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el cudolet / OPINIÓN

Un gran paseo para la Alameda de València

18/07/2020 - 

El Paseo de la Alameda es una pieza angular en el lego urbano que da forma a la monumental ciudad de València. Por lo menos es la sensación que respiro al caminar por ella. Con un pasado de corte afrancesado, hoy la vieja Alameda es todo menos un paseo. Desfigurada de los pies a la cabeza, dicha vía, eje vertebrador de una polis sin palacios, monasterios y castillos, mantiene altos niveles de circulación provocando atascos en hora punta. A veces se acerca incluso a los producidos por los madrileños en la M-30. Y no exagero. Hoy, la Alameda es un sólido aparcamiento dominado por el parque móvil. La gravilla ha sustituido a la arenilla. Un amigo de los de siempre, de los que solo hace falta telefonearlo de vez en cuando para saber de él, aunque menudo invento esto del WhatsApp, de los que añora mucho el pasado, creo que hoy seguirá bailando en la pista en uno de esos remembers que patrocina José Coll, aunque su generación se aproxime más a la del Kronen que a la de Joaquín Sabina. Él afirma que la Alameda entró en decadencia desde que trasladaron los conciertos de Fallas. La Alameda, dejaría de ser Alameda.

Mi viejo amigo piensa que toda aquella operación en la nueva ubicación del festival de música, porque ha habido varias, fue una auténtica conspiración orquestada por vecinos afines ideológicamente a la anterior alcaldesa de València, Rita Barberá, desde que aterrizara en el Ayuntamiento. A veces le recrimino que pasa demasiadas horas releyendo a Noam Chomsky. En parte puede que tenga algo de razón en lo que opina. Aquellos conciertos de música, patrocinados por las principales emisoras de radio, vertebraban una ciudad en llamas con olor a pólvora tomada por la dolçaina  i el tabalet. Yo le apuntillo que la reconversión del viejo cauce en un espacio lúdico, verde y deportivo, así como la excesiva incursión de la piqueta, mandó a la reserva a Los Viveros y a la propia Alameda pasando a un segundo plano en el tiempo de ocio disfrutado por los valencianos. A ello habría que añadir el fin del ciclo de la gestión por parte de una familia valenciana del complejo emblemático que formaban La Piscina y el Alameda Palace.

Desde el siglo XIX, tres factores han sido claves en el aperturismo o conexión de los ciudadanos con el fin de popularizar y democratizar el ocio en dicho entorno. La desaparición del Palacio del Real, el final de la ciudad amurallada y la puesta en marcha en 1871 de la Feria de Julio o Gran Fira. Lo de Gran Fira, cuando lo escucho, me suena a broma, porque cada año, y eso que estamos a las puertas de cumplir los 150 años desde la celebración de la primera edición, la feria ha ido perdiendo fuelle entre sus seguidores. Muestra de ello, hoy, en la desgraciada era del Covid-19 que nos ha tocado presenciar y vivir, apenas ha tenido repercusión e incidencia en los medios y en los propios valencianos la cancelación de dicho evento. Siendo un emplazamiento singular y natural que cuenta o ha contado con un intenso pasado y con un amplio abanico de bellos edificios, el Palacio del Real y el Palacio de Ripalda. La Alameda pertenece a esa València del otro siglo, la antimoderna. La de ahora cobra mayor acento con un diseño más a la Calatrava. Mi Alameda, o la que he vivido como muchos de ustedes, ha sido clave en el desarrollo de mi niñez y parte de la adolescencia.

FOTO: KIKE TABERNER

Visitada en miles de ocasiones por la cercanía con mi casa natalicia y por otras actividades, como recorrerla cuando acudía al viejo Mestalla, o cuando la efervescente familia de los corredores aún no habían tomado la ciudad para quemar grasa y adrenalina, debuté participando en mi primera Volta Peu, o acudiendo a la fiesta del Primero de Mayo, pese al mal humor generado a mi padre, o las tantas y tantas bodas, bautizos y comuniones de amigos y familiares celebradas en el complejo del Alameda Palace. Corren nuevos tiempos, la clase política valenciana comunica casi a diario sus planes de pacificación, pero no incluir al Paseo de la Alameda en el calendario de prioridades de las grandes reformas urbanas en un momento en  que se supone que se atisba un inminente final del viejo Mestalla, es incomprensible. Es la hora de incorporar a la Alameda en la agenda de la València sostenible para construir un gran paseo. Un paseo con más arena y menos asfalto. Un paseo con más vegetación y menos cemento. Valéncia lo necesita. Los valencianos también. Pero antes de toda esta macroperación de retorno a mi ciudad imaginaria, buscaría un encuentro, no hace falta que sea planetario, aunque solo sea en la sala de espera de cualquier aeropuerto entre el alcalde Joan Ribó y el todopoderoso mandatario valencianista Peter Lim, para saber que intenciones lleva con el nuevo Mestalla. Aprovechemos las sinergias, la efeméride del 150 aniversario de la Gran Fira. Disponemos de un año por delante para dar un golpe de efecto y recuperar en las postales al Paseo de la Alameda en la tan turística ciudad de València. Leandro Fernández de Moratín, entre otros, no los agradecerá.

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