TEJER Y DESTEJER / OPINIÓN

 ¡Todos a Sebastopol!

25/04/2019 - 

En esta semana de vacaciones que nos regala el catolicismo y que, a causa del mal tiempo, ha resultado tan antipática para emprender cualquier viaje o siquiera paseíllo, no sé si les habrá dado a ustedes por ir al cine, que es donde mejor se está. 

Una servidora lo ha hecho y ha tenido la suerte de ver una película singular, insoportable por un lado y difícil de entender por otro. Digo bien, así es el arte. Su nombre es Donbass, del director Sergei Loznitsa (1918). Trata sobre Ucrania y sobre su caos de los últimos tiempos; no la entendí mucho, la verdad, pero se hizo la luz en mi cabeza cuando leí una noticia cierta y veraz: que actualmente el presidente interino de Ucrania es un cómico televisivo que ha estado interpretando el papel de presidente de su país, desquiciado por la corrupción y la geopolítica hasta devenir suma autoridad sin la menor experiencia como estadista. Pero nunca se sabe: puede que lo haga bien, con lo negro que lo tiene.

Es este el joven de 42 años, judío, llamado Volodímyr —como el zar deficiente mental de la maravillosa película La conjura de los Boyardos de S. M. E. Eisenstein—. Volodímyr Oleksandrovich Zelensky. Su nombre artístico, y se teme que político, es “Ze”. Ze ha dirigido el estudio cinematográfico Kvartal-95, que desde el año pasado ha creado e impulsado un partido, por así decir, político, denominado “Servidores del pueblo”. No parecen tener ideología, sino más bien buenas intenciones y el sentido común del hombre de la calle: soberanía completa, honestidad pública, cuidadito con la Unión Europea, recortes por arriba y poco más. Ganan al actual presidente Petro Poroschenko por más de un 74%. 

Me alucinó la película de Lonitsa, con su tono grotesco indescriptible. No me sorprende, sin embargo, que un país hastiado y desesperado, aunque sea surrealista como Ucrania y gane todo campeonato de corrupción que se le ponga a tiro, quiera ver en la cúpula del Estado a un cómico que ha venido haciendo de presidente en un programa televisivo, y que lo conozca por su apodo. Es como si en España ganara ahora por un setenta y tantos por ciento al tridente reaccionario de Neptuno un partido liderado y presidido por Andreu Buenafuente. No sería la primera vez en la historia contemporánea, si recordamos a 5 stelle y su líder Beppe Grillo, actor, cómico, superblogger y radical antivacunas, o a Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, quien, aunque no sea payaso en nómina y de profesión con título como otros, ejerce con desparpajo su afición de mando y chanchulleo y ocupa, resplandeciente, el lugar más alto del estrellato de los tiranos locos.

En fin, señoras y señores, son síntomas del deterioro del sistema, que nos afectan a todos. Como dijo León Felipe en verso memorable y que cito de memoria, cada vez es mayor la cantidad de engendros que se elevan al cielo, y para todos se pide tolerancia. Tolerancia, pues, pido yo para el tendero de mi barrio (¡ah, esta clase media!), al que oí relinchar un día de estos que pronto tendríamos una ley del rifle y podríamos matar legalmente a cuanto extranjero (ojo, no confundir con turista) cometiera en nuestra patria la menor fechoría. Preguntado cómo habría que castigar un hurto por necesidad del hambriento o sin techo, respondió: “¡Qué los fusilen inmediatamente. Estamos en una democracia!” Este señor, antisistema y regordete, en cuya alma —si la tiene— anidan cucarachas franquistas que llevan demasiado tiempo en estado de hibernación y ya rebullen, me puso los pelos de punta. Pero luego vino la mencionada película Donbass con sus memorables y cenagosas secuencias guerracivilistas, y se restableció mi capacidad de evadirme, por medio de la meditación yóguica, del mundo llamado real por quienes creen en su problemática existencia.

Así las cosas, animo a que votemos todas y todos, incluidos los descerebrados que echan de menos el culto al Cid Campeador, a quienes no temo —sí, por el contario, a los señoritos de su cortijo—. Y que al final hagamos los pactos que sean necesarios para que resulte presidente o presidenta Jordi Évole, que es muy majo.