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NOSTÀLGIA DE FUTUR / OPINIÓN

Todas nuestras Jane Jacobs

18/01/2018 - 

El reciente documental Citizen Jane: la Batalla por la Ciudad  (que se puede ver en filmin) relata la lucha entre la activista Jane Jacobs y Robert Moses, el impulsor de los grandes proyectos de desarrollo urbano en la Nueva York de los años cincuenta. 

Jacobs, escritora y urbanista autodidacta, capitaneó la oposición vecinal a las depredadoras autopistas que cortarían por la mitad los tejidos urbanos tradicionales de la Gran Manzana y a los planes de vivienda pública que pretendían demoler barrios enteros personificados en la figura de Robert Moses, el califa del desarrollo urbano americano en aquella época. 

Hay muchas lecturas posibles de la caricatura de esa lucha entre dos visiones opuestas sobre la ciudad y las políticas urbanas: la de la escala (lo micro contra lo macro), la de la participación contra la tecnocracia, la lectura de género (una mujer contra un hombre), la de David contra Goliat; o algunas menos obvias como la de lo espontáneo contra lo planificado e incluso el mercado contra la intervención gubernamental. 

El documental nos muestra la importancia, y también el poder, de los ciudadanos para que nuestras ciudades sean mejores lugares para vivir. Un poder necesario contra las tentaciones de las soluciones urbanas totales y los grandes planes especulativos. 

Si València es hoy lo que es, lo es también gracias a nuestras Jane Jacobs. Muchas de las cosas más interesantes que tenemos como ciudad han sido fruto de luchas barriales y movimientos de oposición a aquello que estaba planeado. Cientos de anónimas Jane Jacobs lo hicieron posible. Algunos de esos movimientos fueron transformados en inteligentes políticas urbanas, otros obligaron a las instituciones a modificar sus planes y otros muchos quedaron en el olvido. 

Las tres grandes batallas de nuestras Jacobs contra los Robert Moses de turno fueron la de ElSaler per al poble, Ara! que paró el proyecto de desarrollo de cientos de torres de apartamentos en lo que ahora es el parque natural; El llit del Túriaés nostre i el volem verd que cambió un proyecto de autopistas en el viejo cauce por el gran espacio público que vertebra hoy la ciudad y, más recientemente, Salvem el Cabanyal en contra de la prolongación de Blasco Ibáñez y por la preservación del tejido urbano y social del barrio. Otros muchos movimientos como Salvem el Botànic, Per l’Horta o Salvem Tabacalera han sido fundamentales para entender la ciudad y decidir sobre ella. 

Es verdad que hemos tenido muchas Jane Jacobs pero también es verdad que no hemos tenido casi ninguna. València ha tenido muchas Jane Jacobs activistas, a las que les debe mucho, pero ha tenido muchas menos Jane Jacobs intelectuales. 

Jacobs, además de activista, fue una de las pensadoras más importantes del S.XX. Revolucionó primero el urbanismo poniendo en duda las teorías dominantes, con su libro Muerte y Vida de las Grandes Ciudades Americanas (1961). Después hizo lo mismo con la economía en La Economía de las Ciudades (1969) y La Ciudad y la Riqueza de las Naciones (1984) e incluso se adentró en el estudio de los independentismos en The Question of Separatism: Quebec and the Struggle over Sovereignty (1980).

Jane Jacobs es mucho más difícil de encasillar como intelectual que como activista aunque sus dos facetas se nutran mutuamente. Como intelectual desafiaba nuestros prejuicios rompiendo constantemente barreras y creando puentes entre las divisiones ideológicas que operan hoy en día. Jacobs era una figura de la que se han intentado apropiar libertarios, neoliberales, anticapitalistas, progresistas y conservadores y en ella hay un poco de todos ellos. Jane Jacobs era una intelectual que nos exigía tener cosmovisiones flexibles

Ante un debate urbanístico polarizado y desoluciones totales debemos rendir tributo a todas nuestras Jane Jacobs, activistas, pero echando de menos, también, que haya más Jane Jacobs, intelectuales. Nos hacen falta. 

Léanla. 

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