Sentarse alrededor de una mesa, hablar de la vida: así es 'Teatro de mangiare?'

Teatro y danza

EN RUSSAFA ESCÈNICA
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VALÈNCIA. Sentarse alrededor de una mesa con una treintena de desconocidos; a comer, a escuchar sus historias y mirarles a los ojos. Durante dos horas, eso es lo que propone Teatro da mangiare?, la pieza de Teatro delle Ariette que llega a València en el marco de Russafa Escènica. Un espectáculo estrenado en 2000 y que, después de más de mil funciones y dar la vuelta al mundo, sigue basando su idea en la potencia del espacio compartido que genera un plato caliente.

Paola Berselli, Maurizio Ferraresi y Stefano Pasquini no reciben al público frente a un escenario. Son ellos quienes cocinan, sirven la comida, hablan y cuentan mientras los espectadores se sientan alrededor de una gran mesa. Los alimentos proceden de la finca agrícola Le Ariette, que los propios Berselli y Pasquini gestionan en las colinas de Bolonia. La comida, lejos de ser un elemento de atrezzo, se convierte en su propia dramaturgia.

La compañía italiana lleva desde 1996 buscando, desde la escena, un punto de encuentro entre el teatro, la vida y el trabajo. Su trayectoria se ha desarrollado en casas, hornos, hospitales, escuelas, calles, plazas y tierras de cultivo, además de teatros y festivales. Su sede es también una explotación agrícola, y el espacio para el teatro fue construido por ellos mismos mediante autogestión y autofinanciación.

En Teatro da mangiare?, la cocina representa una vuelta a lo esencial. En la perspectiva que les da dos décadas girando el espectáculo, en tiempos donde la comida se ha espectacularizado en redes sociales, “todo gesto cotidiano, cuando no se convierte en espectáculo como en la televisión, encierra toda la belleza y el poder de las cosas esenciales. Cada gesto cotidiano exige verdad y precisión; pertenece al ámbito de lo sagrado y forma parte del patrimonio compartido de la humanidad”, explican.

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La obra nació hace 26 años, pero no ha dejado de cambiar. No tanto en su estructura como en aquello que la rodea. La compañía lo explica así: “La obra se ha transformado tal como lo hace un árbol. Al mirarlo, el árbol sigue siendo el mismo, aunque hayan pasado veintiséis años”. Entre esas transformaciones está la propia relación con la comida: “Hace veintiséis años, la comida era ante todo algo para compartir. Ahora, la alimentación está mucho más ligada a la identidad y, a menudo —en lugar de unirnos—, nos divide”.

En todo caso, lo que intenta demostrar Teatro da mangiare? es que la mesa se puede convertir en un pequeño territorio de resistencia. La puesta en escena, que al romper la construcción canónica escenario-grada, llama a tomárselo como una “experiencia”. “Ya se considera un éxito cuando, estando a la mesa, ningún miembro del público saca a escondidas el teléfono para tomar una foto o grabar un vídeo rápido”, reconocen desde la compañía. Frente a eso, su propuesta busca, otra vez, el camino contrario: que la puesta en escena radicalice su esencia —“Reunirnos alrededor de una mesa y mirarnos a los ojos es el acto de resistencia más poderoso que podemos llevar a cabo”.

La cocina cambia también, no solo el espacio, sino el tiempo. Hay que amasar, cortar, cocinar, servir y comer. El teatro debe adaptarse a esos ritmos, pero también la cocina a los tiempos de la representación. “Para que se produzca un verdadero encuentro de amor entre el teatro y la cocina, ambos deben avanzar el uno hacia el otro”, resumen. Y el resto lo hace el azar.

El tiempo también es el del campo, el de la materia prima: “Debemos respetar el ciclo de crecimiento natural de las cosas, sin forzarlas, y cultivar cada pensamiento, intuición y acción tal como lo hacemos con las semillas, las plantas y los animales”, como los 26 años en los que la obra ha ido haciendo chup-chup.

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