentemente se trata de una manera de enfrentar el horror, que en el caso de los montajes del director está presente como una perspectiva de supervivencia. En esta obra se manifiesta con sutileza, porque, opina, “una sonrisa es una manera de mostrar los dientes, una manera de defenderse”.