Sara Esteller: “La mediación es un acto extremo de comunicación”

Entrevista

Teatro y danza

La especialista en danza se explaya en el rol social de las artes del movimiento y en las herramientas necesarias para conectar los escenarios con la ciudadanía

  • Sara Esteller.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Como todas las de su pelaje, Sara Esteller se ha sentido cansina en su labor prescriptiva para explicar a las instituciones, a conocidos y allegados en qué consiste su trabajo más reciente: la mediación. Este animal precioso, pero cada vez menos exótico, ejerce, para entendernos, de flautista de Hamelín en el ámbito de la danza, pero sin punto final en un río, sino con acceso y punto seguido a una corriente de pensamiento y disfrute del movimiento y las artes vivas. 

En su maleta de bricolaje escénico, hay herramientas prestadas y otras inventadas a partir de su formación y ejercicio de la comunicación y el periodismo.

Antes de erigirse en médium entre público y artistas, esta oriunda de Puerto de Sagunto fue responsable de prensa para coreógrafos y compañías como Rafa Linares, Cienfuegos Danza, Thomas Noone Dance y Juan Carlos Lérida. 

Como experta en danza ha moderado decenas de encuentros con artistas en teatros de Cataluña y en la ciudad de València. También ha sido jurado de danza de los Premis de la Crítica de Barcelona desde 2014 y de los Premis de les Arts Escèniques de la Generalitat Valenciana en 2022 y 2023. 

En 2022 se sumó al equipo de Espai LaGranja en tareas de mediación, y desde 2022 forma parte del equipo de Dansa València en tareas editoriales y diferentes iniciativas de mediación.

Esta profesional reconvertida ha diseñado iniciativas en los principales festivales de la Comunitat Valenciana. En Espai LaGranja ayudó a abrir el centro al barrio e inició programas pioneros para mayores de 65 años y pacientes de alzhéimer. En Dansa València ha extendido la danza a colectivos diversos, desde niños con autismo hasta mujeres del Parke Alcosa en Alfafar. Y en Sagunt a Escena, su trabajo reciente ha permitido a grupos con diversidad funcional experimentar el movimiento y asistir al montaje inclusivos de Hamlet, una versión recontralibre en el Teatro Romano. Hablamos con ella sobre las herramientas, la falta de continuidad en el sector y la capacidad del arte para transformar la mirada de la ciudadanía.

  • Juan Varela en Dansa València 2024 con AFAV. -

- ¿Qué te motivó a convertirte en mediadora?
- Lo soy por decantación. No fue algo elegido, sino que mis tareas como periodista y como divulgadora de artes escénicas y de danza fueron acercando mi perfil profesional hacia algo que comenzó a convertirse en habitual en las actividades culturales de los teatros y de los festivales.

- ¿Con qué ladrillos y experiencias has ido construyéndote como puente entre el público y la obra?
- Hace una década fui docente de marketing cultural en Barcelona durante dos años. Para preparar mis clases, buscaba casos enriquecedores que pudiera llevar al aula. Me interesaban experiencias inspiradoras para poder hablar de cómo se trabajaba en otros sitios, analizar esos proyectos y que pudieran aterrizarse en el entorno local o propio de cada uno de los alumnos.

Ahí empecé a ver que en otros países y ciudades europeas, esa tarea de mediación estaba desarrollándose de manera constante, con una presencia muy importante y cercana en las actividades de teatros y festivales. 

Ingleses y franceses utilizaban la mediación, ya no solo como una forma de conectar con su audiencia y de crear nuevos públicos, sino también como agentes sociales en el territorio donde estaban ubicados. Descubrí que la mediación servía para convertir el teatro y su actividad tanto en un lugar para generar ideas y contactos, como para desempeñar una serie de funciones sociales y servir de refugio físico para determinados colectivos.

En España quiero mencionar mi formación durante tres años en el Proyecto Ornitorrinco, puesto en marcha por Red Escena.

- En tu blog sueles salirte “por la tangente”, abordando disciplinas como la música, la poesía, el cine y la performance. ¿De qué manera alimenta esa mirada interdisciplinar tu labor de mediación?
- El ballet clásico está en un canon que se reproduce. Sin embargo, la danza contemporánea puede ser infinidad de cosas, contener tanto movimiento como poesía y elementos cinematográficos. Así que cuanto más amplio es tu acerbo cultural, tu relación con todas las artes, más puedes aplicarlo luego a tu trabajo específico con las artes escénicas. 

- ¿Cómo se mide el éxito de una acción de mediación: en el número de asistentes que vuelven al teatro a ver danza o en la transformación de la mirada de quienes asistieron una sola vez?
- La mediación, para mí, tiene dos facetas: por un lado trabajar con el público y por otro, con la sociedad. Es positivo si alguien vuelve a ver danza, porque eso implica que le ha dejado una muesca. No voy a decir que es un éxito, porque no se puede hablar de éxitos en estas cosas, pero sí que es bonito e importante en sí mismo. De hecho, a veces me encuentro en el teatro a personas que han venido conmigo a determinadas experiencias de mediación, y como ya nos conocemos, podemos hablar. Son conversaciones que ocurren desde otro lugar, desde la confianza que coge la gente cuando les has dado la oportunidad de expresarse y opinar sin trabas.

Pero si no vuelven, me quedo con que la experiencia que han vivido es aplicable a cualquier aspecto de su vida: a la hora de ver una película, de escuchar una canción, de tener una relación con la creación...

  • Taller de movimiento, Sagunt a Escena 2026 -

- ¿Cuál es el proceso para traducir el lenguaje abstracto o conceptual de la danza contemporánea en una práctica de mediación accesible?
- He realizado actividades de mediación muy variadas. Se trata de una palabra que contiene muchas acciones, se diseña en función de las necesidades y los objetivos concretos de aquel teatro, de aquel festival, de aquel centro cultural… 

Las ha habido sencillas, que pueden ser un tú a tú en una charla postfunción para poner en contacto al creador, que quiere explicar su punto de partida, con el público, que hace preguntas o expresa sus opiniones. También otras acciones más complejas, con objetivos sociales y connotaciones ligadas al cuidado, como servirme de la danza para trabajar con personas enfermas de Alzheimer y en actividades relacionadas con la salud, que implica coordinarse con equipos no relacionados con las artes escénicas, como médicos, cuidadores y familias.

- ¿Llevas la cuenta de las personas que has convertido en público atento?
- La verdad es que no lo sé, pero quiero creer que de las actividades que he hecho la mayoría de personas se han llevado algo positivo. Para mucha gente supone la primera vez que se acercan a las artes escénicas más allá de como sujetos pasivos, y en las encuestas de valoración valoran el cuidado, el grado de apertura, el contacto con los artistas, el buen rato, hacer amigos…

- ¿Existe para ti un espectador o espectadora imposible de convertir a las artes escénicas?
- A mí no me ha pasado, pero entiendo que haya gente que no sea permeable a la danza o las artes vivas, del mismo modo que hay personas que no leen novelas, solo ensayo o poesía. 

Sí es cierto que hay algunas personas que abandonan la actividad con excusas, pero es el menor de los casos. 

Hay gente que verbaliza que no ha conectado, pero se espera. Cuando, por ejemplo, diseño un itinerario de tres días, puede que el primero sea el más arduo, pero ahí también estoy yo para explicarlo. 

No obstante, en todo caso, hay una fuerza muy poderosa al ponerles en contacto con los y las artistas, porque cuando el creador habla y se explica, se entienden muchas cosas, y eso reconforta y abre la puerta a un montón de posibilidades a quien escucha, vías de pensamiento que a lo mejor tenía cerradas. 

También pueden constatar que su intuición era cierta, porque al final muchos artistas no quieren contar una única cosa, sino que su discurso tiene muchas ramificaciones.

  • Dansem juntes con la Fundacio?n Levante. -

- ¿En qué momento debe intervenir la mediación para ser efectiva: antes de la función, durante la pieza o en el diálogo posterior? 
- En las tres fases. La previa es importante para contextualizar; en el durante hay que mantener la atención, de ahí que sea importante la selección de las obras; y en la parte posterior es donde la gente puede expresarse y establecer esa comunicación entre iguales con los artistas. 

Por eso los periodistas podemos tener un enlace directo con la mediación, porque puede ser entendida como un acto extremo de comunicación.

- Se habla mucho de acercar la danza a nuevos públicos. A este respecto, ¿cómo se evita caer en el paternalismo cultural?
- Tratando a la gente como adulta. No hay que protegerlos de algo que no les guste. La gente tiene derecho a que algo no le guste, a que algo no le llegue, a que algo le resbale. Evitarlo sería perjudicial para la actividad en sí misma. Tenemos que considerar que la gente es soberana en sus opiniones y en sus percepciones, aunque tú les estés dando herramientas para que entiendan y para que amplíen su mirada, existe esa libertad para no casarse con según qué cosas.

- ¿Hasta qué punto debes explicar la obra de una artista y dónde debes detenerte para no condicionar la interpretación libre del espectador?
- Todo eso se habla. Me acuerdo de una obra de Joaquín Collado que era muy oscura, tremendamente oscura. Como veías poco, cada uno podía imaginar lo que estaba viendo, así que cuando salí con el grupo de espectadores, el rato que estuvimos a la espera del artista, hubo tal cantidad de apreciaciones que fue divertidísimo. Cuando llegó el momento de cotejar con él, el propio Joaquín alucinaba.

Y esto es bastante común. A partir de lo básico, que puede ser, por ejemplo, una expresión del dolor, las mentes se disparan como cohetes. Yo no pongo límites y el artista tampoco. Lo único que puede hacer es hablar sobre significados, no sobre visiones. Si tú has visto eso, es eso.

Ahora, si consideran que el artista está a favor de Trump, por ponerme en algo muy extremo, a lo mejor ahí sí se equivocan.  

- ¿Qué as guardas en la manga cuando alguien te suelta “no he entendido nada”?
- Les pregunto por lo que han visto, por el sentido que le han dado, pero no me creo la frase de que no han entendido nada. Suelo plantear la típica pregunta de si necesitan entender la música cuando la escuchan o por el contrario, se dejan llevar por las emociones. Ahí abro el canal de la emoción, porque lo racional está muy bien, pero las artes escénicas también existen para removernos. 

  • Participantes de un taller de Dansa València 2024. Fundacion Levante -

- ¿Cómo se gestionan las expectativas de la compañía, del teatro y del público?
- Con buena mano, paciencia, diálogo y sonrisas. Los artistas suelen ser súpergenerosos. Se establecen unas conversaciones muy interesantes, donde cada uno se sitúa en el nivel del otro, donde el público hace un esfuerzo por entender y por expresar lo que ha entendido de una forma intuitiva y el artista hace el esfuerzo de explicar las cosas a un nivel de usuario. 

Hay tantísimos artistas que me han dicho lo bueno que ha sido saber lo que piensa la gente, cómo perciben la obra, dónde les ha llevado, que te diría que nueve de cada 10 propuestas que hago son un sí.

- ¿Y la que es un no?
- Responde a cuestiones logísticas o a que no lo ven necesario.

- ¿Qué hay de los gestores de los teatros, de los directores de festivales, qué esperan de este tipo de actividades?
- La mediación ha ido cogiendo una fuerza y un impulso muy grandes por las propias necesidades de la cultura. En los años 2000, los museos se dieron cuenta de que necesitaban que la gente volviera, y empezaron las actividades pedagógicas y las actividades de mediación. Con el tiempo, todo ese flujo de actividad ha ido alcanzando al resto de sectores de industrias culturales y creativos.

- ¿Cuán a menudo te ves en la obligación de justificar la mediación?
- Es una palabra que antes no existía y ahora pronunciamos con mucha normalidad en el ámbito de la danza y de las artes en vivo. Con el tiempo voy teniendo que justificarme menos, aunque en según qué lugares, todavía hay gente que levanta la ceja. Mucha gente considera los avances como modas, pero para mí la mediación no lo es. Darle importancia a que la cultura pueda dejar poso, bien sea a nivel experiencial, vivencial como social, es muy importante. Así como darle continuidad y que tenga visibilidad. La mediación ha llegado para quedarse, es una herramienta social y cultural imprescindible. Ya no se concibe que un creador pase por un proceso de creación en un espacio sin que, más allá de la obra, eso impregne de alguna manera al público y el entorno. No se concibe que la cultura no tenga un retorno social directo más allá del hecho cultural en sí mismo. Así que cada vez se le puede tapar más la boca a la gente que duda de la mediación, pero sigue haciendo falta tomarla más en serio, y continuar con la tarea de apostolado, hablando del qué y del porqué.

- En el ámbito escolar la mediación busca evitar el conflicto y en el jurídico, facilitar acuerdos. ¿Qué papel juega la fricción cuando hablamos de artes escénicas?
- Imagínate un centro cultural ubicado en un barrio popular o en un barrio trabajador de una gran ciudad donde su programador tenga como objetivo involucrar a su comunidad en su funcionamiento. Necesitará un diálogo que ponga en equilibrio las necesidades de unos y de otros, lo que el centro ofrece y lo que la gente necesita. Eso, inevitablemente, puede provocar cierta fricción. Por eso es bueno que los mediadores estén formados y tengan las suficientes herramientas para actuar como aceite o vaselina.

  • Con un grupo de adolescentes en Dansa València. -

- La mediación cultural ha ganado visibilidad teórica, pero ¿ha ido acompañada de una profesionalización real?
- Sí, de hecho yo estoy muy cercana a currículos profesionales de gente que trabaja en proyectos de artes escénicas y cada vez incluye más que está formada en mediación. Incluso los mismos artistas hacen el esfuerzo de hacer formaciones más o menos cortas para saber cómo y con qué elementos.

- ¿Son dignas las condiciones laborales en el sector de la danza a este respecto?
- Pocas veces son dignas en el sector de las artes escénicas, desde los intérpretes hasta los gestores, excepto en los lugares institucionales, que se rigen por otros mecanismos de remuneración económica. Existe precarización. 

- Cuando fue coordinadora del grupo GOL en Espai LaGranja, Mónica Pérez aseguraba que sin continuidad no se puede afianzar la mediación y que los mediadores no pueden desarrollar su trabajo fuera de modelos estables. ¿Coincides con esta visión?
- Completamente. Si tú plantas algo y luego no lo riegas, se muere. Nada crece espontáneamente, las cosas suceden porque se trabaja en esa dirección, con un sentido y unos objetivos a medio y largo plazo. El cortoplacismo se practica mucho y es muy peligroso, porque son tres pasos para adelante y dos para atrás, con lo cual puede que hayas avanzado un poquito, pero prácticamente vuelves a la casilla de salida.

- En determinados territorios este trabajo se valora y apoya, mientras que en otros hay que explicar continuamente en qué consiste. ¿Es la Comunidad Valenciana uno de esos territorios?
- Hay proyectos de gestión cultural potentes desde El Genovés hasta Alzira. Creo que aquí hay un nivel medio bueno. No está al nivel de Cataluña, que también conozco, pero aquí también se ha empezado mucho más tarde, y en general hay menos recursos económicos dedicados a la cultura. Pero no creo que esté minusvalorado por las instituciones y los centros, aunque necesita más apoyo por parte de todos.

Hay personas dentro de las instituciones que están apostando fuerte por la mediación a través de casos concretos como Dansa València y Sagunt a escena.

- ¿Puedes concretar?
- El año que estuve trabajando en LaGranja de mediación se hicieron cosas importantes que luego se han mantenido. Era un centro que quería abrirse a los vecinos, de modo que lo primero que hicimos fue una jornada de puertas abiertas, porque había gente que vivía en la calle de al lado y no sabía qué se hacía dentro de aquel espacio. 

También se inició un trabajo con personas mayores de 65 años a las que se les quiso acercar al mundo de la danza. El grupo que se creó todavía perdura tres años después, dirigido por Vincent Gisbert. También se concretó un trabajo de Juana Varela con personas enfermas.

En Dansa València, además de los itinerarios con público, hemos trabajado con grupos diversos, desde niños con autismo a chavales con discapacidad, personas con Alzheimer y mujeres en los barrios. 

Me gustaría destacar especialmente el taller desarrollado con las vecinas de Parke Alcosa, en Alfafar, porque la gente no tiene un acceso fácil a la cultura, así que cuando a todas esas mujeres se les ofreció un taller de baile, flipaban con que alguien, de repente, les ofreciera algo de esa calidad, con esa cercanía, en casa y gratis. Fue el germen de las clases de flamenco que ahora han organizado todas las semanas.

Justo la semana pasada finalizamos una experiencia increíble en Sagunt a Escena, donde un grupo de personas con discapacidad de la Asociación InsProject realizó un taller de movimiento de tres días. Se remató la actividad con la asistencia a una obra en el Teatro Romano protagonizada por actores y actrices con síndrome de Down, Hamlet, una versión recontralibre, de Teatro La Plaza. Puedes imaginar lo que todo eso supuso para el grupo, acostumbrado a ese paternalismo que mencionabas en una de las preguntas.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo