VALÈNCIA. En el mundo de la danza, como en el del deporte, más que compañeros hay rivales. Una filosofía que hace que quienes mueven su cuerpo lo hagan a veces con violencia, con movimientos llenos de competitividad y con enfado en según qué casos. Para las creadoras de la compañía Manoamanodanza, Emma Navarro y Berta Miragall, la danza “siempre ha sido un juego y tiene que seguir siéndolo”, lejos de las peleas, los retos imposibles y de enfrentarse con sus compañeras de profesión sobre el escenario. Es por ello que rehúyen de las audiciones y que se sienten más cómodas tratándose como amigas que como compañeras.
Tras el mundo competitivo de la danza, y con un paralelismo que encuentran con el mundo de la esgrima, crean su pieza Point, que se estrena del 23 de abril al 3 de mayo en Espai Inestable y que muestra “la tiranía de un sistema que nos obliga a perseguir la medalla de oro a toda costa”. “Point reflexiona sobre lo que nos perdemos mientras intentamos sobresalir por encima de todas las demás, y dialoga con la posibilidad de construir un camino alternativo en un sistema que promueve el ascenso social, económico y profesional como única vía. A través de la pieza, pretendemos seguir de cerca a dos esgrimistas que buscan la recompensa inmediata del punto, olvidando quizá, que hay un horizonte más allá del filo del florete”, reza la sinopsis de la pieza.
Convirtiendo las espadas en abanicos y Espai Inestable en una suerte de ring Navarro y Miragall consiguen bailarle a la competitividad para burlarse de esta a través de la esgrima, un deporte muy elegante y que se caracteriza por su componente de lucha. “Comenzamos a ver paralelismos entre la esgrima y el flamenco y empezamos a trabajar y explorar sobre esta idea. Esta propuesta escénica nos ayuda a mostrar todas las caras del combate mientras bailamos para hablar sobre la presión que se ejerce sobre los bailarines”, destacan las artistas que se muestran frente al espejo sobre el escenario.

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- Foto: PABLO MILÁN
“Cuando íbamos a clase, nos decían que nuestras compañeras no son tus amigas, son tus competidoras. Que tienes que llegar más alto que ellas para ser alguien, y nosotras nunca hemos comprendido la danza como un asalto ni como una pelea”. Para contar esto a través del movimiento, y sin hacer uso de las palabras, Navarro y Miragall se suben al escenario de Espai Inestable y muestran varias batallas entre ellas en las que exploran toda la amalgama de sentimientos que conlleva la derrota y la victoria. Jugando con dejarse ganar y con convertirse en campeonas a partes iguales, reflexionan sobre la victoria y la idea de “acabar quemadas por lograr una medalla de oro”.
“En los ensayos nos dimos cuenta de que es muy difícil ganarse la vida a través del arte, pero sabiendo eso bailamos y disfrutamos del movimiento. Nos encanta estar en el aula de ensayo, trabajar en nuestra compañía y a veces disfrutamos más del proceso que de la exhibición y el resultado final. Lo que mostramos en la pieza es que es mucho mejor disfrutar del proceso que estar arriba del todo y que todo el mundo te conozca. Ganar no garantiza que estés bien, ni la felicidad, ni nada. Al final te olvidas de que tú estás haciendo esto porque te gusta bailar”, señalan desde Manoamanodanza.
Tras el florete encuentran un lugar en el que la danza se representa entre cuatro paredes llenas de público, donde bailan acompañadas por la música de Helena Feenstra, donde les baña la luz de Pablo Milán y donde se dejan vestir por Eva López, Alvarickoke y David Sanchis. Todos sus compañeros, y amigos -junto a Mar Cardona en la producción audiovisual, Carla Cea como técnica de iluminación y con las voces de Cristian Gambín y Louis Khomtchenko- les ayudan a bailar en sintonía con el mundo que les rodea, a comprender el éxito y el fracaso como iguales y a no estresarse por ser las primeras del mundo.
“Esta pieza nos sirve como aprendizaje para hacer lo que a nosotras nos apetece. Nos enseña a salirnos de las dinámicas de competición del mundo profesional de la danza para salir de este bucle tan tóxico”. Porque cuando están sobre el escenario ya se sienten ganadoras, llenen las gradas o no y puedan vivir o no de ello, y porque lo que importa es que se leen como amigas y no como competencia gracias al arte del movimiento armónico y no de lucha.

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- Foto: PABLO MILÁN