VALÈNCIA. El Teatre Principal de València no es seguro. El inmueble, propiedad de la Diputació de València y cogestionado con la Generalitat Valenciana, baja el telón ante los graves problemas que presenta y que impiden continuar con la actividad, un cierre que se alargará, como mínimo, cuatros años. El principal teatro público de la ciudad se apaga. Lo hace después de que este lunes la corporación provincial recibiera un informe pericial que ponía negro sobre blanco el penoso estado de las instalaciones, tanto por lo que respecta a las lesiones patológicas derivadas de procesos de degradación como a las deficiencias de adecuación normativa en materia de protección contra incendios y accesibilidad.
Estas últimas, reza el propio informe, mantienen un “riesgo permanente sobre los ocupantes mientras el edificio permanezca en uso”, problemas que han derivado en el cierre del centro cultural de forma abrupta. Por cierto, apenas 24 horas después de que se presentara parte de la programación del curso. "No se puede garantizar el correcto funcionamiento en caso de que haya una incidencia. En el momento en el que hubiera alguna problemática para tener que evacuar a todas las personas que hubieran dentro, lo más seguro es que se formara una pequeña ratonera”.
Estas palabras las firma el jefe de servicio de Proyectos Técnicos, Evaristo Carlos López, quien compareció este martes junto al presidente de la Diputació, Vicent Mompó, y la diputada de Patrimonio, Paz Carceller. La premura de la convocatoria daba cuenta de la urgencia del asunto. Un vistazo rápido al calendario: el lunes por la mañana se presentaba la programación del teatro sin noticias del cierre, el informe llegaba esa misma tarde y durante la noche se comunicaba la decisión de cierre a las partes implicadas, una noticia que se compartía con medios y compañías de teatro el mismo martes por la mañana.
Riesgo de desprendimientos, fisuras y oxidación
Pero, ¿qué dice el informe? Por lo que respecta al estado ‘físico’ del inmueble, el documento señala distintos puntos críticos. Entre ellos, apunta al riesgo de desprendimiento de antepechos y cornisas sobre la vía pública, que la inspección de cubiertas ha revelado como proceso generalizado y no como episodio puntual; o problemas en las cubiertas y sistema de evacuación de aguas derivado de la rotura de la lámina impermeabilizante, que presenta sobre ella tejas fragmentadas y sueltas o vegetación, algo que indicaría un “periodo prolongado sin intervención”, señala el informe. “Debe subrayarse que esta deficiencia constituye la causa de origen de buena parte de las lesiones diagnosticadas y que su corrección presenta un coste comparativamente reducido”.

Otro asunto especialmente relevante es la fisura en la inserción de la estructura de hormigón armado de la década de 1980, “lo que produce un riesgo de arrastre de la fachada histórica protegida, a la que la estructura de hormigón se encuentra anclada”, así como distintas fisuras en la pintura mural del vestíbulo o en corredores de palcos. De igual forma, la inspección ha detectado una lesión no prevista en el Plan Director: la oxidación en estado avanzado de un perfil metálico estructural en la planta cuarta, situado sobre la sala de público. “La determinación de su función estructural y de su sección residual se considera de comprobación prioritaria”, reza el informe.
Salidas de emergencias bloqueadas y un telón cortafuegos obsoleto
Con todo, el jefe de servicio de Proyectos Técnicos señala que muchos de estos aspectos son “subsanables” y descarta un peligro de “colapso” del edificio, una situación que se torna más compleja cuando se suman los problemas relativos a las deficiencias de adecuación a la normativa. "Hay mucha problemática a nivel de las evacuaciones y de la seguridad contra incendios […] Es evidente que si el teatro está funcionando a nivel de despacho, no hay problemática; pero cuando está en funcionamiento con 350 personas, sí”.
En este sentido, el informe ha detectado puertas señalizadas como salida de emergencia bloqueadas con barras, candados o elementos apilados frente a ellas así como otras con sentido de apertura contrario al de evacuación así como un telón cortafuegos obsoleto o escaleras que no reúnen las condiciones exigibles. “. Un incendio originado en la caja escénica encontraría un telón que no compartimenta, ausencia de control de humos, un sector de público sobredimensionado y unas escaleras que no reúnen las condiciones de protección”, reza el informe, que señala que el riesgo que generan estas deficiencias “es permanente mientras el edificio permanezca en uso”.
De igual forma, se han detectado desniveles en determinadas salidas de emergencia, lo que podría suponer un riesgo de caída durante una evacuación, o la inexistencia de ascensor de uso público. El informe pericial, además, especifica que las reparaciones no deben abordarse de manera aislada, “sino como parte de una rehabilitación integral y unitaria, dado que los problemas estructurales, de protección contra incendios y de accesibilidad se encuentran vinculados entre sí”. En este sentido, desde la Diputació ya se ha confirmado que a principios de 2027 se licitará la redacción de proyecto y, más adelante, la de las obras propiamente dichos, una intervención global cuyo coste se estima en 50 millones.
El titular que no quería defender nadie
A pesar de lo abrupto de la decisión, los problemas del Teatro Principal no eran nuevos ni desconocidos. En los últimos ocho años, el espacio ha padecido diferentes intervenciones para seguir abriendo sus puertas y en los últimos cuatro ha sobrevolado la amenaza de su cierre, consumada este martes.
Ya en 2017 un informe había señalado algunas carencias del inmueble, aunque entonces descartaba la existencia de daños estructurales. Se restauraron tres escaleras interiores y se actuó en la fachada, pero el diagnóstico estaba muy lejos del escenario que ahora ha obligado a bajar el telón.
Pero el mayor indicativo de que el edificio cerraría tarde o temprano empieza en 2021, cuando la Diputación de València encarga un Plan Director para la rehabilitación del edificio. El documento, que se licitó en noviembre de dicho año y se recibió en los últimos meses de la legislatura, tenía que determinar el estado del edificio y elaborar un plan de actuaciones urgentes, además de ofrecer una estimación de coste y de prioridades.
El documento ya adelantaba que el cierre sería prolongado y la rehabilitación costosa. Era 2023, año electoral. Los equipos de gobierno cambiaron y se encontraron con una patata caliente y dos experiencias traumáticas para la escena cultural: los cierres de Escalante y del Palau de la Música. Al económico, a esta operación había que sumarle el coste político que supondría.

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La primera idea lanzada por la Diputación y la Generalitat pasaba por compatibilizar las obras con la actividad, con intervenciones menores durante el funcionamiento y otras a puerta cerrada durante los periodos de menor actividad. Se hablaba entonces de un cierre de, al menos, un curso completo.
En enero de 2024, la diputada de Teatros, Rocío Gil, reconocía que el edificio se encontraba en una “situación complicada”, aunque defendía una actuación por fases para evitar un cierre “sine die”. El problema, entonces, no era tanto saber qué había que hacer como concretar quién lo pagaría. La Diputació había reservado 60.000 euros en sus presupuestos para empezar a abordar los trabajos, una cantidad simbólica que movilizara el proceso de sentarse con la Generalitat para redefinir las responsabilidades sobre el mantenimiento y las inversiones del inmueble y salir de esa reunión con una “partida presupuestaria conjunta”. Las reuniones tuvieron lugar, pero no se llegó a ningún acuerdo. El tiempo siguió pasando.
En julio de 2024, la Diputació descartó la idea de ejecutar las actuaciones por fases. Los técnicos habían trasladado que no era posible hacerlo de manera parcial y la intervención pasaba a plantearse como una única rehabilitación integral. El presupuesto que entonces se manejaba para el conjunto de la actuación era de 42 millones de euros, aunque se advertía de que esa cifra podía variar cuando se redactara el proyecto.
Otra vez mirando el calendario, se situaba la licitación de este proyecto en la actual legislatura y la de las obras, en cualquier caso, no antes de 2027 (es decir, la siguiente legislatura). El cierre, por tanto, ya estaba sobre la mesa; pero otra vez, desde entonces se ha ido parcheando con intervenciones parciales y se ha monitorizado con los diferentes informes.
Después de esquivar el peor de los escenarios, ese futuro ha llegado antes de lo previsto por la administración y por una vía distinta a la inicialmente planteada. La rehabilitación integral prevista en el plan director sigue pendiente, pero el informe pericial conocido esta semana ha introducido una urgencia que no aparecía con la misma dimensión en los diagnósticos anteriores: la necesidad de una intervención global ya no responde únicamente a la modernización o actualización del edificio; ahora se suma la obligación de corregir deficiencias que afectan directamente a la evacuación, la protección contra incendios y la accesibilidad.
Una obra pendiente de proyecto, financiación y calendario
La noticia urgente fue el cierre. Ahora falta por pensar el día después, el que defina proyecto, financiación y plazos. La Diputació ha anunciado que a principios de 2027 licitará la redacción del proyecto de rehabilitación, un trámite que, según las previsiones actuales, tendrá un coste aproximado de dos millones de euros. Después llegará la licitación de las obras propiamente dichas, cuyo presupuesto ya se situaba en 42 millones en el plan director y que ahora la corporación eleva a una estimación de alrededor de 50 millones.
También queda pendiente la financiación. La Diputació es la propietaria del inmueble, mientras que la Generalitat, a través del Institut Valencià de Cultura, participa en su cogestión y ha asumido durante años buena parte de la programación.
Y queda, por último, el calendario. Solo con los plazos administrativos por el que debe pasar la obra, seguro que va a ser cuestión de años contando desde ayer. Tras años haciéndole esperar, el Principal se ha tomado su necesaria rehabilitación por las malas.