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nuestro hombre en la otan

Teniente general Gan Pampols «La guerra ya no se declara, ni empieza, ni acaba... existe»

El hombre de la OTAN en la Comunitat Valenciana afirma que los conflictos no solo se dirimen en un campo de batalla definido sino que el ciberespacio los ha hecho más globales

24/02/2018 - 

VALÈNCIA.- El teniente general Francisco José Gan Pampols (Figueres, Girona,1958), jefe del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD), general tres estrellas, es, además de militar, licenciado en Ciencias Políticas y en Sociología. «Fue una inquietud personal. Quería conocer el mundo de la política, cómo se estructuran las ideas, el origen de los partidos políticos», explica. Con experiencia internacional en distintas misiones (Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Afganistán), está convencido de que el ejército español dio un salto cualitativo cuando se rompió la barrera del idioma. El inglés se ha convertido en un pasaporte para la presencia de España en misiones internacionales. Se define como un hombre de acción «a pesar de que el despacho es necesario. Me gusta el aire libre, respirar el tomillo y aquí hay buen tomillo». 

Se le considera uno de los mayores expertos en terrorismo yihadista. Señala el ciberespacio, el 'internet de las cosas', la web profunda o las fake news como algunas de las amenazas para la sociedad. Ha sido responsable del CIFAS (Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas) que se dedica a la coordinación e inteligencia con el CNI (Centro Nacional de Inteligencia). O sea, a la contrainteligencia: «Intentar que quienes quieren obtener información de nosotros no lo hagan; ahí nos dedicamos a la lucha contra el terrorismo, el espionaje, sabotaje, extorsión, crimen organizado y la manipulación en redes sociales».

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Defiende con pasión a sus soldados y pide que se reconozca su trabajo porque son servidores públicos. Ha dirigido la Academia General Militar de Zaragoza, donde se forman los oficiales con criterios de liderazgo y valores científicos, humanísticos y morales: «Hay que estar muy bien amueblado para ordenar que se desate la fuerza letal. Si no se aplican estos valores morales estaríamos ante un grupo pretoriano, de mercenarios». Le gusta València y la Comunitat Valenciana y, como buen montañero, ya ha dado alguna que otra vuelta por la Sierra Calderona. Su carrera militar está al nivel de su afición por la montaña: es uno de los tres deportistas que ha conquistado los polos de la tierra (Polo Norte, Polo Sur y el Everest) como consta en el archivo televisivo de Al filo de lo imposible. Además, es todo un experto en ochomiles y, acostumbrado a escalar cumbres, no parece tener mal de altura. Es prudente pero también directo, escrutador, analítico y pragmático. Y, por si fuera poco, habla sin complejos y se hace entender. 

Su despacho está en el antiguo Convento de Santo Domingo, sede del CGTAD, conocido popularmente como Capitanía, que en 2017 celebró su 175 aniversario. Gan Pampols es la cabeza institucional de las Fuerzas Armadas en la Comunitat Valenciana y responsable del Cuartel General del Cuerpo del Ejército de Despliegue Rápido de la OTAN (HQ NRDC-ESP).

—¿Cómo son las relaciones con las instituciones? 

—Nos relacionamos con todos a través de mecanismos de coordinación y cooperación, con apoyos mutuos. También con la sociedad y lo hacemos con una de las cosas que mejor define a València, como son las Fallas, ya que existe una falla militar. También con el mundo del pensamiento y la cultura, con los ateneos, Caballeros de San Vicente Ferrer, la Real Maestranza o con las universidades a través de convenios de colaboración.

—¿Pero hay feeling con los actuales mandatarios? 

—Hay un principio que es universal, el del respeto mutuo a la función que hace cada uno y que responde a la voluntad de la población que les vota, mientras que yo respondo a la estructura del núcleo esencial del Estado, como Fuerzas Armadas, y con cometidos fijados en el orden constitucional y las leyes orgánicas. El respeto es la base pero, además, en muchos de los casos hay coordinación.

—El ejército en la Comunitat Valenciana es de carácter operativo, ¿cuáles son las unidades más destacadas? 

—En la Comunitat hay más fuerzas, aunque el núcleo es el CGTAD  nacional y luego le añadimos el componente multinacional de países aliados de la OTAN —se denomina HQ NRDC—, núcleo esencial formado por españoles con 63 representantes de otras ocho nacionalidades que trabajan en Bétera. Eso constituye un elemento de mando y control que tiene capacidad para mandar un operativo de 50.000 efectivos en un teatro de operaciones que puede estar alejado, desde las Repúblicas Bálticas hasta Turquía.

el próximo hito es Mantener el nivel de operatividad que tenemos que alcanzar y estar en disposición de adaptarnos a los cambio que están en marcha

—¿Usted estaría al frente coordinando ese operativo? 

—Efectivamente, lo que pasa es que si fuera distante nos proyectaríamos. Con un muy breve preaviso somos capaces de desplazar un elemento de mando inicial, y en menos de dos semanas crear una estructura de cuerpo de ejército de Cuartel General, de mandar todo, medios materiales, soldados y nuestros procesos del trabajo diario. Eso es lo que haría el CGTAD. En cuanto a unidades clave, cabe señalar al Regimiento de Inteligencia, al batallón de Policía Militar (con funciones de protección y seguridad) y el batallón Cuartel General, que realmente es el responsable del funcionamiento de medios y servicios de una estructura que puede llegar a 400 personas.

—¿Cuál es el próximo hito o desafío para el CGTAD? 

—Mantener el nivel de operatividad que tenemos que alcanzar y estar en disposición de adaptarnos a un cambio que está en marcha dentro de las estructuras nuevas de la Alianza, necesarias para mantener el nivel de operatividad para la fuerza terrestre de OTAN. Tenemos proyecto para crecer. Somos ocho cuerpos de ejército OTAN. Ahora se incorporan Polonia y Reino Unido.

—¿Cala en la sociedad ese prestigio internacional de las Fuerzas Armadas Españolas? 

—Probablemente no cale porque no se conoce o no se explica bien. Tras las cumbres de Gales y Varsovia se decide que hay que reforzar la capacidad de proyectar fuerzas OTAN y se hace un diseño que se encarga a España; lo hace y le sale, y eso es un punto muy notable. Y los países aliados vienen a preguntarnos cómo lo hemos hecho, así de sencillo, el know how, saber cómo. Los españoles deben ser conscientes de las limitaciones presupuestarias y de personal que tienen las Fuerzas Armadas, pero también de que el estándar de excelencia que están dando es altísimo a costa del esfuerzo, el entusiasmo y el trabajo diario.

—En los conflictos internacionales, la población que los sufre ha dicho que prefiere a las tropas españolas. 

—Le hablo de los escenarios que he conocido en los Balcanes, Bosnia, Kosovo, Afganistán. Lo que refleja y agradece la población es la profesionalidad y luego, de forma muy marcada, la imparcialidad. España nunca ha ido a sitios en los que tuviera intereses que defender. Hemos ido siempre con decisiones legales y legítimas respaldadas con resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de organismos internacionales, UE, OTAN.

—Nuestro país no es belicista, la sociedad y los políticos lo dicen. ¿Por qué el ejército? 

—Las Fuerzas Armadas (FAS) son instrumento de política exterior, y cuando se nos proyecta somos un instrumento real de esa política exterior. No hay que equivocarse, los ejércitos están diseñados para proporcionar disuasión ante las amenazas. Los ejércitos existen para que no se lleguen a producir los conflictos; y si se producen, no lo dude, para ganarlos. No hay ejércitos de quita y pon, ni un conflicto tipo polichinela, un muñeco se pega con el otro. Las guerras son extraordinariamente serias y complejas y se intentan evitar por todos los medios.

—¿Cómo es lo de mantener la paz? 

—Complicadísimo. Hemos hecho operaciones de estabilización, en las que hemos conseguido de una forma muy razonable dejar un territorio en condiciones de poder ser gobernado. Las dos operaciones de éxito que han tenido las tropas de Naciones Unidas en el mundo fueron mandadas por españoles. Lo hicieron muy bien. Estamos hablando de ONUSAL en El Salvador y ONUCA, en Centroamérica, y en las dos se acabó firmando el acuerdo de paz, se produjo la desmilitarización de la guerrilla, la reintegración social de esas personas y se dio paso a ese proceso de estabilización en el que hablamos de desarme, desmovilización, reintegración y reforma de la situación de seguridad.

—¿Cuál es el compromiso con la defensa nacional? 

— Desde la Ley de Seguridad Nacional y la Ley Orgánica de la Defensa Nacional tenemos como cometido el apoyo a las autoridades civiles cuando la situación desborda sus capacidades ordinarias, estoy pensando en calamidad y catástrofe. Desde el punto de vista interno tenemos las misiones que constitucionalmente vienen determinadas. Salvaguardamos la integridad del Estado, la soberanía de la defensa, el ordenamiento constitucional porque así lo dice la Constitución y no porque nos inventemos nada.

—¿Qué hacen además las FAS? 

—El concepto de soberanía es complejo y extenso. Estamos hablando de los espacios terrestres, marítimos, aéreos que son los que tradicionalmente conocemos, pero ahora hay otros, los Global Commons, los espacios comunes globales, que son de muy difícil determinación. Es el ciberespacio, el espacio ulterior que está por encima de los cien mil pies donde vuelan aviones y otros ingenios; hablamos de basura espacial, de trayectorias de satélites, de las aguas internacionales pero sobre todo del ciberespacio, donde no hay señor porque no pertenece a nadie.

—Y ese es un campo abierto a cualquiera y a todo. 

—A todo. Es un campo donde todos los actores entran sin la necesidad de pedir permiso y realizan actividades que no están sujetas a control. 

—En el documento de Estrategia para la Seguridad Nacional de 2017 llaman la atención precisamente las nuevas alertas sobre ciberespacio y la internet invisible. 

Estoy hablando de las posverdades, de las fake news, de la intoxicación, de la manipulación de las redes sociales... Esta guerra no se declara, ni empieza ni acaba... existe

—En la internet profunda solo trabajan dos tipos de personas, los malos y los buenos que persiguen a los malos. Hay tantas páginas web como personas en el mundo. Estamos moviendo, generando, unos niveles de datos diariamente que no son mensurables y que no nos permiten entender qué es lo que pasa; nos ha rebasado. Y ya utilizamos conceptos como inteligencia artificial para poder trabajar sobre esas inmensas cantidades de datos en eso que se llama el data maining, la minería de los datos; estamos replicando la figura de alguien que está picando continuamente sin saber exactamente el qué.

—¿Ha cambiado el concepto de la guerra? 

—Todo es guerra. El modelo de conflicto multidimensional, conflicto convencional, conflicto irregular y conflicto asimétrico, y todo el mundo intenta explotar al máximo sus capacidades incluidas en los convenios internacionales de Ginebra y La Haya. Estoy hablando de las posverdades, de las fake news, de la intoxicación, de la manipulación de las redes sociales... Esta guerra no se declara, ni empieza ni acaba... existe. Cualquiera que tenga un aparato conectado o desconectado, o utilice como terminal un portátil es sujeto y objeto de acciones 'ciber': robos de identidad, ransomwere, secuestro de datos, denegación de servicios, falsificación, suplantación de personas... 

—¿Estamos preparados para estas amenazas? 

—De una forma muy metódica. Nosotros creamos el Mando conjunto de Ciberdefensa; cada uno de los ejércitos, tierra, armada y aire tiene su equivalente en nuestras estructuras. Lo primero es no compartir en las redes esenciales que no están conectadas. Formamos anillos cerrados para que no pueda entrar ni salir información, con lo cual el nivel de protección es muy elevado. Dicho esto, el factor más débil es el ser humano, es el que comete un error. Un descuido deja abierto un puerto o permite que haya información que se trasvase. Por norma no permitimos que un sistema clasificado y uno no clasificado estén conectados. Además, esa información va protegida y se le hace un doble encriptado. Pero donde hay una voluntad y un camino da igual el modelo de encriptado, porque si existe tiempo y voluntad se desencripta. La información para ser útil tiene que ser explotable en tiempo. Y todo esto hace difícil que esa información pueda verse en ese momento. A lo mejor usted tiene un dato mío dentro de un mes pero a mí ya me da igual y no me importa. 

—¿Son amenazas globales? 

—Son transnacionales. El crimen organizado ya no tiene fronteras. Sus flujos van de origen a destino, atraviesan varios países. Su dinero puede ser hasta una criptomoneda que, con su inestabilidad, permite blanquear dinero. Se calcula que el 2% del PIB mundial se mueve a través del crimen organizado. Eso significa capacidad para derrocar gobiernos, para desestabilizar zonas completas, para corromper, para que la gobernanza sea o más difícil o imposible, llegando a colocar a estados en riesgo de ser un estado fallido cuando no le llegan a provocar abiertamente. El narco Pablo Escobar estuvo a punto de provocarlo en los 80; dijo que quería comprar la deuda externa de Colombia y pudo haberlo hecho.

—¿Y en cuanto a asuntos electorales? 

—El hecho de ser tecnológicamente tan dependientes nos hace vulnerables. Los ataques pueden ser a centros de colección de datos electorales, webs de partidos, empresas estratégicas, infraestructuras críticas; el poder producir un apagón como ocurrió en Estonia, paralizar una presa, ferrocarriles, a pesar de que están sujetos a redes protegidas. Si se encuentra una puerta trasera o un punto de vulnerabilidad, se accede. En España estamos bien. El CNI, a través del Centro Criptológico Nacional, confirma que el número de ciberataques crece exponencialmente de año en año. Estamos hablando de ataques de alto nivel en infraestructuras críticas, alrededor de un millar, y ninguno ha tenido éxito.

—Hablemos de la amenaza del terrorismo yihadista. ¿Cómo se ataja, en los países de origen o aquí? ¿Cómo se infiltran en la sociedad? 

—En todos los sitios a la vez. Porque el fenómeno del terrorismo del salafismo yihadista, el islamismo radical, es global. Cuando digo global es porque se está produciendo simultáneamente en segundas y terceras generaciones en países europeos, en primeras generaciones en países de origen y, además, tiene un fenómeno de mutación y adaptabilidad a las distintas situaciones. Existe el lobo solitario en un país europeo, la red organizada con unidades militares sobre el terreno, y parece que el DAESH ha desaparecido. No ha desaparecido, ha mutado. Según los últimos datos, hay tres mil combatientes en zonas poco pobladas de Siria e Irak que se están permeabilizándose con la sociedad e imbricando. En Irán y Siria seguirá habiendo atentados de forma recurrente. Y en Europa también. Al yihadismo radical solo se le puede hacer una cosa sobre el terreno: derrotarlo, que significa destruirlo. Se necesita prevención e información como en España, con el Plan Nacional de lucha contra la radicalización violenta, compromiso de las organizaciones confesionales de esa religión para hacer una prédica que sea acorde al país en el que se vive. 

—Pero entramos en colisión con asuntos de libertad religiosa.

—En el ámbito de lo privado uno puede pensar lo que le dé la gana siempre y cuando no entre en colisión con sus conciudadanos, fundamentalmente en cuestión de derechos y libertades. Pero en un ámbito público, y un púlpito lo es, no puede permitirse una prédica de un imán que incite a la aniquilación del adversario, a la sumisión o que facilite la agresión. Seamos prácticos. Todo ese purismo que se utiliza para analizar los movimientos de la religión católica, ortodoxa o protestante hay que emplearlo para el resto. No vale solo como filtro para el modelo occidental. 

—Nos hemos acostumbrado a los atentados con métodos sencillos y baratos (camionetas, cuchillos...) y en capitales europeas. 

—Por ser justos, donde más gente muere es en los países musulmanes. Nos ponemos nerviosos porque han muerto seis personas y tenemos todo el derecho del mundo y es justo. Cuando mueren cristianos coptos, los atentados son de tres dígitos. Cuidado con la hipocresía de vernos solo el ombligo. El problema es global y por eso hay que hablar con esos países.

unas fuerzas armadas modernas como las nuestras han incorporado una serie de derechos de carácter social. hablamos de bajas maternales, reducciones de jornada...

—¿Cómo se financian? 

—Se nos escapa el modelo. Cuando tienes fuerza y territorio, se produce expolio de bienes culturales, extracción ilegal de petróleo, impuestos, robo, extorsión... y pagan. Son asociaciones e individuos que utilizan el sistema de préstamos de las hawala tan antiguo como el Corán; no corre el dinero, corre un papel. No hay transacción que se pueda registrar. Es primitivo y menos fácil de detectar.

—¿Es suficiente el Ejército actual para los compromisos que tiene España?

—El Ejército español ahora mismo es menos de la cuarta parte de lo que era en 1976 en efectivos; las FAS en conjunto (Tierra, Armada y Aire) están por debajo de los 120.000 efectivos, cuando en aquella época había 400.000. Desde mi punto de vista y viendo cómo evoluciona el tipo de conflicto, es escaso. Escaso no significa que haga falta el doble, pero hay que dimensionar un poco más las FAS que tenemos en España. Hablamos en torno a un 10% más. Piense usted que unas fuerzas armadas modernas como las nuestras han incorporado una serie de derechos de carácter social. Estamos hablando de las bajas maternales, las reducciones de jornada, las limitaciones para ocupar determinados puestos. Y eso es detraer de nuestras unidades operativas y claro las unidades no son un poco operativas. O son operativas o no lo son. Por eso hace falta ese 10% que supla ese modelo de bajas.

—¿Y cómo son ahora las FAS a ojos de los ciudadanos? 

—Pues con limitado conocimiento porque no existe una labor adecuada de difusión de la realidad de las FAS. Sobre todo porque se sigue asociando quizá, y de una forma recurrente, al pasado. Son las que sirven a esta sociedad del siglo XXI. No tienen nada que ver con otras épocas, a pesar de que hay quien se esfuerza en recordarlo continuamente sin ninguna base, ni científica, ni práctica. Son las de este siglo, se deben a su sociedad. Solo hay un servidor público, vestido de uniforme que tiene un compromiso con su ciudadanía.

—¿Es desconocimiento? 

—Hay que conocer al soldado y a los cuadros de mando. Son gente extraordinariamente profesional, dedicada a lo suyo, formada en valores, fiables. Por lo menos ya nos hemos ganado el derecho a que se nos conozca, y si fuera posible que se nos respetase y se nos quisiese  también nos gustaría. Lo que sí es importante es no ser sectario y no obcecarse. Es una simplicidad decir que si no hay militares no hay guerras. ¿Si no hay médicos no hay enfermedades? Por favor, yo no estoy para hacer la guerra. Estoy para ganarla si acaba estallando. Pero, desde luego, sí estoy para prevenirla.

—¿La imagen del soldado en la garita con el chopo ya no existe?

—Eso ya no existe. Pero sí existe en otros países el soldado con otros dos más paseando por la calle para que la gente se sienta tranquila cuando hay un incremento de alerta notable por atentado, y eso es síntoma de madurez.

—Veo que este asunto le rasca su corazoncito y le pica. 

—No, es que veo que se manipula mucho. Se es muy torticero cuando hay que defender los valores de la paz. Nosotros defendemos exactamente igual los valores de paz como los demás. Es más, le diría que de forma más efectiva porque cuando vamos a imponer la paz entre dos contendientes esa paz es real. Y esa paz no es de cuchufletas ni de 'chuches', no. Es una paz entre dos colectivos que están deseando matarse, y uno se pone en medio para que dejen de hacerlo. Eso solo se hace con armas y con gente preparada para hacerlo. En la pirámide de Maslow el primero de los escalones siempre es la seguridad; si no existe seguridad que proporciona la fuerza y la voluntad de emplearla, en caso necesario, si no existe eso, no hay posibilidad de mejorar esa situación, viviríamos en la anarquía. En el modelo del «hombre es un lobo para el hombre», el modelo hobbesiano.

—Si uno en un gesto habitual entra en Google y busca Teniente General Gan Pampols aparece como militar pero también como montañero de élite.

—[Se ríe]Actualmente sigo siendo militar; montañero de élite, hace años que no. Fue fruto de la oportunidad y de la juventud. Me gusta muchísimo la montaña. El otro día dimos una vuelta por la Calderona. Ahora hago escalada más liviana; ya no están dentro de mis cálculos los ochomiles.

—¿Qué le ha dado la montaña? 

—Mucha serenidad. Mucha capacidad de entenderme a mí mismo. Es una actividad que fomenta mucho la introspección. La mayor parte del tiempo se está muy pendiente de lo que está haciendo uno mismo. Las buenas y las malas decisiones son instantáneas. Los reflejos. Uno se mira a sí mismo los 360 grados, delante, detrás, arriba, abajo. La sensación de depender de mí continuamente me dio serenidad. Son muchas y grandes satisfacciones, y algunas tristezas. 

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