VALÈNCIA. Cuando los bailarines Albert Hernández e Irene Tena salieron de nuevo al mundo tras trabajar como primer bailarín y bailarina solista en el Ballet Nacional de España, se dieron de bruces con muchos “noes”. Una negación que les llevaba, cada vez más, a querer seguir bailando y creando, pero esta vez por cuenta propia. El primer no, fue el que dieron ellos mismos a la continuación en el Ballet Nacional de España, y ese no fue a la vez también el que les dio su primer sí a ellos mismos: montar su compañía La Venidera, con la que quieren “ampliar los márgenes de la danza española y el flamenco, incorporando una mirada actual”.
Ahora, dentro del marco del festival Dansa València, llegan a València el 15 de abril -al Rialto- con su pieza No, que nace precisamente de las negativas. Jugando con el oficio del baile y lo artesanal, crean una pieza de danza que se baila alrededor de una hoguera, en la que se da espacio a lo desconocido y donde “se quema todo lo que pertenece a lo establecido”. “Somos madera calcinada, polvo. Pero No también es el detonante que nos hace seguir. Porque el arte es uno de los lugares por excelencia que existe gracias a la negación del mundo real”, reza la sinopsis de la pieza.

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- Foto: ALBA MURIEL/LOLA ORTIZ
Tras este sueño sobre volver a empezar, Tena desvela que esta pieza, tras un título romántico y conciso, esconde una fuerte voluntad por seguir bailando y creando fuera de los márgenes. “Esta obra surge de un momento en el que salimos del Ballet Nacional de España y reflexionamos sobre el porqué y sobre nuestro futuro. Pensando sobre qué nos representa como personas llegamos a No, pensando en cómo las negativas acaban determinando cuál es nuestra identidad y nuestro camino ahora”, destaca la bailarina.
Entre las negativas, encuentra junto a Hernández un lugar en el que presentarse como compañía al mundo, con este primer proyecto que juega con la tierra, el fuego y la madera para hablar sobre la importancia de romper con lo tradicional para actualizar el baile. Sobre el escenario, La Venidera juega con una escenografía única inspirada en la “tradición y el legado cultural que envuelve la danza española acercándola a la sociedad contemporánea”.

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- Foto: ALBA MURIEL/LOLA ORTIZ
“Sentimos que la parte flamenca tiene una gran vinculación con la madera, nos lleva al mundo del tablao. A su vez, lo artesanal y orgánico nos conecta con la cultura de la danza española traída al presente”. Jugando con todos estos elementos, consiguen entender el mundo que les rodea, crear y bailar alrededor de este mientras se centran en su papel como intérpretes. Lo hacen con una especie de juego en el que tradicionalidad y modernidad se dan la mano sobre el escenario, entre el sudor y la tierra, mientras se dan un sí a poder actualizar la historia de la danza española, la que han aprendido en conservatorios y la que quieren revisitar desde el presente.
Esta manera de centrarse en ellos mismos, de bailar sobre su pasado y su futuro, les hace poder trabajar al lado de la tradición mientras a la vez rompen un poco con ella. “Nuestro cometido nunca ha sido ser disruptivos por serlo, aprendemos mucho de la tradición y del pasado, pero lo interesante es confrontar el presente y ver qué nos mueve ahora para buscar nuestra identidad. En ese camino entra la idea de romper con los moldes y seguir con la idea de que la danza española puede romper con el pasado de alguna manera para reinventarse”.

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- Foto: ALBA MURIEL/LOLA ORTIZ
“Siempre hemos aprendido de referentes que en su momento fueron disruptivos y rompedores, y para que la danza no muera, hay que traer la tradición al presente. Si vive siempre escuchando y repitiendo lo que ya se ha hecho, la danza se muere”. Tras jugar con la tierra, el fuego y la madera que se entremezclan con el sudor de ambos bailarines, el espectáculo les sigue dejando más preguntas que respuestas. Preguntas que llegan a través de No y que los enfrentan con un futuro que están construyendo como compañía y que, a su vez, no existe.
Tena destaca que cada vez que bailan e investigan, el espectáculo sigue mutando, pero que en sus representaciones se encuentran con una reflexión que sigue haciéndoles cuestionar sobre el pasado, presente y futuro de la danza española. Esta vez lo hacen desde un proyecto que tiene forma de dúo. Un dúo llamado La Venidera que nace empleando el no para llegar a un sí y dejándose la piel en el escenario como acostumbran a hacer desde siempre. Con muchas negativas acumuladas que, irónicamente, es el motor para que puedan seguir bailando.

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- Foto: ALBA MURIEL/LOLA ORTIZ