Sergio Serrano, desde 'La Mancha' hasta el 'árbol caído': "Quiero abrir grietas en el espectador"

Teatro y danza

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VALÈNCIA. Los dramaturgos son los primeros artífices de las historias que acaban subiéndose a un escenario. Pueden optar por rescatar a figuras del pasado, como puede ser Bach o pueden generar nuevas narrativas sobre el ser humano, como sucede en piezas como Cucaracha con paisaje de fondo o como en Mujer en cinta de correr sobre fondo negro. Sin embargo, hay otras propuestas que miran hacia donde nadie lo hace, hacia lo invisible. Todas ellas conviven en el teatro, que se cuenta desde diferentes voces y con protagonistas de todo tipo. Sergio Serrano (Segorbe, 1990) es uno de esos creadores que pone el foco en lo que nadie ve, prueba de ello son sus dos últimas piezas teatrales, La Mancha y su texto Cómo un árbol que cae en mitad del bosque, que acaba de pulir gracias a su residencia en el Centro Dramático Nacional. 

En La Mancha, Serrano aborda la historia de una pequeña familia de clase trabajadora que “también tiene el derecho y deseo de soñar”, y lo hace poniéndoles en un dilema moral: monetizar la mancha que ha aparecido en la pared de su casa y que genera un flujo de visitas elevadísimo a su domicilio particular. Haciendo referencia a la historia real de las caras de Bélmez y reflexionando sobre cómo moldearon al pueblo Serrano imagina cómo el escenario se convierte en un lugar para acoger a una familia entera y mirar a la clase obrera que quiere soñar, donde nadie más mira.

“Pienso en cómo trasciende en la sociedad en la que vivimos, me centro en una familia marginada del resto para hablar de lo que pasaría si pusiéramos el foco en ellos y viéramos todo lo interesante que intentan contarnos. La clase trabajadora también tiene el derecho y deseo de soñar y a veces se nos olvida”, señalaba el creador en una entrevista para Culturplaza sobre esta pieza previa a su estreno en el Rialto en 2024. Ahora su reto es otro, ha sido seleccionado dentro del Centro Dramático Nacional (CDN) para desarrollar y perfilar su trabajo Cómo un árbol que cae en mitad del bosque, en el que rescata a dos personas en situación de calle -que aparecen en la obra Nadie y Alguien- para hablar sobre la metáfora del árbol que cae en mitad del bosque y que nadie escucha. 

  • La Mancha -

Un proyecto que le viene después de años haciendo teatro social y que parte de una anécdota personal que eleva al escenario: “El texto parte de una anécdota real de un proyecto personal audiovisual con dos personas en situación de calle en Valencia hace años. Un amigo y yo queríamos rodar una película con ellos, una especie de mezcla entre documental y ficción o algo así, aunque no lo teníamos aún muy claro y para ver en qué se convertía, grabamos unas primeras imágenes con uno de ellos”, señala el creador, quien apunta a que poco más tarde uno de los protagonistas murió sin dejar rastro alguno.

“Intentamos averiguar qué había sucedido, dónde estaba en ese momento su cuerpo y dónde o cómo iba a ser enterrado, y fue bastante complicado. A partir de esta anécdota, que en la ficción aparece de otra manera, me preguntaba qué pasa con la identidad de la gente en situación de calle y con su memoria y, a partir de ahí, surge la idea de hablar de temas que me interesan y que nos atraviesan como sociedad”. Esta idea, que ahora se cuenta a través de dos personajes llamados Nadie y Alguien, busca poner el foco en la identidad de quienes nunca están en el foco de atención. 

“Lo importante era situar a dos personas que se plantean también su propia identidad en un viaje de búsqueda y no quería que tuvieran nombres, porque la premisa al final era mucho más sencilla. Una mañana como otra cualquiera, estas dos personas se despiertan en la calle en la que viven y uno de ellos no está. Y uno busca a otro. En esa búsqueda se plantean si de verdad existen al no ser vistos por el resto de la gente. “Alguien” busca a “nadie” o “nadie” busca a “alguien”. De ahí aparecieron los nombres de los personajes que tenían que ver con la esencia de la obra que perseguía que fuera muy esencial”. Una esencia con la que busca, como hace con el resto de sus piezas, “abrir grietas en el espectador sobre diferentes temas”.

  • La Mancha -

Un objetivo que también persigue en La Mancha, obra que revisita en 2026 gracias a la traducción a francés por Christilla Vasserot y gracias a una ayuda de la Fundación SGAE. Un hecho que le obliga a revisitar la obra desde el presente para ver que es completamente universalizable: “Fue un proceso increíble poder revisitar la pieza a través de su traducción. Me he dejado el tiempo necesario para volver a ella y seguir investigando sobre el lenguaje teatral que aparece en la escena y en los cuerpos de los actores. La traducción a otros idiomas de la pieza es una alegría enorme, que interpele a espectadores y lectores de distintos territorios y culturas y aparezca lo universal”.

Revisitando la obra, y junto a su compañero y también dramaturgo Marcos Sproston, La mancha -o mejor dicho en este caso La tache- eliminamos partes del texto y cambiamos dinámicas de la obra para darle otro brillo y “hacer caso a otras cuestiones que tenían que ver más con la teatralidad que apoyaban el relato desde otro lado”. Un cambio que sigue dejando la mancha visible al mundo y que ayuda a reflejar muy bien la teatralidad que busca ahora mismo: “Es la teatralidad que me apetece investigar tanto en la escritura como en la puesta en escena. Creo que ese lenguaje teatral que aparece en la obra o esa manera de contar la historia siempre funcionó muy bien, e intenta reflejar una parte de nuestra sociedad”.

¿Y dónde sitúa todo esto a Serrano como creador? Pues como una persona que quiere seguir formándose y ahora también enseñar. Ahora mismo está impartiendo talleres de escritura teatral en Montevideo que le están ayudando a “reflexionar mucho sobre el propio acto de escribir desde otro lugar” y que le enriquecen mucho. De cara al curso que viene, se subirá a las tablas su obra Como un árbol que cae en mitad del bosque, que hará ruido el 14 de mayo del 2027 en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero, contando con la producción del CDN. Y en 2027 también verá la luz la película Els altres focs, que ha coescrito junto a Iván Fernández de Córdoba. 

Varios proyectos que le llevan a poner el foco en las ayudas que recibe, tanto de la SGAE como del CDN, y que han impulsado su obra desde València hasta el mundo. Algo que cabe batallar desde València, una ciudad con mucho talento desaprovechado: “En lo artístico hay una gran cantidad de creadores y creadoras increíbles que necesitan mucho más apoyo del que tenemos. Hay gente dejando de escribir y hacer teatro por falta de medios y porque hay un fallo estructural muy grande. Las compañías están ahogadas por la imposibilidad de exhibir o girar sus espectáculos y por todo lo que ha sucedido con el Circuit, entre muchas otras cosas”, destaca el creador.

“Es la sensación de hacer y rehacer, de volver a empezar una y otra vez. De crear y quemar. De prenderle fuego a todo una y otra vez. Siempre hacer desde las cenizas. Siempre el interés político antes que el cultural. Es una pena enorme, porque no refleja para nada el momento de las artes escénicas llenas de creadores y creadoras increíbles que necesitan el apoyo para seguir creciendo”. Un apoyo que él aprovecha para perfilar sus piezas y para darles alas más allá de la Comunitat, y que desea que llegue a otros compañeros y dramaturgos cuyas historias aún están por contar. 

 

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