La vibración y la infancia inspiran una pieza de flamenco contemporáneo e inclusivo

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Irene de la Rosa estrena este fin de semana en el Teatro Rialto, 'Antoñita: cuerpo y memoria', adaptada para personas con discapacidad auditiva

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VALÈNCIA. La propuesta que la bailaora y coreógrafa Irene de la Rosa estrena este fin de semana en el Teatro Rialto, Antoñita: cuerpo y memoria, se articula en torno a una pregunta: ¿cómo bailarías si no escucharas?

Para responderse, entró en contacto con la comunidad sorda, y concluyó que la vibración es uno de los principales canales para sentir la música. Esa constatación la llevó al plano artístico. De ahí, al corporal, y en último término, al filosófico, planteándose qué es lo que, personalmente, la hace vibrar. Aquella indagación la llevó a la infancia.

“Somos quienes somos por nuestro entorno, por nuestra educación, y esa gente que nos ha ayudado y cuidado”, expone.

Su abuela materna se llamaba Antoñita, y la paterna, Vicenta. Con el nombre de la primera ha titulado la pieza, y la segunda aparece a través de la inclusión de sus poemas en la música original.

Al trasladar los recuerdos familiares al escenario, la creadora busca plantear cuestiones universales atravesadas por el género y la inclusión. En concreto, qué sociedad queremos ser y qué le queremos aportar. 

De la Rosa, por su parte, quiere crear espacios para que todo el mundo pueda desarrollarse libremente. Es un anhelo no solo ligado a lo inmediato, con este espectáculo unipersonal que se ha dotado de mochilas vibratorias, subtítulos, interpretación en lengua de signos y cambios de luz y de color para comunicar ritmos, situaciones y emociones, sino a largo plazo. La valenciana aspira a que todos sus proyectos, de aquí en adelante, puedan ser disfrutados por igual por personas con discapacidad auditiva.

Irene lleva tiempo expresando su interés por la accesibilidad, la mediación cultural y la creación de nuevos públicos. En su Antoñita ha podido explayarse con los tres. 

El germen de la obra se remonta a 2024 y ha ha salido finalmente adelante con el apoyo de muchas y variadas instituciones: el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de València, el Institut Valencià de Cultura, Espai LaGranja, los festivales Dansa Valencia, Bucles y 10 Sentidos, La Rambleta y el Museo de Bellas Artes de València.

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Los deseos, inquietudes y reparos de 15 mujeres y el arte de una bailaora sorda

“La motivación creativa está, en primer lugar, en tener un impacto positivo en la sociedad, y en segundo, en hacer accesible la danza a colectivos que normalmente no disfrutan tanto de ella o no están tan conectados o relacionados”, desarrolla.

“La motivación creativa está, en primer lugar, en tener un impacto positivo en la sociedad, y en segundo, en hacer accesible la danza a colectivos que normalmente no disfrutan tanto de ella o no están tan conectados o relacionados”, desarrolla.

En esta ocasión, asistida por Marta Sofía Gallego, ha llevado a cabo una mediación con la Federación de personas sordas de la Comunidad Valenciana. Concretamente, en Espai Dona, donde trabajaron con un grupo de 15 mujeres que les compartieron sus necesidades. 

“Hemos estado intentado generar una conexión para que vengan a ver danza. Aunque esa relación comience con las propuestas de nuestra compañía, buscamos que sea una semilla que les incite a ver otras piezas”, espera la autora, productora, intérprete y directora del montaje.

El tercer vértice del triángulo femenino sobre el que se sostiene este estreno es una bailaora sorda conocida como La Singla, pero de nombre, también, Antoñita. Aunque es una obra de flamenco contemporáneo, su presencia forma parte del imaginario, inspirando tanto la música como algunas partes coreográficas.

El conjunto se divide en tres capítulos coreografiados por otras tantas creadoras: Rosa Sanz, que firma Vibrar; Mariana Collado, que se ha encargado de Brava; y Jacob Gómez, a quien corresponde la autoría de La Múa.

“Plasmar la perspectiva de un trío con formación y estilos diferentes ha generado un resultado muy rico”, avanza irene de la Rosa.  

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Vibración, gesto e infancia

La premisa de la que partió Sanz fue la vibración corporal, cómo con el zapateado se puede transmitir a través del suelo. Aquí, La Singla sirvió de faro para una actualización de su manera de bailar.

La bailaora gitana también ha estado en la mente de Collado durante su proceso de creación. Su fragmento es el más lúdico, flamenco y amable. Imagina cómo bailaba La Singla de pequeña y lo entrecruza con su propia niñez y la de Irene de la Rosa, a la que se le agolparon los recuerdos de los conciertos que organizaba con su hermana, los escenarios inventados, y los bailes con sus padres y sus peluches, como también jugar la comba y a ser cantante.

“Ahondamos en cómo hay momentos o episodios que pueden no ser tan amables o tan divertidos y  tenemos que trasladar o traspasar para recomponernos”, aclara la creadora del espectáculo. 

Jacob se ha centrado en la parte más dramática: el gesto y su vinculación con la lengua de signos en un arte, el de la danza, que se expresa a través de movimiento sin palabras.

Aunque el orden de creación de las piezas difiere, sobre el escenario, en primer lugar, se representa Brava, a continuación, La Múa, y Vibrar remata.

“Lo hemos hecho todo desde el respeto y la humildad, abiertas a conocer. Por supuesto habrá momentos en los que a lo mejor nos equivoquemos, pero el resultado de poder crear nuevos públicos y familiarizar a otras audiencias con la danza, vale la pena”, se reconforta de la Rosa, que ya se halla trabajando en un nuevo proyecto para acercar la danza al público con Alzheimer.

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