VALÈNCIA. En un motel perdido en un desierto entre México y Estados Unidos se encuentra una pareja de amantes. Ellos son Eddie y May, dos personas que entre la pasión, el deseo y los fantasmas del pasado se encuentran en un motel de carretera. Con el amor como único incentivo se encuentran entre las sábanas y las paredes de una habitación en la que, en algún momento, decidieron amarse. A su vez se esconden entre las páginas de Locos de amor, la obra de teatro de Sam Shepard que ahora se sube a las tablas de La Rambleta -el domingo 25 de enero- bajo la dirección de Jesús Arbués.
Entre la arena del desierto y el camino que deja el carmín de los labios de May se encuentra el actor Eduardo Rosa, quien interpreta a Eddie y consigue enamorarse sobre el escenario como lo hace el personaje. Con una función que según Rosa va a “200 por hora” encuentra en el teatro un lugar en el que rendir homenaje al gran Sam Shepard: “Es una obra muy emocionante en la que se mezclan todo tipo de registros. Hay pasión, hay celos y hay ira mientras se puede ver y vivir una historia de amor. Los espectadores pueden ver como la vida ha marcado a Eddie y May y pueden comprender como la relación con sus padres y con su entorno les ha hecho llegar donde están. La obra tiene mucha crudeza y evidencia la potencia creativa de Sam Shepard”, explica el actor.

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- Imágenes cedidas por La Rambleta
Entre el drama y el romance Locos de amor consigue mostrar un western cocinado a fuego lento en pleno siglo XXI para viajar hasta el año 1983, en el que se estrenó la obra en San Francisco, y comprender cómo han cambiado las relaciones entre el pasado y el presente. “La obra tiene momentos que han envejecido mal y otros que reflejan perfectamente como podría ser una conversación de pareja ahora mismo. Desde el presente se puede evidenciar mejor en qué momentos los personajes principales se están manipulando y las espirales de toxicidad sobre las que caen. El texto muestra como ambos protagonistas se van encaminando poco a poco hacia el infierno de una relación tóxica que les destroza”.
Con una pareja que funciona como “columna vertebral del texto” sobre el escenario se ven tiros, peleas y efectos especiales que ayudan a viajar al universo de Locos de amor. En tan solo una hora y media el público puede introducirse en una propuesta, diseñada por Arbués, que avanza “a gran velocidad mientras se adentra de lleno en el universo de Shepard”. Jugando con los efectos especiales sobre el escenario y con las luces, el diseño de sonido y las proyecciones Rosa explica que cada detalle cuenta para crear una obra que se puede ver, oler y tocar.

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- Imágenes cedidas por La Rambleta
“Sobre el escenario se puede ver una escopeta real, se huele el alcohol de una botella de Jack Daniels y el espectador funciona casi como un personaje más”, destaca Rosa, quien añade que el reto de la pieza es que los espectadores consigan no juzgar a los protagonistas. “Viviendo esta historia desde el presente el mayor reto es no juzgar a Eddie y May. La obra les lleva a lugares muy incómodos y el espectador se convierte en una especie de mediador entre ambos. Entre la acción, las conversaciones y la tensión que se palpa entre ambos el reto es comprender a esta pareja y las emociones que se palpan dentro del texto”.
De esta forma, Locos de amor viaja al siglo XXI para aprender de sus errores del pasado, para mostrar la toxicidad y su mal envejecimiento y reflexiona sobre el amor en todas sus formas. Con sumo cuidado y elementos clave que ayudan a aumentar la credibilidad de la historia, Arbués dirige una pieza en la que los espectadores se siente parte de una pareja que no tiene claro su futuro. Solo saben que ahí, sobre las tablas, tienen que rendir cuentas a Shepard en una historia que habla del amor en todas sus formas, y que se permite enloquecer en todas ellas.

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