Nace Los Pitiamos, la compañía valenciana que se dirige a los niños como si fueran mayores: “Son el público más exigente”

Teatro y danza

TÍTERES ALTOS Y FUERTES
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VALÈNCIA. Cuando Marina Lilith era pequeña, había muchas palabras que se le trababan en su “lengua de trapo”. Una de ellas era hipopótamo, un animal imposible de pronunciar y al que acabó llamando -con mucho esfuerzo- un pitiamo. Bueno, al menos coincidía en las tres letras del final, algún mérito hay que darle a esa jovencísima Marina. Honrándola y recordándola, ahora ha dado a luz a su compañía de teatro infantil: Los Pitiamos, que compone junto a Miguel Torrecilla y Selva Gallart, con los que también ha trabajado en la compañía valenciana Kalostro. Ahora, esa leche materna, ha dado el salto del biberón al vaso, con un nuevo proyecto que se dirige a los “niños adultos”.

Este proyecto nace de un sueño hecho realidad, el de crear una compañía propia con la que dirigirse a los niños. La idea surge precisamente de trabajar los tres juntos -Lilith, Torrecilla y Gallart- en una empresa de cuentacuentos. “Al estar allí, empezamos a valorar a los niños como público y, en parte, como nuestro foco principal artístico. Empezamos a comprender los cuentacuentos como una herramienta para acercar a los niños al mundo del teatro y ahí vimos que había una potencia muy interesante”, destacan desde Pitiamos. 

 

Lilith, con su trabajo manual creando las marionetas y los títeres para estas historias, vio también la oportunidad de crear sus propios personajes y hacerlo a su manera. Lo hacen también desde obras como Los zapatos de Juanilla, en la que Torrecilla destaca que los niños son perfectos para “entrar en el juego teatral” y se convierten en un público muy exigente, seguramente el que más. “A mitad del espectáculo te pueden contestar, y eso también es algo mágico. Los niños aceptan el código teatral enseguida, pero también notan muy rápido cuando lo rompes”, señala uno de los creadores de la compañía. La idea de este colectivo es también crear teatro con el que dirigirse a los mayores acompañantes.

 

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“Con Los zapatos de Juanilla también nos dimos cuenta de que está muy denostado el imaginario colectivo del cuento infantil. Nos parece interesante encontrar un lenguaje que sirva tanto para los niños como para los mayores. Lo que queremos es volver a leer los cuentos clásicos desde la inocencia de un niño para darles una nueva vida, porque hay historias que ya nos sabemos todos de memoria”. De esta forma, Pitiamos pretende salirse de la estructura clásica del cuentacuentos para crear universos nuevos desde telas, maderas y demás elementos porque “los niños y los adultos tienen tanta imaginación que en ningún caso hay que darles todo tan masticado”.

 

Por su parte, Gallart, señala que su firma es precisamente hablar a los niños como sin infantilizarlos; es su firma más reconocible: “Llevamos muchos años trabajando con niños y nunca hemos concebido una forma de tratar con ellos que no sea como hablaríamos con un adulto. Obviamente, le metemos fantasía y magia a nuestros cuentacuentos, y hay momentos en los que el tono puede ser un poco más “infantil”, pero son los mismos tonos que usamos entre nosotras cuando nos ponemos a jugar con las marionetas. Creo que el problema es que entre adultos solemos ser demasiado serios. También hay muchos temas que los mayores le ocultan a los niños con el fin de protegerles. Nosotros creemos que deberíamos poder hablarles de cualquier cosa, siempre eligiendo bien las palabras, las metáforas y teniendo en cuenta la responsabilidad que tenemos con respecto al mensaje que se lleven a casa”. 

 

Jugando con esa imaginación, dan vida a Tutú, Tate y Títi, tres “criaturas curiosas, divertidas y entrañables que invitan a mirar la realidad desde otros ojos”, y que les ayudan a comprender la imaginación como “herramienta para comprender el mundo, desarrollar la creatividad y fortalecer los vínculos entre generaciones”. Tras Tutú, Gallart explica que su marioneta tiene también parte de ella: “Tutú, el títere más loco de los tres. Un punto que a mí me parece muy divertido de Tutú, es la aparente incoherencia. Me encanta buscar conceptos o respuestas que a priori no tienen sentido entre ellas y conectarlas de alguna manera alocada, siento que es un juego que estimula mucho la imaginación, tanto la nuestra como la del público”.

 

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“Como cuentacuentos, soy la más gamberra de los tres; me gusta contar historias de niñas piratas, de aventureros, de monstruos y leyendas… Cuentos en los que todos los niños participen por igual y en los que tendremos que hacer alguna trastada o romper un poco las normas para poder llegar al final de la historia”. Estas tres criaturas, creadas y confeccionadas por Lilith, son las que les ayudan a trasladar el mensaje de Pitiamos al mundo. “El naíf es más redondito, el loco es más triangular y el doctor es más cuadrado. A partir de los personajes nacen también nuestros cuentacuentos”, señalan desde la compañía.

 

Moviendo las orejas ante cada estímulo, como haría un hipopótamo -o un pitiamo para Lilith- consiguen que los niños comprendan el teatro desde muy pequeños, y que se adentren en un mundo en el que están más que invitados a ser exigentes y preguntarlo todo. Cuando se sube el telón, los Pitiamos se convierten en esos tres títeres amigos que le hablan a los niños de tú a tú y que incluyen a sus acompañantes en la narrativa. Lo hacen porque van muy bien acompañados de tres artistas que se han hartado de trabajar todas las disciplinas en València y que, gracias a coincidir en varios trabajos, han decidido seguir una vocación conjunta y propia. Una con la que enfrentarse al público más exigente: los niños, que siempre les hacen mejorar tras cada función. 

 

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