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crítica

Termina la temporada en Les Arts con el gran Daniele Gatti y un excelso Verdi

3/07/2021 - 

VALÈNCIA. Siempre hay que hablar del milagro que supone tener en casa un centro musical para las artes escénicas que es un sueño, y que para sí lo quisieran la mayoría de las ciudades del mundo. Si a eso unimos la magnífica Orquesta de la Comunidad Valenciana, y el del soberbio Coro de la Generalitat Valenciana, tenemos los tres pilares fundamentales donde se sustenta cualquier teatro. Esta realidad, fruto del trabajo desde el inicio de los promotores del Palau de Les Arts, es muy positiva sin duda, -Dios nos la conserve por muchos años-, por lo que algunos deberían abstenerse de poner palos en la rueda.

Esa excelencia es también arma de doble filo, pues cualquier espectáculo se ve inevitablemente abrazado por esa dulce circunstancia, pudiéndose evidenciar cualquier desequilibrio entre la calidad de lo estable, y lo circunstancial. Y eso, pasará siempre. Y pasó ayer. 

En esa tesis, y en la parte positiva, apareció el efecto multiplicador del extraordinario director italiano Daniele Gatti, quien dijo por qué es uno de los más destacados del panorama internacional. Y con independencia de la oportunidad perdida de trasladar el evento a la sala principal, donde todo habría brillado de manera exponencial, en la parte menos positiva aparecieron los solistas. Y así supo reconocerlo el emocionado público, que medio llenaba la sala Auditori, y que premió a los intérpretes al final con vítores y aplausos, dedicados con especial efusividad a orquesta y coro, por su excelente trabajo. 

En los cuatro solistas estuvo la clave, pues con la excepción del tenor, no estuvieron a la altura de un acontecimiento que podía haber supuesto una de las verdaderamente históricas de las vividas en el coliseo del Jardín del Turia. Y es que Verdi diseñó su Misa de Requiem contando con las voces solistas para ser parte de la esencia literaria, dramática y lírica de este enfebrecido y colosal monumento sonoro. Es cierto que en esta obra maestra del de Busseto, -como en tantas otras-, todas las partes son clave. Nada puede fallar. Y esa es precisamente, la prueba de que nada sobra y nada falta. Ayer, en el impetuoso y explosivo Requiem del dramático y brutal Dies Ire, algo quedó descolgado.  

Solistas descolgados

Foto: MIGUEL LORENZO.

La especialidad existe. Y también el criterio de selección. Descolgados del nivel general quedaron nada menos que los solistas vocales. Llevó la iniciativa, -porque así lo quiso el autor-, la veterana y sabia mezzo Sonia Ganassi, de voz bien timbrada y segura, que evidenció insuficientes homogeneidad, volumen, frescura, cuerpo, y notas graves para abordar esta difícil partitura de exigencia máxima. Verdi require mezzosoprano enérgica, de voz corpórea y profunda, y la italiana, demostró carecer de tales cualidades. 

Nadie puede dudar de la gran musicalidad de la Ganassi, de su entrega e implicación, y de su canto de extraordinaria expresividad y perfecta dicción. Pero es limitado el recorrido de su voz a veces inaudible, a veces adornada de cierto inadecuado vibrato, y también a veces desabrida. Tan desabrida como su conjunción en octava a capella con la soprano en el inicio del Agnus Dei

Tampoco al bajo Michele Pertusi lo habría escogido Verdi para la ocasión, pues es un cantante baritonal, de voz apagada, de brillo neutralizado, y de volumen limitado, que desaparece también con la Ganassi en los momentos conjuntos de mayor esplendor. De timbre bello y homogéneo, buena colocación, y adecuada utilización de los resonadores, cumplirá las expectativas de papeles donde no se requiera voz de cuerpo y profundidad, y energía decidida como es el caso. Gatti le pidió más.

La soprano Eleonora Buratto fue más resolutiva y brillante que los anteriores. Posee una voz equilibrada, de bello timbre, adecuada colocación, y certero control del fiato. Abordó con gusto y cierto refinamiento su muy difícil partitura, a la que no pudo corresponder en sus exigencias en cuanto a las notas graves, y en volumen. Este Requiem requiere soprano de dulzura y fuerza, y dotada de extraordinarios recursos para acometer tanta dificultad en la transición de matices, y también para evitar los desajustes que evidenció la Buratto.

El tenor Francesco Meli, vino a última hora a sustituir al indispuesto anunciado Sartori. Y cantó sin ensayo previo convirtiéndose en el más adecuado de los solistas, a pesar de eso, y gracias a sus cualidades vocales de altura. Su voz lírica posee el squillo adecuado para esta obra. Cierto es que descuidó los resonadores en las notas graves, y que estuvo inseguro desajustando los colores y la colocación en las transiciones a la voz media apianada. Pero a cambio resolvió en general con solvencia y sensibilidad gracias a sus dotes de cantante de estilo, de agudos deliciosos, y de timbre y técnica inspirados en el Carreras de los mejores tiempos, dando una lección de canto lírico puro en el Domine Jesu Christe, del ofertorio.  

Foto: MIGUEL LORENZO.

El alto nivel de la casa

El alto nivel artístico del Palau de Les Arts lo marcaron una vez más la orquesta y el coro. Ambos conjuntos, de los mejores de Europa, se vieron favorecidos en su excelencia por la participación del magnífico Daniele Gatti, un director que asombra por su absoluto conocimiento y forma de entender lo que lleva entre manos. Sin necesidad de partitura, dirigió evitando cualquier gesto gratuito, y llevado las riendas de la función con pulcritud y exactitud. Es de los que controla entradas, cortes, y confía en los músicos a los que dirige porque conoce de su calidad.

Su seguridad y autoridad fue patente desde el principio hasta el final; un final muriendo de silencio tasado en el que parecía que nadie iba a aplaudir tras el último acorde con el que quizá Verdi quiso sugerir que la súplica del hombre ha sido atendida. Transmitió mucho a sus músicos. Esa es la clave. Para el sentido del rezo intenso que la obra verdiana requiere, indicó tiempos lentos por momentos, para lograr el consiguiente juego de contrastes, elemento también esencial en este excelso Requiem de verdadera imprecación litúrgica.

A la orquesta, que sonó vibrante, rotunda y plena, le sacó quizá los mejores momentos de la temporada, con colores de especial belleza y majestuosidad, en especial al viento y percusión. Y al coro le exprimió en sus dinámicas, dando como resultado una conjunción bellísima de texto, de expresión, y en definitiva de canto. Y así, el coro demostró cómo es capaz de equilibrar los momentos más difíciles, desde los pianísimos iniciales, pasando por los tremendamente violentos del Dies Ire, hasta los juegos de matices tan arriesgados del Sanctus.

A pesar de su inadecuada ubicación, y a pesar de no haber sido reforzado en número como hubiera sido adecuado para la ocasión, el conjunto de Perales demostró una vez más su eficacia, su solidez y su profesionalidad. Por respeto, sufrió en silencio la incomprensiblemente injusticia, -otra más-, que supuso desatender a un corista necesitado de atención médica durante la función; intolerable asunto, propio más de un teatro de tercera que de uno de prestigio. 

Pero bien está lo que bien acaba. La música de ayer, concebida por un Giuseppe Verdi recogido bajo la sombra de la tumba de su admirado amigo Manzoni es de las eternas, y lleva a su autor al súmmum de su maestría lírica. Es de ese Verdi maduro de melodías y timbres nuevos, y de la gran orquestación del romanticismo tardío, que indicó el comienzo del verismo. 

El Requiem es su obra cumbre en concentración de recursos. Verdi conjunta de forma magistral lo lírico con lo fúnebre, para una sobrecogedora belleza sacra que exalta y agita sentimientos tan humanos como la piedad, el perdón, el temor, la dulzura, y la súplica. Es música que llega y conmueve porque es humana, y porque es espiritual envuelta en medios expresivos operísticos. ¿Poco religiosa? Quizá sea religiosamente extraordinaria.

La casa dedicó a la gran Helga Smith la sesión de ayer. No sé por qué lo hizo con la boca pequeña. En una tarde de tantas gentes grandes, y tantas cosas grandes, me parece injusto que se hiciera así.


FICHA TÉCNICA

Palau de Les Arts Reina Sofía, 1º de julio de 2021

MISA DE REQUIEM

Música, Giuseppe Verdi

Sonia Ganassi, mezzosoprano. Francesco Meli, tenor 

Elenora Buratto, soprano. Michele Pertusi, bajo 

Dirección musical, Daniele Gatti

Orquestra de la Comunitat Valenciana

Cor de la Generalitat Valenciana 

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