VALÈNCIA. Teatro, música en vivo y una luz blanca terrible para preguntarse en La Màquina Teatre qué significa tener un hogar. Todos estos elementos se dan la mano en Casa, una obra de teatro documental de la compañía brasileña Ministerio Sin Fronteras que nace en un aeropuerto sin tejado ni ventanas. “En un aeropuerto detenido en el tiempo, un hombre atraviesa controles burocráticos absurdos mientras intenta continuar un viaje marcado por una noticia recibida antes de partir. En ese espacio suspendido, el tránsito se vuelve un recorrido íntimo donde pasado y presente se superponen”, promete la compañía antes de que se alce el telón.
Con tres funciones, el 13, 14 y 15 de noviembre, Abel García, Angélica Montilla y Diego Martínez se preguntan sobre el hogar y la pertenencia en un momento crítico para mencionar la palabra Casa. Partiendo de su condición de migrante, García actúa y también está en el proceso de dramaturgia junto a María Rosa Brighenti, con quien trabaja en esta pieza que busca trasladar a València que significa la pertenencia a un hogar. La obra viene precisamente de reflexionar sobre esta pregunta en Buenos Aires y Sāo Paulo, y ahora es el momento de aterrizar en España, más concretamente en los destinos más cotizados para tomar el sol: València e Ibiza.

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- Imágenes cedidas por Ministerio Sin Fronteras
Preguntado por la manera de acercar esta pieza a nuevos destinos, García tiene claro que el germen de la idea de Casa es lo que hace que se entienda allá donde vaya, y que el público se pregunte qué significa realmente la palabra casa con todas sus acepciones. “La vivienda es el tema de nuestras vidas, y por desgracia está siempre en el punto de mira. Cuando pensamos en cómo abordar este tema, no podemos no hacerlo desde el lado político, y es por ello que empleamos la voz sobre el escenario para acercar el relato a todos los territorios”.
Jugando con un fondo blanco, casi de hospital, una sala en la que la espera es la norma y una luz blanca que deprimiría a cualquiera, buscan que la estética de la pieza hable por sí sola y que provoque incomodidad. “La escena habla precisamente del paso del tiempo, de la espera y de la ansiedad que provoca este tema. No pertenecer a un lugar habla precisamente de la incomodidad y esto es lo que intentamos contar con las partes que se ven y complementan el texto”. Investigando el espacio, los objetos y los materiales como herramientas para desarrollar la creatividad, García y sus compañeros se quedan a vivir en un aeropuerto en el que hay de todo menos un ápice de comunidad.
Preguntado sobre la cuestión que plantea la obra en sí misma, “¿qué significa tener un hogar?”, Martínez señala que es algo que intentan averiguar con Casa y que ponen de deberes para el resto del público. Él, tras varias representaciones y muchos borrones antes del texto final, lo tiene claro. “Tiene que ser un lugar mental, no necesariamente físico. Es un espacio en el que nos sentimos que pertenecemos, puede ser una persona, una melodía y hasta un sentimiento”, porque eso, por fortuna, aún no tiene un valor numérico con el que se pueda especular.

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- Imágenes cedidas por Ministerio Sin Fronteras