Teatro y danza

EN LA CARME TEATRE

‘Ser grandes en Japón’, una obra sobre las heridas del pasado que devuelve a Rafael Calatayud al escenario

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VALÈNCIA. Un bar, una noche, dos hombres y una conversación pendiente. La sala Carme Teatre se convierte en un espacio de conversación y reflexión con Ser grandes en Japón, una pieza del creador y dramaturgo Antonio Escámez que cuenta con el creador y actor Rafael Calatayud sobre las tablas tras más de diez de parón en el mundo de las artes escénicas. El bar de Escámez se convierte en un lugar en el que dos actores reflexionan sobre su pasado, sobre el teatro y la vida y sobre “lo que se quiso ser y se ha aprendido a fingir”. Lo hacen entre Miguel Seguí y Calatayud, que dan vida a los protagonistas que esta pieza que se estrena del 11 al 21 de junio en la Carme Teatre, dentro de su programa de Residencias de Creación y en el marco de su Temporada XXXI.

Entre copas y conversaciones desgastadas, Calatayud vuelve a subirse al escenario con la promesa de verse reflejado en su personaje. Nada más leer el texto de Escámez conecta de forma directa con el momento creativo en el que se encontraba, y en el que le resultaba crucial conectar con la historia que interpreta: “Formar parte de un proyecto es conectar con lo  esencial: el pulso y la imaginación, y el texto de Escámez me hizo sospechar, y a partir de la sospecha, decidir, y cuando decides, ejecutas con todas las consecuencias creativas que supone desentrañar un texto, momento a momento, frase a frase, para poder encontrarte cara a cara con la emoción justa. Para mí es ilusión formar parte de este proyecto. Aunque en algún momento sufra la ilusión. Pero en definitiva así es la vida”, destaca el creador, que admite que se ve reflejado en su “variopinto personaje” que comprende la realidad de su pasado y su desconcertante presente a través de la homosexualidad.

Ante Seguí, que interpreta al hombre que se pone a conversar frente a él encuentran una pieza en la que hablar sobre “la vocación del actor, su fracaso, el deseo, la identidad y lo queer” que se dan la mano en un lugar en el que siempre cabe una segunda oportunidad. Escámez, tras el flexo y entre bambalinas, explica que la pieza muestra “lo que muchas personas queer han tenido que aprender a vigilar a lo largo de su vida”. “Hablamos de lo que vigilan estas personas desde su gesto o su deseo para poder pasar desapercibidos. En el caso de la pieza, se concreta en el mundo del teatro, del cine y de la televisión, porque es el lugar que conozco y desde donde escribo. Pero para mí esto no pertenece solo a la endogamia de nuestra profesión. Pasa en todos los trabajos. Pasa en aulas, talleres, oficinas, hospitales, bares, fábricas, institutos, despachos. Tengo amigos y amigas con una vida absolutamente abierta, libre y luminosa fuera del trabajo, pero que en su entorno laboral siguen midiendo cada palabra, ocultando una relación, evitando hablar de su vida o disimulando quiénes son porque sienten que algo se puede poner en riesgo. Y esto ocurre en pleno siglo XXI. Es real. Y a mí me revuelve las tripas”, señala Escámez.

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Centrándose en su propia experiencia como actor, encuentra en Ser grandes en Japón un lugar en el que subir al escenario esta conversación que, entre dos actores, muestra “un enfrentamiento entre dos formas de mirar la vocación, el éxito, el deseo y la derrota”. Tras veinte años de oficio y miradas, dos actores se encuentran en la caverna para servirse las verdades en copa fría convirtiendo el bar en un espacio “de frontera” donde la verdad es el plato principal. Con la calidez de la Carme Teatre y teniendo en cuenta la distancia generacional entre ambos protagonistas y actores, Escámez busca que la obra muestre a dos actores que han vivido realidades conectadas pero diferentes.

“En la obra mostramos a un actor mayor que vive una época muy cruel. Se muestra a una generación en la que, para poder trabajar, muchas veces había que callar, masculinizarse, borrar cualquier rastro que pudiera ser leído como pluma. Lo interesante de ese personaje es que él mismo ha interiorizado parte de esa violencia. La sufre, la reproduce, la defiende y al mismo tiempo está destruido por ella. Por eso era delicado escribirlo. No quería que pareciera que la obra comparte su mirada más amarga o más antigua, sino mostrar el daño que ha producido esa mirada”, explica el creador, quien insiste en su discurso que este “camuflaje” tristemente sucede en cualquier profesión.

Coincidiendo con el mes del orgullo, Ser grandes en Japón busca, a través de la emocionalidad, mostrar la realidad de muchos actores a la hora de vivir su sexualidad sobre el escenario y tras este. Lo hace desde la herida del juicio que tiene abierta en su cuerpo: “Poner en escena a un actor homosexual mayor hablando de su cuerpo, de su carrera, de su miedo a no haber sido mirado de verdad, es político. Hablar de la pluma, de la vergüenza, de la testosterona exigida, de la identidad convertida en obstáculo o incluso en producto, es político”.

“Hay algo de todo esto que se filtra en lo que escribo. Una humanidad herida, una rabia, una pena muy profunda, pero también una necesidad de belleza y de reparación. Y no es solo mío: el equipo que está levantando esta obra comparte esa sensibilidad. No quiero hablar por nadie ni etiquetar a nadie, pero sí puedo decir que hay muchas miradas queer, muchas mujeres y muchas personas aliadas en el proceso que entienden perfectamente que esto no es una anécdota ni una pose, sino una realidad que no podemos seguir permitiendo”, destaca el creador. Con motivo de abrazar todas estas ideas la Carme Teatre cuenta con dos actividades para ampliar el universo de la obra y defensa de la intimidad.

El 12 de junio tendrá lugar un encuentro entre Escámez, Calatayud y Seguí y el 21 de junio la activista y creadora Rocío Saiz se unirá al coloquio con Escámez junto a la directora de casting Sofía Siveroni. Ambos encuentros servirán para trasladar Valencia a la realidad nipona de la obra y a comprender la libertad desde quienes la lucharon y la practican sobre el escenario, en su día a día y en las calles en este mes que celebra el amor libre y todas sus formas. Un mes en el que Escámez se consagra como creador en una pieza que vio la luz por primera vez hace cosa de seis años.

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