ALICANTE. La actriz Montse Amat se mete en la piel de Brigitte Raventós, la extravagante chef internacional que protagoniza La cuisine de ma cousine, el nuevo fenómeno escénico de la compañía La Cubana, que trasmuta la intensidad en comedia y el postureo culinario en carcajadas. Un espectáculo musical que estará en cartel en el Teatro Principal de Alicante del 8 al 18 de octubre. Alicante Plaza habla con la actriz sobre el caos entre bambalinas, la fascinación por las estrellas Michelin y el arte de improvisar con el público.
— Brigitte Raventós es una chef internacional aclamada por su "cocina de los sentimientos". ¿Cómo definirías a Brigitte en tres adjetivos y cuál fue la primera chispa para construir su personalidad?
— Pasional, con mucho carácter y emprendedora. La primera chispa vino de la pasión y la intensidad en la que Brigitte habita; vive en una auténtica montaña rusa emocional, es hiperintensa.
— La alta cocina exige una presencia casi teatral en la vida real. ¿En qué o en quién te inspiraste para capturar esa mezcla de elegancia francesa, ego de gran chef y caos tras los fogones?
— La verdad es que cuando Jordi [Milán, el director] me dio el guión, el personaje estaba muy bien definido y no me costó imaginarla. Después he intentado ir poniéndole capas: algo de ternura, de vulnerabilidad... De todas maneras seguimos construyéndolo. Lo digo en plural porque cada noche van surgiendo cosas que perfilan al personaje, y normalmente nacen del propio público.
— En la obra se habla de platos para 'bocas pequeñas'. ¿Cuál es el plato más disparatado o pretencioso que cocina Brigitte durante el show?
— (Ríe) Para saber esto tendrías que venir a su masterclass... Lo decide al momento, según le venga la inspiración.
— La cuisine de ma cousine retrata nuestra obsesión por las estrellas Michelin y la necesidad de fotografiar la comida antes de probarla. ¿Alguna vez te has pillado a ti misma haciendo postureo gastronómico?
— No soy mucho de postureo, la verdad. No toco mucho las redes ni soy de enseñarme; me da mucho pudor. Me gusta mucho la gastronomía como acto social, identitario y cultural, y me produce mucha felicidad. Quizás sí que en alguna ocasión he acudido a un restaurante de "boca pequeña" por el relato, pero no lo he acabado de disfrutar.

— El humor de La Cubana siempre tiene un fondo de verdad cotidiana. ¿Por qué crees que nos fascina tanto el universo del esnobismo culinario?
— Pues yo también me lo pregunto, la verdad. Comemos por encima de nuestras posibilidades y creo que todo esto está sobredimensionado. El hecho de poder acceder a un restaurante con un año de lista de espera imagino que nos hace creer que pertenecemos a un grupo exclusivo, con una supuesta superioridad cultural por saber qué es una esferificación o cuál es el maridaje idóneo. Al mismo tiempo, acudir a un restaurante de alta cocina se ha convertido en una performance artística fascinante.
— La Cubana es famosa por su ritmo frenético, sus cambios de vestuario express y la interacción con los espectadores. ¿Hay más caos en el escenario o en los camerinos?
— En ambos lados. Las dos cosas son lo mismo. Detrás del escenario está todo milimetrado para poder hacer estos cambios tan rápidos: ponemos los camerinos pegados a la escenografía con caballetes y maderas para ir a toda prisa. Si vieras el espectáculo por detrás te parecería un caos absoluto, pero en realidad cada cosa está allí por algo.
— La participación del público es clave en vuestras funciones. ¿Cómo manejáis la improvisación cuando un espectador responde de manera totalmente inesperada?
— La base de la improvisación es saber escuchar. Si estás escuchando, sabes más o menos cómo manejar la situación. A no ser que sea algo muy fuera de lugar, normalmente no das cabida a nada que pueda desestabilizar la función y continúas con el show. Pero eso pasa poquísimas veces.
— En cada ciudad incorporáis guiños y complicidad local. ¿Cómo preparáis esa adaptación en cada parada de la gira?
— Antes de llegar a cada lugar, Jordi nos manda la información relevante de cada ciudad y la posible adaptación al guión. Después, durante el montaje, acabamos de perfilarlo con amigos del lugar o con los propios trabajadores del teatro.

— Si pudieras invitar a cualquier personaje histórico o famoso a una cena con Brigitte Raventós, ¿a quién elegirías y qué le servirías?
— Sería muy divertido sentar en una mesa a unos cuantos chefs reconocidos junto a Brigitte. Reírse de uno mismo es un signo de inteligencia y creo que podríamos reírnos muchísimo.
— Después de interpretar a una chef tan extravagante cada noche, ¿cuál es tu comfort food real al salir del teatro?
— Pues mira, realmente la comida es mi premio después de la función. Acostumbro a comer muy poco los días de función para no sentirme pesada, así que cuando salgo suelo tener mucha hambre. Sentarme a cenar con tranquilidad con mi pareja después del show —y, en el caso de la gira, hacerlo probando la gastronomía típica de cada zona— es algo que me produce muchísima felicidad.