VALÈNCIA. El cuerpo como herramienta de fricción con el espacio urbano. Esa es una de las claves de la propuesta que los performers Matt McCreary y Charles Auguste desplegarán la tarde del jueves 14 de mayo en el Parque de Cabecera, en el marco de la inauguración del Festival 10 Sentidos. Sus piezas físicas, que combinan danza, acrobacia, parkour y performance han corrido como la pólvora por redes sociales como Instagram o Tiktok; ahora, en València, ambos artistas trasladan esa investigación al espacio público con una intervención concebida específicamente para el entorno que la acoge en cada función.
La propuesta es (SITE SPÉCIFIC*), un proyecto en el que ambos creadores desarrollan “una práctica compartida situada entre la observación y la interacción”, en la que el cuerpo funciona como “un instrumento crítico y relacional capaz de transformar la manera en que se utiliza y experimenta el espacio”, explican.
Es decir, todo lo contrario a una coreografía cerrada que pueda reproducirse de forma idéntica en cualquier lugar. McCreary y Auguste trabajan con escucha y adaptación. “Cada intervención se concibe como una creación in situ, desarrollada a partir de las especificidades del lugar que nos acoge”, explican los artistas en unas declaraciones remitidas a este diario. Y añaden: “Sus condicionantes vernáculos, sus lógicas ergonómicas, sus modos de uso, sus tensiones culturales y su configuración espacial se convierten en materiales constitutivos de la propia escritura coreográfica”.
Ayer mismo ya estaban pululando por el Parque de Cabecera para ver sus posibilidades y la manera en la que descifrarán su paisaje. Su metodología pasa por recorrer el lugar, observar cómo circulan los cuerpos y detectar finalmente las dinámicas invisibles que estructuran lo cotidiano en ese entorno. “El proyecto no consiste en trasladar una forma preexistente a un entorno determinado, sino en producir una obra que surge del encuentro entre un vocabulario corporal ya establecido y las realidades concretas del terreno”, apuntan.
El resultado será una intervención efímeras de entre diez y quince minutos que alterará temporalmente la percepción del espacio. Lo hacen con movimientos extremos y equilibrios imposibles que desafían las inercias habituales del lugar. Y un elemento irrenunciable para ellos es la búsqueda por cierta extrañeza en escenarios cotidianos y conocidos.
“El núcleo de nuestra práctica reside precisamente en esa reciprocidad: dar forma al espacio mientras, al mismo tiempo, somos moldeados por él. Cada performance se convierte así en una forma singular, inseparable del contexto que la hizo posible”, concluyen.