VALÈNCIA. Dentro de la colaboración con Russafa Escènica – Festival de Tardor, Sala Russafa ofrece el estreno absoluto de Ahlam, soñar con una vida, una producción de la Asociación Comité Español de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) en colaboración con la formación balear Hermanas Picohueso.
El jueves 24 septiembre podrá verse este espectáculo que lleva al escenario el cómic homónimo de Susanna Martín y Cristina Bueno, publicado en 2021. Cuenta historias reales de mujeres y niñas palestinas refugiadas en El Líbano, heroínas anónimas que se convierten en el soporte de sus comunidades, incluso en la distancia.
Un relato que se remonta dos décadas dentro de un conflicto bélico enquistado, que ha robado la posibilidad de una educación completa, una infancia segura y un futuro esperanzador a varias generaciones, aunque en los últimos años haya mostrado su peor cara.
Durante treinta minutos, los cuerpos de las intérpretes Manar Tajlo y Agnès Jabbour son los encargados de crear mapas, espacios y diferentes personajes, abriendo desde la inocencia una ventana para observar cómo se profana lo más sagrado, los derechos más básicos de una población que, a día de hoy, sufre una masacre por parte del Estado de Israel que ha desestabilizado la geopolítica internacional y arrancado miles de vidas.
Las artes escénicas se convierten en una herramienta de concienciación con este espectáculo breve y conmovedor, que vendrá seguido de un coloquio conducido por Almudena Albert, técnica de educación para la ciudadanía global en UNRWA Comunitat Valenciana, y con el testimonio de Rawaa Abu, una mujer refugiada de Palestina que ha nacido y crecido en un campo para personas refugiadas en el Líbano. La sesión es de acceso gratuito, previa inscripción a través de la página web del festival y hasta completar aforo.

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Aprender a 'desodiar'
Tras el paso de Russafa Escénica – Festival de Tardor, Sala Russafa presenta la programación especial Alcem el teló, con la que cada temporada hace una declaración de intenciones sobre lo que podrá verse en el teatro en los próximos meses. La primera de sus dos propuestas es El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de la compañía madrileña A de Ardilla Producciones, en cartel esta semana.
Del 25 al 27 de septiembre regresa este espectáculo firmado por Miguel Alcantud e interpretado por Juan Díaz, que agotó las localidades en su paso fugaz por Sala Russafa el pasado mes de febrero. Con funciones de viernes a domingo, una nueva oportunidad para descubrir la versión escénica de la famosa novela de Tatiana Tibuleac. Con 24 ediciones solo en España, este éxito de la literatura contemporánea europea ha alcanzado numerosos reconocimientos en este y otros países, a pesar de la dura relación materno-filial que retrata. Quizá, la clave está en el proceso de aprender a ‘desodiar’ que plantea. Un reto cada vez más necesario en una sociedad que tiende a la polarización, también en los afectos.
La acción en el estudio de un pintor de éxito. En plena crisis de creatividad y atormentado por problemas de salud mental, el psiquiatra le ha recomendado bucear en sus recuerdos para desbloquear a un tiempo sus emociones y su expresión artística.
Junto al público, se sumerge en el verano que pasó junto a su madre, aquejada de una enfermedad terminal, en un pequeño pueblo francés. Unas semanas de redención, un tiempo de descuento para recomponer una relación rota. Y, conforme evoca sensaciones, escenas o sentimientos, las palabras van saliendo de boca del protagonista. Y de sus manos, el color, los trazos con los que representa esta exploración de su memoria mientras pinta frente al público.
Esta versión escénica respeta el estilo duro, aunque tremendamente conmovedor de la novela, aumentando en intensidad conforme avanza hacia un desenlace catárquico que propone una intensa experiencia escénica. Un viaje emocional, desde el rencor inicial, pasando por los motivos de una profunda herida, en busca de los posibles puntos de sutura.
La segunda propuesta del ciclo Alcem el teló llegará del 2 al 4 de octubre de la mano de los aragoneses Teatro Che y Moche con la colaboración de la violinista ucraniana Tereza Polyvka. Humor, ternura, absurdo y esperpento se unen en Un día feliz, un divertido musical zíngaro sobre una familia de ‘fantasmas’ eslavos, que recorre sus vivencias desde la primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa hasta la invasión de Ucrania, tirando de comedia y memoria contra la barbarie.