VALÈNCIA. Sala Russafa retoma su actividad tras el parón estival con su tradicional colaboración con Russafa Escènica – Festival de Tardor, iniciativa a la que apoya desde sus inicios y con la que programa este año la comedia Las que tiran del carro. Del 17 al 20 de septiembre, en el teatro de Ruzafa podrá verse esta creación de Reyes Ruiz. Una coproducción de Patio de Vecinas y Frescultura que retrata la desconocida lucha vecinal que impulsaron las mujeres que llegaron del campo a los extrarradios de las grandes ciudades.
En los años 60 y 70 del siglo pasado, el movimiento migratorio interno llevó a jóvenes parejas y familias a buscar un futuro mejor abandonando las zonas rurales. Pero el sueño que perseguían se chocó con una realidad: calles sin asfaltar, bloques de viviendas aislados, sin colegios, ambulatorios, tiendas o transporte público. Un panorama desalentador que ellas lograron transformar.
“Cuando vi la película El 47 me acabé de decidir a hacer algo con toda la documentación que había estado consultando, documentales como Ellas en la ciudad o Por mí y por todas mis compañeras. El protagonista en esa película volvía a ser un hombre, cuando lo de secuestrar un autobús para conseguir que el transporte público llegara a las zonas periféricas de Barcelona ya lo había hecho antes una mujer, Maruja Ruiz, en otro barrio”, argumenta la dramaturga y directora Reyes Ruiz, quien progresivamente se ha ido especializando en contar historias que recrean universos femeninos. “Creo que es importante que las mujeres estemos sobre el escenario y en todas las facetas de la creación escénica, las nuevas generaciones están rompiendo muchas barreras. Pero lo más importante es que se cuenten las historias de mujeres que se han silenciado”, explica Ruiz quien, además, disfruta especialmente al trabajar con actrices que se sitúan en esa franja de edad en que parecen volverse invisibles, a pesar de su talento.
En esta ocasión, las experimentadas Mª José Peris y Silvia Rico son las coprotagonistas junto a María Minaya, más joven. Un elenco perfecto para mostrar la sororidad intergeneracional que se estableció entre quienes llegaban a lo que habían imaginado como un paraíso y, en vez de quedarse de brazos cruzados ante la cruda realidad, lucharon para transformar las ciudades. “Subvertían el rol, lo que se esperaba de una mujer. Pero ellas lo veían como una extensión más de su trabajo para cuidar de lo doméstico, de su familia y su casa porque sus compañeros estaban trabajando todo el día fuera”, comenta la dramaturga sobre una valentía que las llevó a enfrentarse a las fuerzas de seguridad, a la burocracia o al poder, “y en muchas ocasiones recibían castigos más severos porque se consideraba que el activismo no era propio de una mujer”, remarca Ruiz.
En el tono de comedia que caracteriza las creaciones de esta autora y directora de escena, tomando como referencia hechos reales, pero con personajes e historias de ficción, Las que tiran del carro muestra una galería de mujeres humildes que podrían haber sido las vecinas o familiares de cualquier espectador.
Con humor, ternura, compromiso y sororidad, desde este jueves hasta el domingo, el público podrá descubrir a heroínas anónimas del éxodo rural, una faceta de la memoria histórica que la dictadura franquista trató de vender como ‘desarrolismo’ para enmascarar las necesidades económicas que impulsaron enormes movimientos migratorios. Un montaje muy dinámico, con música original de Pep Llopis y canciones en vivo, que va de la comedia cotidiana a los hechos más comprometidos para recordar dos aspectos que hoy parecen perdidos: el sentido de comunidad y la esperanza colectiva.

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Una temporada para "la formación de un criterio escénico"
Sala Russafa sumó la pasada temporada más de 20.000 espectadores, un significativo incremento del 13% respecto al ejercicio anterior que ha supuesto un impulso para el equipo directivo del centro y una pequeña ayuda, frente a apoyos institucionales menguantes, en un panorama complicado para las artes escénicas.
“Tenemos claro que nuestra programación tiene que aunar calidad y diversidad para contribuir a formar un criterio escénico en el público. Si solo programas un tipo de obras porque te funcionan, estás obviando mucha de la creatividad de la escena valenciana y nacional que también puede llegar a conectar con los espectadores y ampliar su mirada”, explica Juan Carlos Garés. Es socio fundador, junto a Chema Cardeña y David Campillos, del centro de producción, formación y exhibición de artes escénicas, cuya creación decidieron desde su compañía teatral, Arden Producciones. Dieciséis años después de que abriera sus puertas, Sala Russafa ha formado una comunidad creciente, curiosa y abierta, que confía en las propuestas que de septiembre a julio ofrece el centro.
“Estamos muy contentos porque ha aumentado la asistencia tanto al ‘Ciclo de Compañías Nacionales’ como al que dedicamos a las valencianas. Siempre es más fácil atraer espectadores cuando son artistas autonómicos porque los nombres o los espectáculos resultan más familiares. Pero el público que viene a la sala está dispuesto a dejarse sorprender y se fía de la selección que hacemos”, explica el director del centro sobre una oferta que esta temporada incluirá, por ejemplo, desde la versión escénica de la novela El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes a un nuevo montaje del clásico de Albena Mandíbula afilada, esta vez de la mano de otra compañía. También las novedades de los valencianos Bramant Teatre, L’Horta Teatre y La Dependent, así como estrenos en la Comunitat de la extremeña Karlik Danza o de la asturiana La Westia Producciones, ambas prácticamente desconocidas para la audiencia valenciana, pero que acabaron enamorándola y ganando el Premio del Público de Sala Russafa con anteriores propuestas. Son solo unas pinceladas de una programación que, a lo largo de la temporada, irá alternando los ciclos dedicados a los y las creadoras autonómicas con las nacionales y las propuestas para público familiar.
A todo ello hay que sumar actividades paralelas entre las que se encuentran exposiciones de artes plásticas en el hall del centro y conciertos de Alejandro y María Laura o Anna Andreu, por citar solo un par de los artistas previstos. Además, habrá nuevas presentaciones de libros, acercando la literatura y el pensamiento al público en actos que en Sala Russafa se caracterizan por su cercanía.
La aportación de Arden Producciones, la compañía de los socios fundadores de Sala Russafa, será similar a las de otras temporadas. Por una parte, la estancia de uno de sus espectáculos para adultos y otro para público familiar. Este año serán, respectivamente, El perfume del tiempo - que celebra 5 años en gira – y La reina pirata. Por otra parte, está la tradicional coproducción que cada año hacen para la campaña navideña, piezas mordaces, llenas de humor crítico y música en directo.
“El año pasado mantuvimos varios de los espectáculos programados más de una semana en cartel porque queremos luchar contra la fugacidad que caracteriza a la cartelera valenciana, muchas veces con un solo día para ver algunos espectáculos. Es un riesgo y un reto, tanto para la sala como para la compañía, pero ha funcionado, hemos visto cómo el tiempo jugaba a favor de los espectáculos. Cuando podamos, queremos mantener esta estrategia de dar más oportunidades a los espectadores de disfrutar de una pieza y dar margen para que actúen las recomendaciones”, afirman desde Sala Russafa sobre una temporada en la que celebran su ‘Sweet Sixteen’, poniéndose de gala con una programación que habla de la frescura y el arrojo de un proyecto joven, pero que va consolidando su espacio en la oferta escénica valenciana.